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A 50 años del Golpe: el 66% de los argentinos defiende la democracia, pero casi la mitad advierte que su funcionamiento es «inadecuado»

Un exhaustivo informe de la consultora Zuban Córdoba refleja el estado de la memoria histórica a medio siglo del 24 de marzo de 1976. Las alarmas que encienden la insatisfacción ciudadana y la profunda polarización ideológica según el voto de las últimas elecciones presidenciales.

A días de conmemorarse el 50° aniversario del último golpe de Estado en Argentina, el pulso del país exhibe una radiografía atravesada por la reivindicación de los valores democráticos, pero fuertemente tensionada por el descontento del día a día. Una encuesta nacional realizada entre el 11 y el 14 de marzo de 2026 , sobre una muestra de 1500 casos, pone sobre la mesa cómo los argentinos procesan el pasado reciente y, sobre todo, cómo evalúan su presente político.

El trabajo, elaborado por la firma Zuban Córdoba, advierte que si bien existe un firme «consenso memorial» en el país , la democracia hoy «conserva respaldo como valor, pero pierde solidez como experiencia cotidiana».

La dictadura bajo la lupa: memoria y polarización

El informe evidencia que el repudio a la última dictadura sigue siendo el pilar mayoritario de la sociedad, aunque atravesado por una ineludible grieta partidaria.

  • El 68,6% de los encuestados está de acuerdo con la afirmación de que la dictadura cívico-militar (1976-1983) fue un período caracterizado por violaciones a los derechos humanos, crisis económica y falta de libertades.
  • Sin embargo, al filtrar por afinidad política, las diferencias son notorias: mientras que el 86,4% de quienes votaron a Sergio Massa en el último balotaje suscribe a esta caracterización , el porcentaje desciende al 56,8% entre los votantes de Javier Milei.

A la hora de definir conceptualmente aquel período, la fragmentación del sentido común se hace más aguda:

  • Un 57,1% asegura que fue «una dictadura cívico-militar que llevó adelante un plan de desaparición de personas y violó sistemáticamente los derechos humanos».
  • En contrapartida, un 25,2% adhiere a la postura de que fue «un proceso de reorganización nacional que enfrentó una guerra contra el terrorismo».

Pese a estas divergencias, la voluntad de no olvidar prevalece. Para el 57,4% es «muy importante» mantener viva la memoria sobre la última dictadura , cifra que trepa por encima del 73% si se suma a quienes lo consideran «algo importante».

El malestar democrático: una advertencia para la política

Quizás el dato más revelador —y preocupante— del estudio de Zuban Córdoba radique en el escrutinio a las instituciones actuales. La sociedad argentina reafirma su identidad democrática, pero le exige resultados que no llegan.

Frente a la afirmación de si la democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno, el 66,3% de los ciudadanos contesta afirmativamente. No obstante, los márgenes de escepticismo no son invisibles: un 13,4% sostiene que «le da igual un gobierno que otro» , y un 12,1% cree que en ciertas circunstancias «un gobierno autoritario es preferible».

La verdadera alerta roja para la dirigencia aparece en el funcionamiento cotidiano del sistema:

  • El 48,6% evalúa como «inadecuado» el funcionamiento actual de la democracia en Argentina.
  • Sólo el 42% lo considera «adecuado».

Este desencanto tiene, además, un sesgo de género importante. El informe destaca que no es casualidad que los hombres evalúen de manera positiva el desempeño de la democracia unos 10 puntos por encima de las mujeres. Específicamente, el 48% de los hombres lo ve «adecuado», frente a apenas un 36,7% de las mujeres. Esto, según los analistas de la consultora, se debe a que ellas «se siguen enfrentando a problemas sociales que imposibilitan un ejercicio pleno de los derechos conquistados».

El documento cierra con un mensaje inequívoco destinado a la élite política del país, subrayando que la persistencia del sistema democrático «marca tanto una resiliencia democrática del sistema, como de una ciudadanía que continúa demandando». La conclusión es tajante: «la democracia conserva crédito simbólico, pero ese crédito no es infinito».

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