Con la imposición de Gabriela Pedrali como candidata, el gobernador Ricardo Quintela juega su suerte en las elecciones legislativas. Si gana, su poder se consolida; si pierde, el traspié le pasará factura en sus dos últimos años de gestión en un mundo político dominado por Javier Milei.
En el ajedrez político de La Rioja, el gobernador Ricardo Quintela parece haber dejado de lado la cautela para jugar una partida de alto riesgo. Como en el casino, su apuesta es a todo o nada, a “matar o morir”. La jugada de alto riesgo: imponer a su exesposa, Gabriela Pedrali, como la única candidata del peronismo para la Cámara de Diputados de la Nación, una decisión que no admite discusión.
Al hacerlo, deja una “bulla” de descontento en el peronismo, que ve cómo el líder cierra el juego sin dar lugar a otros dirigentes.
La lógica de esta apuesta es tan audaz como arriesgada. Si la lista oficialista se impone en las elecciones de octubre, la victoria será, en esencia, una victoria personal de Quintela. El resultado no solo validará su liderazgo, sino que también le dará la razón frente a sus críticos internos. Un triunfo le permitiría entrar a sus dos últimos años de gobierno con un espaldarazo popular, fortaleciendo su poder y dándole la autoridad moral para seguir adelante con su proyecto. La victoria sería un trampolín para su proyecto político en la era del “post-quintelismo”.
Sin embargo, el riesgo de una derrota es enorme. Si el peronismo pierde, la caída golpeará directamente a Quintela. El revés electoral no solo sería una derrota para el partido, sino una derrota para el gobernador, debilitando su autoridad frente a los opositores internos y externos. La herida política sería grave y pasaría factura en sus últimos dos años de gestión. En un contexto de ajuste y hostilidad del gobierno de Javier Milei, una derrota en las urnas podría dejarlo sin margen de negociación, abriendo la puerta a una etapa de fragilidad política.
Quintela está dispuesto a asumir el riesgo. Sabe que si gana, su poder se consolida y su legado se fortalece. Pero si pierde, no solo el peronismo sufrirá, sino que su propio poder, construido con tanta disciplina, podría empezar a desvanecerse. En las elecciones legislativas, Quintela se juega no solo el futuro de su candidata, sino el destino de su propio gobierno y su legado político.







