Alerta en las universidades del Norte Grande: caída de la movilidad estudiantil, éxodo docente y el duro impacto del desfinanciamiento

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Las casas de altos estudios de la región se reunieron en Tucumán para unificar reclamos ante la asfixia presupuestaria. El vicerrector de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR), Luis Oviedo, advirtió sobre la grave crisis salarial, la imposibilidad de los alumnos para sostener alquileres y las vacantes desiertas en carreras estratégicas. Cómo intentan sobrevivir frente al recorte nacional.

En una Argentina atravesada por el ajuste fiscal y la política de «emisión cero», el sistema de educación superior público atraviesa horas críticas. Lejos del centro neurálgico de Buenos Aires, las provincias del interior profundo comienzan a sentir los estragos de la paralización presupuestaria. En este contexto de máxima tensión, las autoridades de las Universidades del Norte Grande decidieron abroquelarse para visibilizar una realidad que golpea tanto a las aulas como a las economías regionales.

El ingeniero Luis Oviedo, vicerrector de la Universidad Nacional de La Rioja (UNLaR), brindó una radiografía exhaustiva sobre la crisis tras participar del último encuentro del bloque regional en la provincia de Tucumán. El panorama trazado es alarmante y marca un efecto dominó que ya repercute a nivel nacional.

El fin de la movilidad estudiantil y la crisis de los alquileres

Uno de los datos más duros que dejó el cónclave —del que participaron nueve universidades nacionales, incluyendo las de Salta, Jujuy, Santiago del Estero y Catamarca— es el abrupto freno en la movilidad de los alumnos. Históricamente, miles de jóvenes migraban entre provincias para estudiar carreras eminentemente productivas. Hoy, esa dinámica se quebró.

«Hemos visto un impacto importante. Hay muchos chicos que no han podido trasladarse a otra provincia cercana en carreras como medicina, ingeniería mecatrónica o ingeniería de minas», explicó Oviedo. El principal obstáculo es netamente económico: los elevados costos de los alquileres y el transporte se han vuelto una barrera infranqueable para las familias. Al caminar por las inmediaciones de la UNLaR, el escenario es elocuente: abundan los departamentos vacíos y proliferan las consultas desesperadas por albergues universitarios o residencias compartidas.

Presupuesto licuado y el reclamo por un 45% de recomposición

A nivel institucional, el ahogo es total. Tras el incumplimiento de la Ley de Financiamiento Universitario, las casas de estudio operan con partidas congeladas o actualizadas a cuentagotas. Oviedo remarcó que el presupuesto aprobado para 2026 quedó «muy por debajo de las necesidades».

Desde el Consejo Interuniversitario, el reclamo hacia la Subsecretaría de Políticas Universitarias es claro: exigen que se incorpore una recomposición de casi un 45% para paliar el deterioro de los salarios docentes y no docentes, así como para garantizar los gastos de funcionamiento e infraestructura. Sin embargo, la bajada de línea del Gobierno Nacional sobre la «inflación cero» y la restricción de la emisión monetaria limita severamente el giro de fondos.

Concursos desiertos: el drama de conseguir profesores

El desfinanciamiento tiene un correlato directo en la calidad académica. Según detalló el vicerrector, ya se registra un fuerte impacto en carreras especializadas que se encuentran bajo procesos de acreditación. Los sueldos deprimidos y los altos costos logísticos hacen que los profesionales rechacen los puestos de enseñanza.

«Cuesta que se presente algún docente a los llamados a concurso. Tienen que trasladarse y eso implica gastos extras. Muchas cátedras están sin docente o son llamadas dos o tres veces sin éxito», lamentó Oviedo. Ante esta precarización, muchos profesores se ven forzados a buscar alternativas laborales por fuera de la docencia para poder llegar a fin de mes.

Autogestión como mecanismo de supervivencia

Frente a la parálisis nacional, la conducción de la UNLaR, encabezada por la rectora Dra. Natalia Álvarez, ha apostado a la optimización interna a través de la Fundación de la universidad (FUNLaR). Gracias a un estricto plan de autogestión, la institución logró invertir el año pasado cerca de 90 millones de pesos en recursos propios.

Estos fondos de «supervivencia» se destinaron a obras urgentes que el Estado Nacional dejó de financiar: la recuperación del parque automotor regional, la purificación de redes de gas en laboratorios clausurados, la refacción de baños tras una década de abandono y la instalación de climatización en los anfiteatros.

A pesar del crudo diagnóstico y de los nubarrones que se proyectan, desde el rectorado riojano aseguran que mantendrán las puertas abiertas para garantizar el dictado de clases. «Si nos sentamos a llorar sobre lo que no vamos a conseguir, nos va a costar mucho», concluyó Oviedo con un mensaje de resistencia. Un fiel reflejo de la batalla diaria que hoy libra la educación pública en el interior profundo de la Argentina.

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