Femicidio en La Rioja: la advertencia de una jueza sobre el colapso judicial y la escasez de tobilleras electrónicas que interpela al país

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La doctora Gisela Flamini alertó sobre la falta de recursos y dispositivos de prevención provistos por la Nación. En un crudo análisis tras el crimen de Jésica Mercado, la magistrada expuso las fallas del sistema frente a la violencia machista y reclamó la implementación urgente de la «educación emocional» en las escuelas para evitar nuevas tragedias.

El brutal femicidio de Jésica Mercado ha sacudido a la sociedad riojana, pero las esquirlas de esta tragedia exponen una crisis estructural que resuena a nivel nacional. Detrás del crimen, cuyo autor terminó quitándose la vida, subyace la cruda realidad de un sistema judicial al límite de sus capacidades y una preocupante falta de herramientas de prevención, factores que dejan a las víctimas en una situación de extrema vulnerabilidad.

En una profunda entrevista televisiva, la jueza Gisela Flamini desnudó las carencias con las que convive a diario el sistema judicial y policial. Lejos de las excusas burocráticas, la magistrada trazó una radiografía alarmante que conecta la falta de recursos provinciales con la responsabilidad del Estado Nacional, un debate urgente para todo el país.

El colapso de un sistema en rojo

El desborde es total. Según detalló Flamini, el volumen de denuncias resulta inabarcable para el personal disponible. En un lapso de apenas 15 días, los juzgados llegan a recibir entre 120 y 140 causas por violencia de género. A pesar de la escasez de personal, los funcionarios trabajan a destajo, atendiendo urgencias las 24 horas, incluyendo fines de semana y feriados. «La medida se saca inmediatamente, el trabajo y el compromiso está», aseguró la magistrada, reconociendo al mismo tiempo que, aun así, el sistema colapsa porque la demanda no frena.

El drama de las pulseras electrónicas: tener que elegir a quién proteger

Uno de los puntos más críticos y de mayor impacto federal es la provisión de las pulseras de monitoreo para los agresores. Aunque el centro de monitoreo funciona con alta eficacia —alertando de inmediato a la policía y a los jueces cuando un violento rompe la restricción de acercamiento—, el problema central radica en la escasez física de los equipos.

«No tenemos muchas pulseras disponibles, entonces esto genera que tengamos que elegir para los casos que tienen determinados rasgos o características de peligrosidad», confesó dramáticamente Flamini.

Esta «selección» forzada responde a un cuello de botella que excede a La Rioja. La jueza explicó que los dispositivos se gestionan mediante convenios con el Ministerio de Seguridad de la Nación, entidad encargada de asignar un cupo limitado a cada provincia debido al alto costo de los equipos. Este esquema centralizado plantea un interrogante imperioso sobre las prioridades presupuestarias a nivel nacional a la hora de proteger vidas.

Un problema cultural más allá de las leyes

Sin embargo, para Flamini, la solución de fondo no pasa únicamente por modernizar el sistema judicial o aumentar el presupuesto. Para ilustrarlo, apeló a una contundente comparación: la provincia de Neuquén, que cuenta con lo que se considera un «sistema penal modelo» en el país, registra de todos modos una alta tasa de femicidios.

«El mejor sistema del mundo no va a solucionar el problema que tenemos, que es estructural, es cultural y tiene que ver con la cultura patriarcal y machista», sentenció.

La «educación emocional» y el fin del «no me meto»

Ante este panorama desolador, la respuesta a largo plazo exige un cambio de paradigma desde la base del sistema educativo. La magistrada planteó como salida indispensable la incorporación por ley de la «educación emocional» desde la primera infancia. Enseñar a los niños y niñas a manejar sus emociones, a respetarse y a identificar la violencia es, según la jueza, la forma más efectiva de desarmar siglos de machismo arraigado.

Finalmente, Flamini lanzó un fuerte llamado a la acción ciudadana, exigiendo dejar de lado la pasividad frente a los signos de maltrato en el entorno familiar, laboral o vecinal. «Basta de esto de ‘yo no me meto’, me tengo que meter, me tengo que involucrar porque puedo producir un cambio positivo en la vida de alguien», concluyó, dejando en claro que la lucha contra los femicidios es una deuda y una responsabilidad ineludible de toda la sociedad argentina.

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