El peronismo riojano no consideró a los gremios para la lista de diputados nacionales, a pesar de sus reclamos. La indiferencia del oficialismo con un pilar de la militancia expone las prioridades del ‘quintelismo’.
El peronismo riojano se enfrenta a una nueva crisis. La indiferencia del gobierno de Ricardo Quintela con la CGT dejó a la central obrera “muy golpeada”. La causa de este desaire es clara: el «quintelismo» no la consideró en el armado electoral para las próximas elecciones de octubre.
La CGT, que históricamente tiene un rol clave en la política peronista, «había colocado pasacalles» para defender a sus dirigentes. Sin embargo, su mensaje “no se hizo escuchar en la Residencia Oficial”. Este es un claro síntoma de que el poder de Quintela es tan absoluto que puede ignorar a la CGT, una de las principales fuerzas del movimiento obrero.
El desaire a la CGT es un riesgo. Si bien Quintela tiene el poder para imponer su voluntad, la falta de apoyo de los sindicatos puede debilitar la campaña de Gabriela Pedrali en la calle, en un escenario en el que el peronismo necesita de la unidad para sobrevivir a la ofensiva de Javier Milei. La “indiferencia” del “quintelismo” con la CGT es un síntoma de que la política del gobernador prioriza su “proyecto familiar” por encima de la militancia sindical.







