El empate técnico con La Libertad Avanza (LLA) destapa la crisis de conducción del PJ: mientras el intendente Molina y la diputada Pedrali piden «escuchar», la UOCRA exige barrer con el kirchnerismo y un sector de la militancia lanza a Beder Herrera al ruedo para 2027. La derrota en la Capital es el epicentro del terremoto.
La resaca postelectoral en La Rioja, lejos de calmarse, provocó un torbellino de críticas internas y reposicionamientos políticos dentro del justicialismo. El resultado de las elecciones legislativas, que dejó al oficialismo en un ajustadísimo empate técnico (43% contra 43%) con La Libertad Avanza (LLA) a nivel provincial y la pérdida de una banca en el Congreso, ha desencadenado una crisis de conducción que pone en jaque el liderazgo del gobernador Ricardo Quintela.
El peronismo riojano parece transitar tres estadios de shock político:
1. La autocrítica oficial: «Escuchar» para no hundirse
En la cúpula del PJ, el mensaje oficial es de cautela y autocrítica mesurada. El intendente de la Capital, Armando Molina, cuyo distrito fue el epicentro de la derrota (LLA ganó con un 34,5% a diputados provinciales), fue el primero en reaccionar con un llamado a la revisión: “LA VOLUNTAD POPULAR SE HIZO ESCUCHAR. SEPAMOS HACERLO”.
Por su parte, la diputada nacional reelecta Gabriela Pedrali, quien salvó su escaño por apenas 620 votos, fue más incisiva, endilgando parte de la responsabilidad a la cúpula nacional del partido: “El porteñismo, el centrismo se comió ese discurso” y no federalizó la propuesta, permitiendo que el voto de castigo fuera capturado por la ultraderecha. Aunque el PJ logró sostener su amplia mayoría de 20 a 4 bancas en la Legislatura gracias a su dominio en el interior y la suma de sus listas satélites («las cuatro listas peronistas»), la derrota en las cabeceras urbanas es un grito que no puede ignorarse.
2. La revuelta interna: El sindicalismo pide purga
La crítica más dura llegó desde la UOCRA. El secretario general, Sebastián Di Fiori, exigió una purga ideológica y generacional sin tapujos: “Debemos olvidarnos del Kirchnerismo, de La Cámpora y buscar caras nuevas”. Este reclamo desde un sector tradicional de la militancia es una señal de que el modelo actual del peronismo ha agotado su crédito y que la preocupación por la reforma laboral libertaria obliga a un cambio de estrategia urgente.
El voto castigo también tuvo su correlato en el interior, donde la diputada electa Belén Mora (Juan Facundo Quiroga) ratificó que la gente pide ver «caras nuevas» y que figuras históricas como Mauro Luján ya han cumplido su ciclo, reforzando la idea de que la longevidad en la política es un pasivo.
3. El factor Beder: La reaparición del fantasma
El golpe final a la conducción actual es la reaparición de la figura del exgobernador Luis Beder Herrera. La campaña gráfica de “BEDER VOLVÉ” en Chilecito, sumada al trascendido de un supuesto encuentro con Quintela, instala de lleno el debate por la sucesión de 2027. El bederismo, un sector con profundo anclaje histórico, ve en la fragilidad electoral de Quintela la oportunidad de postular a un candidato que, esperan, tenga el músculo político para enfrentar a Martín Menem, ya ratificado por LLA como su principal objetivo para la gobernación.
La Rioja se encuentra en la antesala de una disputa de poder abierta. El gobernador Quintela, cuyo proyecto nacional quedó desdibujado, debe ahora contener las presiones internas que buscan reposicionar al peronismo. La elección legislativa no solo creó una nueva y poderosa oposición (LLA), sino que forzó al PJ a un debate existencial: renovarse o ser devorado por la nostalgia y el avance liberal.







