Política

Entre la «peste» de los excluidos y el mandato de Cristina: Quintela delinea la hoja de ruta de un peronismo federal que desafíe al AMBA

Por Eduardo Nelson German · 26 de noviembre de 2025 · 18:28

El gobernador de La Rioja, marginado de la ronda de diálogo de la Casa Rosada, apela a una construcción desde el interior para frenar la diáspora partidaria. En una entrevista radial, reveló el pedido de unidad de la ex presidenta, a quien reconoció como líder pero le exigió una «reconversión» que termine con el centralismo porteño


En el tablero de ajedrez que configura la «segunda fase» del gobierno de Javier Milei, hay piezas que han sido deliberadamente retiradas del juego oficial. Ricardo Quintela, gobernador de La Rioja, asumió ese rol con una mezcla de ironía y resignación política. «Somos los cuatro apestosos», lanzó el mandatario provincial, apropiándose de la etiqueta tácita que la Casa Rosada les ha colgado a él y a sus pares «díscolos» —como Axel Kicillof o Gildo Insfrán— para excluirlos de las rondas de negociación que encabeza el ministro del Interior, Diego Santilli.

Sin embargo, detrás de la chicana sobre la «peste» que aleja a los funcionarios libertarios, Quintela desplegó un diagnóstico crudo sobre el estado de situación del peronismo y trazó los lineamientos de una resistencia federal que busca trascender la mera oposición legislativa.

La «reconversión» y el factor Cristina

El punto nodal de su reaparición mediática no fue solo la crítica a la gestión libertaria, a la que calificó de «cruel» e ineficiente por no haber realizado «absolutamente nada» en dos años salvo endeudar al país. Lo más sustancioso en términos de interna partidaria fue su lectura sobre el liderazgo de Cristina Kirchner.

Quintela reveló detalles de un encuentro reciente con la ex presidenta, describiéndolo como «muy ameno». Según el riojano, CFK le pidió explícitamente trabajar por la unidad para evitar que el movimiento se parta en una «confederación de partidos provinciales». Pero el gobernador, lejos de un seguidismo ciego, planteó una condicionalidad doctrinaria: reconoció que Cristina «es la que más clara la tiene», pero advirtió que el peronismo tiene la obligación de «aggiornarse» y «escuchar otras voces».

«Tenemos que salir de esa jungla que es Capital Federal, el AMBA», sentenció Quintela, marcando una línea divisoria clara con la conducción metropolitana del PJ. Su propuesta es un peronismo con «tonada», que incorpore visiones del norte, Cuyo y la Patagonia, rompiendo con el «ambacentrismo» que, a su juicio, ha desconectado al partido de la realidad productiva del interior.

El diagnóstico de la crisis: «Estamos mal»

El gobernador no intentó maquillar la realidad de su provincia ante la asfixia financiera impuesta por la Nación. «Estamos mal, no estamos bien», admitió sin rodeos, señalando la destrucción del poder adquisitivo de los salarios y la paralización de la obra pública. Esta confesión de debilidad económica refuerza su urgencia política: para Quintela, la reorganización del peronismo no es una cuestión teórica para 2027, sino una necesidad de supervivencia inmediata.

«Nuestra gente no puede esperar 5 o 10 años», advirtió, urgiendo a una reorganización «lo más pronto posible». Su tesis es que la riqueza nacional —litio, gas, alimentos— es generada por las 23 provincias, pero los recursos son apropiados por una administración central que no rinde cuentas sobre el destino de la deuda tomada.

Un nacionalismo de recursos

En su discurso, Quintela intentó disputar el sentido del «cambio» que propone Milei con un nacionalismo desarrollista. Contra el modelo de apertura y primarización, propuso volver a fabricar aviones, buques y reactivar la industria de defensa, citando el potencial de Argentina para ser «potencia» si se administra con criterio patriótico.

El mensaje final del gobernador riojano es una advertencia doble. A la Casa Rosada le avisa que, pese al aislamiento y la falta de fondos, su oposición será «firme» y buscará articularse con sectores del radicalismo y el trabajo. Y hacia adentro del PJ, envía una señal de alarma: si el partido no se abre, no se federaliza y no contiene a sus dirigentes con generosidad, la fragmentación será inevitable, dejando el camino libre para que el proyecto libertario se consolide sobre las ruinas del movimiento nacional.