El relevamiento del Centro Comercial e Industrial revela que en los últimos meses cerraron más de 240 negocios solo en la ciudad de La Rioja y la tendencia no encontró piso. Indumentaria, calzado y artículos para el hogar son los rubros más golpeados. El consumo cayó de forma vertical mientras los alquileres, la energía y los salarios siguieron subiendo.
Recorrer el micro y macrocentro de la ciudad de La Rioja dejó de ser lo que era. Los carteles de «alquiler» se multiplican en cuadras que hasta hace poco tenían ocupación plena. Las persianas bajas ya no son la excepción de un local que cerró por vacaciones o por refacción: son el síntoma visible de una crisis comercial que el Centro Comercial e Industrial cuantificó en más de 240 negocios cerrados en los últimos meses, solo en el área de la capital provincial.
La cifra es contundente en sí misma. Pero lo que la hace más preocupante es lo que viene después: según los referentes del sector, la tendencia todavía no encontró piso.
La pinza que asfixia al comerciante minorista
Los cierres no responden a una causa única sino a una combinación de factores que se potencian entre sí. Por un lado, la caída del consumo: la gente prioriza estrictamente lo alimentario y dejó de lado rubros como indumentaria, calzado y artículos para el hogar, que son precisamente los que concentran la mayor parte del comercio minorista de la capital riojana. Por el otro, la escalada de los costos fijos: alquileres, energía eléctrica y salarios que siguieron subiendo a un ritmo que el margen de ventas, en contracción, ya no puede absorber.
El resultado es una pinza. El comerciante cobra menos porque vende menos, pero paga más porque sus costos operativos no bajaron. En algún punto de esa ecuación, bajar la persiana deja de ser una opción y se convierte en la única salida posible.
Muchos de los 240 locales cerrados no eran grandes superficies ni cadenas con espalda financiera para aguantar meses de pérdidas. Eran emprendimientos familiares o negocios de larga trayectoria que habían sobrevivido crisis anteriores pero no pudieron con esta combinación de caída del consumo y presión de costos simultánea.
Lo que el consumidor dejó de comprar
La transformación en los hábitos de gasto de los riojanos que describe el relevamiento es estructural, no coyuntural. Cuando una familia recorta el presupuesto bajo presión, lo primero que cae es todo lo que no es comida. Ropa, zapatillas, electrodomésticos, muebles, artículos de decoración: rubros completos que en la capital riojana tienen su base de clientes en trabajadores formales e informales con ingresos que la inflación fue licuando mes a mes.
El dato complementario lo provee el propio sistema de asistencia social provincial: los pedidos de módulos alimentarios de emergencia en las cuatro zonas de la capital pasaron de entre 40 y 50 por día a entre 200 y 250. Cuando ese universo de familias destina todos sus recursos disponibles a comer, el comercio de indumentaria, calzado y artículos para el hogar pierde clientes que antes tenía. No porque esos clientes hayan emigrado a otro local, sino porque dejaron de ser clientes de ese tipo de productos.
El empleo que se va con cada persiana
Detrás de cada local cerrado hay una pérdida que los números del Centro Comercial no terminan de capturar: puestos de trabajo que desaparecen del mercado formal. El comercio minorista es uno de los principales empleadores del sector privado en ciudades del interior como La Rioja, donde la industria tiene presencia limitada y el empleo público absorbe una proporción inusualmente alta de la fuerza laboral. Cuando el comercio se contrae, el mercado de trabajo privado se achica y la presión sobre el empleo público y los programas sociales aumenta.
La secuencia es conocida: menos ventas, menos empleo comercial, menos consumo, menos ventas. Un círculo que sin intervención tiende a profundizarse antes de estabilizarse.
Sin incentivos al consumo y con presión impositiva
Desde el Centro Comercial advierten que la falta de medidas de incentivo al consumo y la presión impositiva complican cualquier posibilidad de recuperación a corto plazo. Los diálogos con autoridades no se tradujeron todavía en acciones concretas que modifiquen el cuadro de situación. Y la brecha entre los ingresos de los trabajadores y los precios de los productos, lejos de cerrarse, sigue ensanchándose.
Los 240 locales cerrados en la capital riojana no son solo un número. Son el mapa del deterioro comercial de una ciudad que en los últimos meses vio cómo el consumo se replegó hacia lo estrictamente esencial y dejó a la intemperie a todo el sector que vivía de lo que la gente compraba cuando le sobraba algo. Hoy, cada vez más riojanos no tienen nada que sobre.
240 locales cerrados y las persianas bajas se multiplican: el comercio de la capital riojana colapsa bajo el peso de costos que las ventas ya no pueden sostener
El relevamiento del Centro Comercial e Industrial revela que en los últimos meses cerraron más de 240 negocios solo en la ciudad de La Rioja y la tendencia no encontró piso. Indumentaria, calzado y artículos para el hogar son los rubros más golpeados. El consumo cayó de forma vertical mientras los alquileres, la energía y…

Compartir
Últimas noticias
Descubre más desde El Diario de Eduardo German
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.






