La Justicia riojana revocó el procesamiento del ginecólogo José Monjes por falta de pruebas: la defensa apunta al sobreseimiento definitivo
La Cámara Tercera en lo Criminal y Correccional dejó sin efecto la medida que pesaba sobre el profesional, acusado de abuso sexual, al detectar inconsistencias estructurales en el relato de la denunciante. Monjes nunca perdió su matrícula y siguió ejerciendo, pero aún porta un dispositivo de monitoreo electrónico que su abogado busca levantar de inmediato.
La causa judicial que involucra al ginecólogo José Monjes registró un vuelco determinante. La Cámara Tercera en lo Criminal y Correccional de La Rioja resolvió revocar el procesamiento que pesaba sobre el profesional, acusado de abuso sexual, al concluir que la investigación no aportó elementos de convicción suficientes para sostener la medida. La decisión devuelve la causa al Juzgado de Instrucción de Violencia de Género N° 2 y abre el camino hacia un eventual sobreseimiento definitivo.
El abogado defensor, Gonzalo Romero, destacó que el fallo de la Cámara se sustentó en las «inconsistencias estructurales» del relato inicial. Según el letrado, el testimonio de la denunciante presentó contradicciones en las distintas instancias judiciales, un factor determinante en un tipo de delito que, al desarrollarse en la privacidad de un consultorio médico, depende de manera estricta de la solidez y coherencia del relato.
El punto más debatido: la llave del consultorio
Uno de los elementos que mayor controversia generó durante la investigación fue el hecho de que Monjes atendiera con la puerta del consultorio cerrada con llave. La defensa aportó una explicación institucional que la Cámara consideró relevante: esa conducta no respondía a una decisión personal del médico sino a una directiva del instituto CMA donde el profesional se desempeñaba.
«Debido a la disposición del edificio —una casa adaptada como centro médico—, era frecuente que personas ajenas ingresaran por error a los consultorios. Por eso, la dirección del centro ordenó a todos los profesionales trabajar bajo llave para garantizar la intimidad de las pacientes durante las revisiones», explicó Romero. Y fue categórico: «No fue una determinación personal de José Monjes, sino una orden institucional para evitar interrupciones en momentos de vulnerabilidad de las pacientes».
Matrícula habilitada, monitoreo pendiente
A pesar del procesamiento y del impacto mediático que rodeó al caso desde su inicio, Monjes nunca llegó a perder su matrícula habilitante y continuó ejerciendo en el ámbito de la salud pública riojana. Sin embargo, el médico aún porta un dispositivo electrónico de monitoreo, medida cautelar que su defensa busca levantar de manera inmediata como consecuencia directa del fallo de la Cámara.
El camino al sobreseimiento y la amenaza de una demanda
Con la causa de regreso en el juzgado de primera instancia, la estrategia de la defensa es clara: obtener el sobreseimiento definitivo de Monjes una vez que se incorporen las pruebas pendientes, entre ellas la inspección ocular del edificio del CMA, que según Romero permitirá corroborar la versión institucional sobre el uso de llaves en los consultorios.
Pero el horizonte jurídico no termina allí. El defensor anticipó que, de alcanzarse el sobreseimiento, se abrirá la puerta a futuras acciones por daños y perjuicios. La defensa considera que la difusión del caso constituyó una «instalación mediática falsa» que afectó gravemente la trayectoria profesional y la vida personal del médico, y que esa afectación merece una reparación judicial.
El caso Monjes pone sobre la mesa, una vez más, la tensión que atraviesa al sistema judicial y mediático argentino cuando se trata de denuncias por delitos sexuales: la necesidad de proteger a las víctimas sin vulnerar las garantías del imputado, en causas donde la prueba directa es escasa y el peso del relato es determinante. La Cámara riojana, en este caso, encontró que ese relato no resistió el escrutinio judicial.