La central obrera había colocado pasacalles en apoyo a sus dirigentes, pero fue ignorada en el armado de la lista a diputados nacionales. La decisión del mandatario profundiza las tensiones internas y demuestra que su proyecto político prioriza el control familiar por encima de la militancia sindical.
El peronismo riojano le propinó un «duro golpe» a la CGT de la provincia. El gobernador Ricardo Quintela, en un acto de poder que no admitió discusiones, no consideró a la central obrera para el armado de la lista a diputados nacionales. El desaire es significativo, ya que el gremialismo, que es un pilar fundamental del peronismo, «había colocado pasacalles» en apoyo a sus dirigentes.
El desprecio a la CGT es un claro mensaje de que, para el gobernador, su «proyecto familiar» de imponer a Gabriela Pedrali es más importante que el respaldo de los sindicatos. Quintela, con la imposición de su exesposa, cerró cualquier discusión en el peronismo, lo que le generó un nuevo frente de tormenta en la interna.
La CGT, que históricamente es un actor clave en la política peronista, ahora se encuentra en una situación de debilidad. El desaire de Quintela es un riesgo en un año electoral en el que el peronismo necesita de la unidad para enfrentar a la ofensiva de Javier Milei. El gobernador, con su decisión, ha demostrado que su poder no se negocia y que su proyecto político se construye sin la necesidad de los gremios.







