En el Día del Cardiólogo, Germán Guglieri, titular del Instituto de Medicina Endovascular, reveló que su servicio evalúa cerrar o venderse porque no puede pagar los sueldos. Denunció que la obra social provincial paga tres veces menos que Córdoba, advirtió una fuga masiva de profesionales y acusó a la pulseada Quintela-Milei de asfixiar al sector.
El testimonio del cardiólogo Germán Guglieri, titular del Instituto de Medicina Endovascular —servicio tercerizado dentro de la Clínica Mercado Luna—, expuso con una crudeza inusual la situación del sistema de salud privado en La Rioja. Entrevistado en el marco del Día del Cardiólogo, el profesional con 24 años de trayectoria en la provincia describió un escenario que atraviesa a colegas, empleados, empresarios de la salud y, en última instancia, a los pacientes: una dinámica «expulsiva» que está vaciando a la provincia de recursos humanos calificados y que amenaza con derivar, en el corto plazo, en la quiebra de establecimientos sanitarios.
«No es un día lindo para ser cardiólogo en La Rioja», abrió Guglieri, para luego trazar un diagnóstico que combinó la dimensión humana, la económica y la política del problema.
La diferencia que lo explica todo: «APOS paga tres veces menos que Córdoba»
El núcleo del reclamo profesional se concentró en un dato que, según Guglieri, sintetiza la magnitud del problema: lo que la obra social provincial (APOS) abona por una práctica cardiológica es tres veces menor que lo que percibe el mismo profesional por una prestación equivalente en una clínica de Córdoba.
«Tres veces, no es un poquito más», remarcó. Y enlazó el dato con una consecuencia estructural: «Históricamente, al momento de elegir una atención médica, la gente de La Rioja elige Córdoba». El propio entrevistado reconoció que sus stents coronarios fueron colocados en Córdoba, con un equipo cordobés, pese a que en La Rioja existen profesionales de primer nivel. «Infravaloramos lo que tenemos acá», planteó.
El cardiólogo denunció, además, un mecanismo concreto que atraviesa a las prestaciones con APOS: el «cupo». Según explicó, la obra social provincial fija un tope mensual de prácticas por profesional. «Si yo antes atendía 100, yo le había atendido 80. Hay 20 que no van a poder contar con atención», graficó. El reciente aumento del valor de la consulta, según su relato, vino acompañado de una reducción del cupo, lo que en la práctica compensa o anula la mejora nominal y deja a un segmento de afiliados sin cobertura efectiva.
«Hay una política desde APOS de ningunear al médico riojano»
En uno de los pasajes más fuertes de la entrevista, Guglieri miró a cámara y disparó: «Hay una política desde la obra social provincial, y lo digo al frente mirando la cámara, no me importa, hay una política de APOS que es la de ningunear al médico riojano. Es así de simple».
La afirmación, de un peso institucional considerable, coloca a la obra social provincial —pilar del esquema de cobertura de los empleados públicos y jubilados riojanos— en el centro del debate. Y expone una tensión estructural del sistema: la capacidad de pago de APOS, condicionada por la situación fiscal de la provincia, termina funcionando como variable de ajuste que empuja a los profesionales a buscar mejores condiciones laborales fuera de La Rioja o, directamente, fuera del país.
El cardiólogo fue explícito respecto de las propuestas que recibe: «Me piden que me vaya. Me ofrecieron irme a otro lado, sí, por supuesto. Para hacer otros proyectos y mucho más rentables desde lo económico».
Una cadena que se rompe: «No podemos pagar los sueldos»
El testimonio trasladó el eje del debate salarial individual al problema empresarial del sector. Guglieri reveló que en los últimos días mantuvo reuniones con sus socios del Instituto de Medicina Endovascular para evaluar tres alternativas extremas: vender el servicio, cerrarlo o continuar.
«Sabés lo que no me deja dormir, no puedo pagar los sueldos. Tenemos enfermeros, técnicos, médicos que hacen guardia y el otro día nos avisaron que teníamos que poner plata para pagar las guardias», relató. Su Instituto funciona dentro de la Clínica Mercoluna, en la unidad coronaria, desde hace ocho años.
El profesional advirtió que este cuadro no es exclusivo de su servicio: «Probablemente muchas empresas de salud terminen quebrando. Es una realidad que va a pasar, y cada vez el riojano va a tener menos posibilidad de hacerse atender acá». La advertencia apunta a un punto de no retorno: si las clínicas privadas colapsan, el sistema público —ya atravesado por la crisis de vacunas, los faltantes de insumos, la conflictividad gremial y los reclamos por las licitaciones de reactivos— quedará como única opción para la mayoría de los riojanos, con el agravante de la saturación que eso implica.
El éxodo profesional: del interior al sur, del sur al exterior
Guglieri confirmó una tendencia que viene circulando en redes sociales y en medios locales: cada vez más médicos formados en La Rioja se van. El destino varía —otras provincias, el sur patagónico por los mayores salarios, el exterior—, pero el patrón se repite. «Conocidos médicos decidieron irse ya de grandes al sur o a otro país también. Ni imaginarme un chico que recién empieza», describió.
El caso es aún más elocuente puertas adentro: sus propios hijos, uno estudiando medicina en Córdoba y otro por terminar el secundario, planean irse de la provincia. «El que está en el secundario ya se quiere ir de acá», reconoció.
La evocación de René Favaloro, el cirujano que regresó a la Argentina dejando atrás una carrera consolidada en Estados Unidos, atravesó varios tramos del diálogo. «Vi el video de Favaloro en el programa de Neustadt, cuando explicaba por qué se quedaba en Argentina. Ese video tiene casi 40 años y estamos igual o peor. No hemos aprendido nada en todo este tiempo», reflexionó.
«Estamos al medio de una pulseada que no es nuestra»
La dimensión política del diagnóstico fue, quizás, la más pesada del testimonio. Sin esquivar la responsabilidad de ningún actor, Guglieri apuntó al epicentro de la tensión que atraviesa hoy a La Rioja: la confrontación entre el Gobierno provincial de Ricardo Quintela y la administración nacional de Javier Milei.
«Hay una situación entre el gobierno provincial y el gobierno nacional, tira y afloje, tira y afloje, pero al medio estamos nosotros. Estás vos, está ella, estoy yo, estamos todos», planteó. Y agregó: «Creo que el político, sin distinción de color, debería bajar un poquito sus pretensiones personales y empezar a pensar en su pueblo».
La referencia se inscribe en el escenario que viene marcando los últimos meses: la pulseada por los adelantos de coparticipación —negociada entre el secretario General de la Gobernación, Ricardo Herrera, y el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Martín Menem—, condicionada por La Libertad Avanza a reformas políticas que el riojanismo rechaza. El déficit crónico de la provincia —que se autofinancia apenas con el 11,6% de sus ingresos— termina repercutiendo directamente sobre las partidas destinadas a APOS y, por esa vía, sobre la capacidad de pago a los prestadores privados.
«Si bajan los decibeles de esa discusión, ¿cómo no va a haber un punto de encuentro? Dejando de lado la culpa. Ya estamos en el pasado, ya pasó, veamos el futuro. Si seguimos así, es una espiral que no termina más», sostuvo el cardiólogo.
«La enfermedad de la salud»
El diálogo derivó, como lo admitió el propio profesional, hacia un territorio que no había sido el previsto inicialmente. Guglieri había llegado al estudio para hablar de prevención cardiovascular en el Día del Cardiólogo. Terminó hablando de la «enfermedad de la salud». «Si no tenemos un buen sistema de salud, no se va a poder hacer nada, ni siquiera prevención», sintetizó.
La frase condensa la paradoja que atraviesa al sistema: los profesionales formados, capacitados y comprometidos —el propio Guglieri completó el año pasado una maestría en Gerontología y tiene un diplomado reciente en insuficiencia cardíaca— conviven con una estructura de ingresos y una política de cobertura que desalienta la permanencia, la inversión en equipamiento y la sostenibilidad de los servicios.
Chilecito y Famatina, la contracara rural del problema
El entrevistado sumó una dimensión que agrava el diagnóstico: la del interior provincial. Guglieri viaja una vez por mes a atender a pacientes en Chilecito y Famatina, con equipamiento transportable de última generación. «Hay gente que no tiene acceso a todo», describió.
El dato completa el mapa sanitario riojano. Mientras en la capital los pacientes con posibilidades económicas pueden «tomarse el colectivo, agarrar el auto y irse a Córdoba» —como señaló el propio profesional—, en los departamentos del interior esa opción sencillamente no existe. La continuidad de los servicios privados en La Rioja capital y el sostenimiento de las visitas profesionales al interior son, en los hechos, la única garantía de acceso para buena parte de los riojanos.
Un diagnóstico que excede a la salud
El testimonio de Guglieri dejó de ser, en su despliegue, un reclamo sectorial para transformarse en un diagnóstico de la crisis riojana más amplia. Se hilvanó, sin que el entrevistado lo enunciara en esos términos, con la situación de las clínicas, las tensiones de APOS, la pelea provincia-Nación por la coparticipación, el default de la deuda provincial, los litigios de bonistas sobre el Parque Eólico Arauco, la crisis del sector farmacéutico, la conflictividad en el Colegio de Farmacéuticos y los reclamos cruzados por el presupuesto universitario y docente.
«Me resisto a que esto sea la normalidad», cerró el cardiólogo. En esa resistencia —compartida por miles de profesionales, trabajadores del sector privado, empleados públicos y ciudadanos comunes— se juega, en buena medida, la capacidad de La Rioja para sostener un sistema sanitario digno en una de las etapas más difíciles de su historia reciente.










































