El secretario general del sindicato local, Víctor Hugo Aballay, describió un cuadro de situación crítico: un distribuidor con diez años de antigüedad cobra menos de 700.000 pesos mientras la empresa exhibe superávit. En localidades como Sanagasta, Tama y Tello, el servicio postal ya fue terciarizado en farmacias y minimarkets. La semana próxima un congreso nacional en Santa Fe definirá si se avanza hacia medidas de fuerza.
Los trabajadores telepostales de La Rioja se declararon en estado de alerta y movilización. El gremio local, el Sindicato de Empleados de Correos y Telecomunicaciones (SECyT), se alineó con la posición de la federación nacional (FOECYT) ante lo que describen como un doble golpe: la ausencia de paritarias libres y un proceso de desguace sistemático de la empresa estatal que avanza sin que ninguna autoridad lo frene.
Víctor Hugo Aballay, secretario general del sindicato en La Rioja, fue el encargado de poner números y nombres propios a una situación que, según advirtió en declaraciones a Medios Rioja, se deteriora mes a mes sin que la conducción de Correo Argentino ofrezca respuestas genuinas.
El superávit que se construyó sobre los salarios
El diagnóstico de Aballay es directo y no deja margen para la ambigüedad. «Han quedado nuestros salarios estancados frente a una inflación que destruyó el poder adquisitivo. Hoy, un distribuidor con diez años de antigüedad no supera los 700.000 pesos, una cifra que no se condice con el índice de la canasta familiar», denunció el dirigente.
La paradoja que el gremio pone sobre la mesa es políticamente incómoda para la conducción de la empresa: Correo Argentino exhibe superávit, pero ese resultado, según Aballay, se construyó sobre dos pilares que el sindicato rechaza de plano. Por un lado, el retiro de personal mediante programas de retiro voluntario que no fueron reemplazados. Por el otro, aumentos salariales unilaterales del 1% que el dirigente calificó sin rodeos como «una burla frente a la realidad económica». La empresa gana; los trabajadores pierden poder adquisitivo. Esa ecuación es la que llevó al gremio al estado de alerta.
El interior provincial, camino al vaciamiento
El impacto del ajuste en Correo Argentino no se distribuye de manera uniforme: golpea con mayor fuerza en el interior, donde la presencia del Estado postal es más difícil de reemplazar y donde las alternativas privadas son escasas o directamente inexistentes.
Localidades riojanas como Sanagasta, Tama y Tello ya experimentaron la reducción o eliminación de la presencia del correo oficial. En su lugar, el servicio de correspondencia fue terciarizado en comercios privados —farmacias, minimarkets— que cobran un porcentaje por la distribución, sin las garantías ni los estándares del servicio público.
El caso de Tama ilustra con crudeza el nivel de degradación alcanzado: un único trabajador asiste a la localidad apenas una semana por mes. Aballay lo comparó con «tiempos de la colonia», una imagen que habla de un retroceso en el acceso a servicios básicos que muchas comunidades del interior riojano creían superado hace décadas.
Pero el problema que más preocupa a los vecinos de las zonas afectadas no es el correo en sentido estricto sino el cobro de beneficios previsionales. La mayoría de las sucursales del interior dejaron de pagar haberes de ANSES, obligando a jubilados y pensionados a trasladarse hasta las cabeceras departamentales o a operar con billeteras virtuales, una exigencia tecnológica que choca de frente con el perfil etario y socioeconómico de los beneficiarios.
El congreso de Santa Fe como punto de quiebre
El conflicto entra esta semana en su momento más delicado. La próxima semana se celebrará en la provincia de Santa Fe el Congreso Nacional Ordinario de la FOECYT, el espacio donde los gremios postales de todo el país definirán el plan de acción si no se abre una mesa de diálogo real con las autoridades de la empresa antes de esa fecha.
«No sabemos si habrá un plan de lucha con medidas de fuerza directas; eso se determinará en el congreso si no hay una mesa de discusión real», adelantó Aballay, quien no descartó ningún escenario y trazó un paralelismo histórico que en el gremialismo argentino tiene una carga simbólica precisa: la situación actual, dijo, recuerda a las políticas de ajuste de la década del noventa, cuando el achicamiento del Estado destruyó servicios públicos que tardaron décadas en recuperarse, cuando se recuperaron.
Para La Rioja, provincia donde el Correo Argentino es en muchos departamentos del interior el único vínculo institucional físico con el Estado nacional, el vaciamiento en curso no es un problema sindical acotado. Es la erosión silenciosa de una presencia estatal que, una vez retirada, raramente vuelve.











































