El Observatorio Vial provincial reveló que 11 de las 13 víctimas fatales del primer trimestre estuvieron involucradas en accidentes con motocicletas y que 12 de esas muertes ocurrieron en zonas urbanas. Este jueves se realizará el Consejo Provincial de Seguridad Vial con la presencia del gobernador Quintela.
No son rutas oscuras ni curvas peligrosas de montaña. Son calles urbanas, con semáforos, señales y peatones. Y en ellas murieron 12 de las 13 personas que La Rioja perdió en siniestros viales en lo que va de 2026. El dato sacude el sentido común y obliga a replantear dónde está el verdadero problema de la seguridad vial en la provincia: no en las rutas del interior sino en el corazón de sus ciudades, donde la velocidad, el teléfono en mano y la ausencia del casco siguen cobrando vidas que podrían haberse salvado.
Gabriela Romero, responsable del Observatorio Vial de La Rioja, brindó esta semana un informe detallado sobre las estadísticas del primer trimestre que dibuja con precisión el perfil de una tragedia evitable y sistemática. Sus números no solo describen lo que ya ocurrió: anticipan lo que seguirá ocurriendo si la conducta de los usuarios de la vía pública no cambia de manera estructural.
La moto, protagonista invariable de la tragedia
El dato más contundente del informe es también el más preocupante por su consistencia: de las 13 víctimas fatales registradas hasta la fecha —12 del primer trimestre más un caso reciente de abril—, en 11 casos hubo una motocicleta involucrada. No importa si la colisión fue contra un automóvil, contra otra moto o si fue una caída solitaria: la moto aparece siempre en el centro del siniestro, y el motociclista es invariablemente quien lleva la peor parte.
Romero fue precisa al describir la mecánica de esa vulnerabilidad: el motociclista no tiene carrocería que lo proteja, no tiene airbag, no tiene estructura de seguridad pasiva de ningún tipo. Su única protección real es el casco —que muchos siguen eligiendo no usar— y la prudencia al volante —que los datos demuestran que sigue siendo la gran asignatura pendiente de los usuarios de dos ruedas en La Rioja.
La concentración de la siniestralidad en las motocicletas no es una particularidad riojana. Es un fenómeno nacional e incluso regional que los organismos de seguridad vial llevan años intentando revertir con campañas de concientización que chocan, una y otra vez, contra la misma pared: la percepción distorsionada del riesgo que tienen muchos motociclistas, especialmente los más jóvenes.
Hombres jóvenes: el perfil más expuesto
Los números del Observatorio Vial trazan un perfil demográfico de las víctimas que es consistente con las estadísticas nacionales pero no por eso menos alarmante. El 85% de los fallecidos son hombres. Y de ese total, 7 víctimas pertenecen al grupo de jóvenes, la franja etaria que combina de manera más explosiva la exposición al riesgo, la sensación de invulnerabilidad y la menor experiencia de conducción.
La muerte de jóvenes en siniestros viales es, en términos de años de vida perdidos, la pérdida más devastadora que un sistema de salud pública puede registrar. No solo por el dolor individual y familiar que genera sino por el impacto colectivo de truncar proyectos de vida en su etapa más productiva. Detrás de cada uno de esos siete jóvenes hay una familia, una historia y un futuro que dejó de existir en un instante que, en la mayoría de los casos, pudo haberse evitado.
El dato que nadie esperaba: el peligro está en la ciudad
Si hay un número del informe de Romero que sacude las certezas instaladas sobre la seguridad vial, es este: 12 de las 13 muertes ocurrieron en zonas urbanas y solo una tuvo lugar en ruta. Seis de esos fallecimientos se produjeron en la capital riojana.
El dato invierte la percepción habitual sobre dónde está el riesgo vial. El imaginario colectivo asocia los accidentes fatales con las rutas nacionales —los adelantamientos imprudentes, los animales sueltos, el sueño al volante en viajes nocturnos—. La realidad estadística de La Rioja en 2026 dice otra cosa: el peligro está en las intersecciones de la ciudad, en las avenidas urbanas, en los semáforos que se cruzan en rojo y en las cuadras donde los motociclistas aceleran convencidos de que el riesgo queda para otro día.
Para las autoridades de tránsito, ese dato reorienta el foco de las políticas de prevención. Si las muertes ocurren mayoritariamente en entornos urbanos, los controles, las campañas y los operativos deben concentrarse en las ciudades antes que en las rutas. Una conclusión que parece obvia una vez que los números la confirman pero que requiere un cambio de paradigma en la asignación de recursos y esfuerzos institucionales.
Velocidad, alcohol, celular y sin casco: las cuatro causas de lo evitable
Romero identificó con claridad los factores de riesgo que explican la mayoría de los siniestros fatales: el exceso de velocidad, el consumo de sustancias, la falta de uso del casco y el uso del teléfono celular mientras se conduce. Cuatro conductas que tienen en común una característica fundamental: son completamente evitables.
No hay falla mecánica inevitable ni condición climática incontrolable detrás de la mayoría de estas muertes. Hay decisiones humanas —tomadas en segundos, a veces sin dimensionar sus consecuencias— que terminan en tragedias irreversibles. La funcionaria subrayó además la importancia de respetar la prioridad de paso del peatón, con especial énfasis en la protección de los adultos mayores, quienes ante cualquier impacto tienen una fragilidad física que los expone a consecuencias desproporcionadas.
El mensaje implícito de Romero es incómodo pero necesario: la tecnología y la infraestructura pueden mejorar la seguridad vial, pero mientras la conducta no cambie, los números no bajarán de manera sostenida.
Una leve mejora que no alcanza para celebrar
Las cifras de 2026 muestran una mejoría respecto al mismo período del año anterior: 12 fallecidos en el primer trimestre de 2026 frente a 15 en el mismo lapso de 2025. Es una reducción real que el Observatorio Vial registra con cautela antes que con satisfacción. Romero lo dejó claro: una leve mejora estadística no alcanza para bajar la guardia cuando detrás de cada número hay una familia que sufrió una pérdida que ningún indicador puede reparar.
El Consejo Provincial del jueves: políticas que deben ir más allá del discurso
Para abordar esta problemática de manera institucional, este jueves 16 de abril se realizará el Consejo Provincial de Seguridad Vial, con la participación del gobernador Ricardo Quintela, ministros del gabinete provincial y directores de tránsito de toda la provincia. El objetivo declarado es unificar criterios y fortalecer las políticas de educación vial en todos los departamentos riojanos.
La convocatoria es una señal política correcta. El desafío es que el encuentro produzca decisiones concretas y medibles antes que declaraciones de buenas intenciones. La seguridad vial en La Rioja tiene un diagnóstico claro: motociclistas jóvenes, entornos urbanos, conductas de riesgo evitables. Lo que falta es la voluntad sostenida —institucional, presupuestaria y cultural— de traducir ese diagnóstico en políticas que salven vidas antes de que el próximo informe trimestral vuelva a poner números a tragedias que pudieron no haber ocurrido.











































