La UCR busca presidente a contrarreloj: los gobernadores esquivan la conducción y crece la incógnita sobre el rol de la riojana Inés Brizuela y Doria

El 12 de diciembre se define la sucesión de Lousteau. Valdés y Cornejo prefieren cuidar sus provincias y evitan la presidencia nacional. La exintendenta y actual vice del Comité aparece en el radar de una transición compleja.


A menos de un mes para el recambio de autoridades, la Unión Cívica Radical (UCR) es una olla a presión sin chef. El próximo 12 de diciembre se reunirá el Comité Nacional para elegir al sucesor de Martín Lousteau, pero la carrera por el sillón principal del radicalismo tiene una particularidad insólita: nadie quiere sentarse. En medio de este vacío de poder, las miradas giran hacia La Rioja.

La actual vicepresidenta del partido, la riojana Inés Brizuela y Doria, quedó en el centro de las especulaciones. Ante la negativa de los «pesos pesados» de asumir el costo político de conducir un partido fracturado por la relación con Javier Milei, la figura de la exintendenta de la capital riojana surgió como una posible opción de transición institucional o parte de una solución de consenso, dada su jerarquía actual en la línea de mando.

Si bien desde algunos sectores de la cúpula intentaron descartar su encumbramiento definitivo, la realidad es que la falta de candidatos firmes mantiene todas las opciones abiertas. Brizuela y Doria, referente del espacio que lidera Julio Martínez, hoy ocupa el segundo lugar en el organigrama y su rol será determinante en la rosca que se viene.

Gobernadores atrincherados en el «pago chico»

El problema de fondo es que los gobernadores radicales, quienes tienen los votos y el territorio, se muestran esquivos. El correntino Gustavo Valdés, el mendocino Alfredo Cornejo y el chaqueño Leandro Zdero prefieren cuidar sus gestiones provinciales antes que agarrar el «hierro caliente» del Comité Nacional.

«Es muy difícil ser presidente ahora. Hay que poner la cara para recibir sopapos de todos lados y pelearse con el Gobierno cuando uno necesita obras y fondos», confesaron desde el entorno de uno de los mandatarios. La estrategia es clara: blindar el territorio y no quedar expuestos en la grieta interna entre los que quieren aliarse a La Libertad Avanza (como los diputados que formaron el bloque radical «con peluca») y los que buscan mantener una identidad opositora.

La danza de nombres y el factor riojano

En este escenario de «confederación de partidos provinciales», la unidad parece una quimera. Valdés asoma como el candidato natural por volumen político, pero su entorno asegura que no tiene intenciones de asumir. Maximiliano Abad y el santafesino Maximiliano Pullaro también juegan al fleje.

Aquí es donde la «opción Brizuela y Doria» cobra sentido para algunos como una salida institucional si el acuerdo entre los grandes caciques fracasa. Sin embargo, el partido necesita un liderazgo fuerte para evitar la fuga de legisladores —como el reciente pase de Campero, Picat y Tournier al bloque libertario— y redefinir su perfil hacia 2025.

El 12 de diciembre es la fecha límite. Si para entonces no hay «humo blanco» entre los gobernadores, la conducción podría recaer en figuras que hoy están en la mesa chica, poniendo a La Rioja en una posición de definición histórica para el centenario partido.


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