A siete años del femicidio de Sabina Condorí: el dolor que no cicatriza y una madre que sigue de pie
Se cumplió un nuevo aniversario del crimen que sacudió al barrio Virgen de Desatanudos. Roque Adrián Rodríguez cumple prisión perpetua, pero para la familia y la comunidad, la condena no devuelve a la niña de 11 años que salió a hacer un mandado y nunca regresó.
Siete años pasaron desde aquel abril de 2019 en que La Rioja se paralizó de horror. Sabina Condorí Garnica tenía 11 años, había salido a hacer un mandado en su barrio, el Virgen de Desatanudos, y no volvió. Lo que vino después fue uno de los casos de femicidio infantil más conmovedores de la historia reciente de la provincia: una comunidad que se rompió, una madre que jamás se rindió, y una lucha que tardó más de tres años en obtener respuesta judicial.
Este aniversario no trajo alivio. Trajo memoria.
«Pasaron siete años muy rápido y así seguimos estando, de pie»
Con la voz entrecortada y los ojos húmedos, la madre de Sabina volvió a hablar en estos días para que el nombre de su hija no caiga en el olvido. «Pasaron siete años muy rápido y así seguimos estando nosotros, de pie con todos mis hijos», dijo, con esa dignidad que solo tienen quienes han aprendido a cargar con lo imposible. Y agregó, sin disimular el llanto: «Duele. Soy siempre llorona, me pongo a llorar porque la recuerdo a ella.»
Esas palabras no son solo el testimonio de una madre. Son el pulso de un barrio y de una provincia que decidió no mirar hacia otro lado.
Tres años de reclamo y una sentencia histórica
El camino hacia la justicia no fue rápido ni sencillo. Durante más de tres años, la familia de Sabina, vecinos y organizaciones sociales sostuvieron una movilización constante bajo la bandera «Parlana Sabina Manta» —que en quechua significa «Hablemos de Sabina»—, una consigna que se convirtió en símbolo de resistencia colectiva frente a la violencia de género en La Rioja.
Esa presión no fue en vano. El 7 de septiembre de 2022, la Justicia riojana condenó a Roque Adrián Rodríguez a prisión perpetua por el femicidio de la menor. Fue la sentencia máxima que contempla el sistema penal argentino.
La condena que no alcanza
Pero la pena no cierra la herida. Quienes rodean a la familia de Sabina lo saben y lo dicen sin rodeos: «Aunque la justicia haya dictado prisión perpetua para el femicida, a Sabina no nos la devuelve nadie.» Es una verdad brutal que los aniversarios como este vuelven a poner sobre la mesa, desafiando cualquier tentación de considerar el caso cerrado.
Para la comunidad del barrio Virgen de Desatanudos, el nombre de Sabina Condorí no es solo el de una víctima. Es una bandera. En cada marcha contra la violencia de género en La Rioja, su imagen aparece, recordando que detrás de cada estadística hay una niña, una madre, un barrio que late de otra manera desde que ella falta.
Una herida provincial
El femicidio de Sabina Condorí forma parte de una realidad que La Rioja, como el resto de Argentina, no ha logrado revertir. Los casos de violencia de género siguen acumulándose, y los aniversarios como este funcionan como una pausa obligada: para recordar que el duelo no tiene fecha de vencimiento y que la memoria, cuando se sostiene con convicción, es también una forma de justicia.
Siete años. Una madre de pie. Un nombre que no se borra.