Un informe del think tank Fundar revela que el país se abarató un 9,6% en términos relativos desde que asumió Milei, pero aún está un 54% más caro que en enero de 2021 y ostenta la ropa más cara de toda América Latina. El dato no es solo macroeconómico: es el retrato de una sociedad que paga tarifas dolarizadas con salarios que todavía no recuperaron.
La pregunta que divide a economistas, políticos y consumidores tiene, por primera vez en mucho tiempo, una respuesta técnica con respaldo comparado: ¿estamos caros o baratos en dólares? El centro de estudios Fundar acaba de publicar su Índice Mensual de Precios Relativos con datos a enero de 2026, y la respuesta es incómoda para todos los relatos: depende del rubro, y la foto completa es más compleja de lo que cualquier gobierno o oposición quiere admitir.
Para provincias como La Rioja, donde el poder adquisitivo de los trabajadores estatales y de las economías regionales sigue siendo el termómetro real del bienestar social, el análisis no es abstracto. Es la diferencia entre llegar a fin de mes o no, entre poder vestir a los hijos o resignar gastos esenciales.
El número que el oficialismo celebra —y el que calla
Medida en dólares al tipo de cambio oficial, Argentina se ubica un 8% por debajo del promedio de América Latina en su nivel general de precios. Eso la coloca más barata que Uruguay, México, Chile y Brasil, pero más cara que Colombia, Ecuador y Paraguay. En la comparación con el mundo desarrollado, el contraste es aún más marcado: Estados Unidos duplica el nivel de precios argentino, y países como Islandia o Suiza lo casi triplican.
Desde que Javier Milei asumió la presidencia en diciembre de 2023, Argentina se abarató un 9,6% en términos relativos frente al promedio latinoamericano. Es el principal argumento que el gobierno libertario esgrime cuando habla de «competitividad recuperada» y de un país que volvió a ser atractivo para la inversión y el turismo.
Pero hay un dato que el oficialismo prefiere no subrayar: respecto de enero de 2021 —plena pandemia, pero con tarifas subsidiadas y dólar oficial contenido—, Argentina está todavía un 54% más cara. La herencia del atraso cambiario acumulado durante años es profunda, y la corrección, aunque real, está lejos de ser suficiente.
Ropa, restaurantes y comunicaciones: donde el bolsillo duele más
El informe de Fundar desagrega los precios en once rubros, y ahí es donde el diagnóstico se vuelve políticamente incómodo para el Gobierno. Argentina es más cara que el promedio latinoamericano en cinco capítulos: restaurantes (índice 145, cuando la base regional es 100), indumentaria (140), comunicaciones (130), recreación (111) y equipamiento del hogar (103).
El caso de la indumentaria merece atención particular: Argentina es el país con la ropa más cara de toda América Latina. No el segundo, no el tercero: el primero. Cuando en noviembre de 2023 ese índice trepaba a 236 —un escándalo estadístico—, la corrección posterior lo llevó a 140. Es una mejora notable, sí. Pero sigue siendo el liderazgo negativo del continente en un rubro que impacta de manera directa en las familias de ingresos medios y bajos.
Las comunicaciones cuentan otra historia: durante el gobierno de Milei, ese rubro se encareció un 15% relativo frente a América Latina. Hoy los argentinos pagan por telefonía, internet y servicios digitales un 30% más que el promedio regional. En un país donde la conectividad es cada vez más un bien esencial —y no un lujo—, este dato tiene consecuencias concretas sobre el acceso a la educación, al trabajo remoto y a los servicios públicos digitalizados.

Tarifas: el costo de sincerar la economía
Vivienda y servicios es el otro rubro que se encareció desde el inicio de la gestión libertaria: un 33% más caro respecto del promedio latinoamericano desde noviembre de 2023. La explicación es directa: la quita de subsidios a las tarifas de servicios públicos —luz, gas, agua— que el gobierno de Milei ejecutó como parte del ajuste fiscal fue, en términos relativos, una dolarización del costo de vivir. El argentino promedio paga hoy tarifas que se aproximan a los estándares regionales, pero con salarios que aún no acompañaron ese ritmo.
Para una provincia como La Rioja, donde la matriz laboral depende fuertemente del empleo público provincial y donde la estructura productiva privada es todavía incipiente, el impacto de tarifas más caras en dólares sobre salarios en pesos deteriorados es una ecuación que no cierra.
Lo que sí mejoró: alimentos, salud y transporte
El informe también reconoce avances. En los rubros donde Argentina era más cara antes de diciembre de 2023, la corrección fue significativa. Alimentos bajó de un índice de 116 a 93 —por debajo del promedio regional—, lo que en teoría debería haber aliviado las canastas básicas. Salud (61), vivienda y servicios en términos absolutos (78) y alcohol y tabaco (74) se ubican entre los más baratos de la región.
En el último año, el nivel general de precios relativos cayó un 19,4%, lo que significa que Argentina se volvió casi un quinto más barata en dólares frente a sus vecinos. Indumentaria lideró esa caída (-28,8% interanual), aunque sigue siendo, como se señaló, la más cara del continente. Educación fue el rubro que menos se abarató (-7,9%), lo que refleja que el sistema educativo privado —con sus cuotas dolarizadas de facto— resistió la tendencia general.
El veredicto de Fundar: ordenamiento incompleto
Los investigadores Guido Zack, Nicolás Sidicaro y Daniel Schteingart, autores del informe, son precisos en su diagnóstico: «los precios relativos se fueron ordenando, pero todavía falta». No es un juicio político, sino una descripción técnica del proceso en curso.
La Argentina de enero de 2026 es un país en transición de precios: más barato que hace dos años, más caro de lo que debería ser en varios rubros estratégicos, y con una estructura de costos relativos que todavía castiga a los sectores más vulnerables —los que gastan mayor proporción de su ingreso en ropa, servicios públicos y comunicaciones.
La lectura desde el interior
Desde La Rioja, donde la dependencia de las transferencias nacionales es estructural y donde la economía privada no genera todavía el empleo suficiente para absorber la demanda laboral, estos números tienen una traducción cotidiana: el ajuste macroeconómico que el gobierno celebra como competitividad recuperada es, para miles de familias riojanas, el encarecimiento de la factura del gas, de la cuota del colegio y de la remera que se compra una vez por año.
El informe de Fundar no toma partido. Mide. Y lo que mide dice que Argentina avanzó, pero que el camino es largo y que el costo de ese avance —como siempre en la historia económica argentina— no se distribuyó de manera uniforme.
Fuente: Índice Mensual de Precios Relativos a enero de 2026, Fundar. Autores: Guido Zack, Nicolás Sidicaro y Daniel Schteingart. Datos elaborados con base en el ICP (Banco Mundial), IPC (OIT/INEs), tipo de cambio (FMI) y población (Banco Mundial).




