Tras cinco días de intensa búsqueda, José Portugal sigue sin aparecer. El Ministerio de Seguridad comunicó que, a pesar del «esfuerzo humano y los recursos utilizados», los rescatistas aún no pudieron encontrarlo. El mensaje oficial, que muestra la traza de los recorridos, es el reflejo de un sistema que se defiende mostrando que se trabaja, pero que no logra dar con el objetivo.
En la política riojana, la crisis no se mide solo en números o en votos, sino también en las tragedias que marcan el día a día. El quinto día de búsqueda del senderista José Portugal en el Cerro La Cruz se ha convertido en un trágico recordatorio de las limitaciones de un Estado que, por falta de planificación y recursos, se encuentra «atado con alambre». El comunicado del Ministerio de Seguridad, que agradece «el esfuerzo humano y los recursos que se están utilizando», es un documento que, en su intento por mostrar control, termina por revelar las costuras de la improvisación.
El mensaje oficial, con su referencia a los recorridos de helicópteros, drones y rescatistas en un gráfico, tiene una doble lectura. Por un lado, es un gesto de agradecimiento a los voluntarios y a los trabajadores de emergencia que, con su buena voluntad, se han sumado a una búsqueda extenuante. Por otro lado, es una medida defensiva de un gobierno que busca demostrar que está haciendo todo lo posible, incluso si los resultados no llegan. La necesidad de mostrar el «mapa de la búsqueda» es una prueba de que el Estado, en lugar de contar con un sistema de emergencias profesional y con los recursos necesarios para un operativo de esta magnitud, depende de una lógica de esfuerzo y movilización de última hora.
Esta situación no es nueva en la provincia. La prolongada búsqueda de Portugal trae a la memoria colectiva otros «hechos consumados» que expusieron la fragilidad del Estado. El accidente que le costó la vida al piloto del avión hidrante Rolando Rasmussen y el choque de helicópteros en Villa Castelli en 2015, son ejemplos de la incapacidad de un sistema para responder de manera óptima en situaciones críticas. En todos estos casos, la respuesta del Estado fue la misma: un gran despliegue de esfuerzo humano y de recursos limitados, pero sin la planificación ni la tecnología que podrían haber evitado la tragedia o acelerado su resolución.
El drama de José Portugal, por lo tanto, es un espejo de la crisis que atraviesa la gestión provincial. La falta de resultados después de cinco días de intensa búsqueda no es solo una falla operativa, sino el resultado de un sistema político que ha privilegiado el clientelismo y los nombramientos sin idoneidad por encima de la construcción de un aparato estatal profesional. Es una muestra dolorosa de que la política del «todo atado con alambre» tiene un costo humano real, y que un Estado que no puede resolver una emergencia tan crítica, difícilmente podrá resolver una crisis financiera que lo tiene al borde del colapso.




