El protocolo de actuación ante situaciones de hostigamiento escolar registra un incremento sostenido de casos en La Rioja. Lo que antes se concentraba en adolescentes de 14 a 17 años hoy aparece en infancias cada vez más tempranas. El consumo excesivo de pantallas y las redes sociales borraron la frontera entre la violencia presencial y la virtual.
La violencia escolar en La Rioja no está disminuyendo. El protocolo de actuación ante situaciones de bullying que el Ministerio de Educación provincial puso en marcha generó algo que los datos anteriores no permitían: un registro sistemático de casos que ahora muestra, con precisión incómoda, que las situaciones de hostigamiento entre pares van en aumento y que están llegando a edades que antes no se consideraban en riesgo.
«No es menor que cada vez se detectan más casos, muchos vinculados a problemas de convivencia», advirtió la Secretaría de Planeamiento del Ministerio de Educación, y el dato tiene una aclaración importante: el incremento en los registros no significa necesariamente que el bullying no existía antes. Significa que ahora hay mecanismos para detectarlo, nombrarlo y abordarlo institucionalmente. Y lo que esos mecanismos están revelando es más complejo de lo que el sistema educativo esperaba encontrar.
El mapa del hostigamiento se amplió hacia abajo
Durante años, la mirada sobre el bullying en las escuelas riojanas se concentró en una franja etaria específica: adolescentes de entre 14 y 17 años, en plena etapa de construcción de identidad y pertenencia grupal. Esa ventana de riesgo sigue siendo relevante, pero ya no es la única. Las situaciones de hostigamiento se extendieron hacia edades más tempranas, con una complejidad que los abordajes diseñados para adolescentes no siempre alcanzan a contener.
Los factores que explican ese corrimiento no son exclusivamente escolares. El consumo problemático de pantallas y las transformaciones en las dinámicas sociales de las infancias contemporáneas aparecen como variables que aceleran la exposición a situaciones de conflicto entre pares en edades cada vez más tempranas. Un niño de ocho años que maneja redes sociales sin supervisión adulta no está en un espacio protegido: está en el mismo territorio de riesgo que un adolescente, con menos herramientas para navegarlo.
La pantalla que prolonga el aula
Uno de los cambios más significativos en la naturaleza del bullying escolar actual es la eliminación práctica de la frontera entre lo presencial y lo virtual. El hostigamiento que comienza en el recreo se extiende al celular después de las 18 horas. La humillación que se produce en el chat grupal llega al aula convertida en dinámica de exclusión. Los chicos no viven en dos mundos separados: viven en uno solo donde la violencia puede aparecer en cualquier momento y en cualquier soporte.
«Los chicos corren el mismo peligro en ambos espacios», señaló la Secretaría de Planeamiento, y la frase tiene implicancias prácticas concretas: los protocolos de intervención que solo contemplan lo que ocurre dentro del edificio escolar son insuficientes para abordar un fenómeno que continúa fuera de él. La corresponsabilidad entre escuela, familias y sociedad que el ministerio plantea como principio incluye también el acuerdo sobre el uso de tecnologías y los controles parentales como herramientas de prevención.
El protocolo que activa la intervención
El sistema de actuación ante situaciones de bullying que funciona en La Rioja no construye rankings de escuelas ni expone públicamente a las instituciones con más casos. Su lógica es la del abordaje: cuando se identifica una posible situación de hostigamiento —por parte de docentes, directivos, preceptores, familias o equipos interdisciplinarios—, la escuela evalúa el caso, identifica a las partes involucradas incluyendo agresores, víctimas y testigos, y despliega una intervención que combina registro de los hechos, comunicación con las familias y articulación con otras áreas del Estado como niñez y diversidad.
El bullying, en la conceptualización que orienta el protocolo, no es un evento aislado sino un fenómeno social que ocurre en un entramado de actores y contextos. Eso significa que la respuesta no puede ser solo individual —trabajar con el agresor o contener a la víctima— sino que requiere intervenir sobre el grupo, el clima institucional y las dinámicas relacionales que permitieron que el hostigamiento se instalara.
La ESI como herramienta de fondo
En ese marco, la Educación Sexual Integral aparece como la apuesta pedagógica de fondo del ministerio para abordar la violencia escolar desde la prevención. No como un contenido sobre sexualidad en sentido estricto, sino como una plataforma para trabajar la convivencia, los derechos, el respeto y la problematización de prácticas naturalizadas que muchas veces no se perciben como violencia: ciertos tipos de humor, bromas que degradan, apodos que estigmatizan.
La ESI como puerta de entrada para erradicar la violencia es una apuesta que reconoce algo que la experiencia escolar confirma: los episodios de bullying rara vez emergen de la nada. Crecen en climas donde determinadas formas de relacionarse entre pares se volvieron normales, donde nadie las cuestionó y donde la institución no generó los espacios para hacerlo. Intervenir sobre ese clima antes de que el hostigamiento se instale es más eficaz que activar el protocolo cuando el daño ya está hecho.
El desafío, como reconoce el propio ministerio, no está en la existencia de estrategias y recursos sino en cómo se implementan y en el compromiso colectivo para sostenerlos. Una problemática que crece, que llega más temprano y que cruza sin pausa del recreo a la pantalla no admite respuestas a medias.
El bullying en las escuelas riojanas ya no respeta edades: los casos crecen, llegan a los más chicos y la violencia virtual se fusiona con la del aula
El protocolo de actuación ante situaciones de hostigamiento escolar registra un incremento sostenido de casos en La Rioja. Lo que antes se concentraba en adolescentes de 14 a 17 años hoy aparece en infancias cada vez más tempranas. El consumo excesivo de pantallas y las redes sociales borraron la frontera entre la violencia presencial y…

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