Economía

La Rioja superó los 102.638 millones de pesos por coparticipación federal hasta el 28 de abril, casi 20 mil millones más que en el mismo mes de 2025

Por Eduardo Nelson German · 28 de abril de 2026 · 16:39

Los datos oficiales sobre transferencias automáticas exhiben un crecimiento nominal del 23,9% interanual en la masa coparticipable que recibió la provincia. La cifra continúa por debajo de la inflación interanual del 32,6% registrada por el INDEC, lo que confirma una pérdida real del flujo de fondos federales sobre el cual el gobierno de Ricardo Quintela financia la mayor parte del gasto público provincial.

La Rioja recibió 102.638 millones de pesos en concepto de coparticipación federal de impuestos durante los primeros 28 días de abril de 2026, según los registros oficiales que actualizan diariamente las transferencias automáticas a las provincias. La cifra, faltando apenas dos días para el cierre del mes calendario, supera ampliamente el total de 82.803 millones de pesos que la provincia había percibido por idéntico concepto durante todo abril de 2025, configurando un crecimiento nominal interanual del 23,9% que se traduce en aproximadamente 19.835 millones de pesos adicionales.

El dato requiere un desdoblamiento técnico inmediato para evitar lecturas equívocas. El crecimiento nominal del 23,9% se ubica por debajo del proceso inflacionario que registra la economía argentina entre abril de 2025 y abril de 2026. Según los últimos datos del Índice de Precios al Consumidor del INDEC, la inflación interanual a marzo de 2026 fue del 32,6%, lo que arroja un resultado en términos reales todavía negativo: la coparticipación que recibe La Rioja crece por debajo de la suba general de precios. El poder adquisitivo de cada peso transferido continúa erosionándose.

La diferencia entre los 96.730 millones acumulados al 27 de abril —dato que se conoció el día anterior— y los 102.638 millones registrados al 28 de abril revela que en una sola jornada ingresaron al Tesoro provincial unos 5.908 millones de pesos por coparticipación. La cifra exhibe que el último tramo del mes concentra movimientos significativos del flujo coparticipable, vinculados a la liquidación habitual de la masa tributaria nacional que se distribuye con cierta concentración hacia las jornadas finales de cada período.

La traducción operativa de ese cuadro es directa para la administración provincial. Los pesos que ingresan al Tesoro riojano cada día compran menos bienes y servicios de los que compraban un año atrás. El Estado provincial, con esa misma masa coparticipable real reducida, debe sostener salarios estatales, prestaciones sanitarias, asistencia social, obras públicas operativas y servicios básicos. Cada partida del presupuesto opera bajo presión creciente porque el flujo de ingresos federales no acompaña el ritmo de precios que enfrentan los proveedores, los empleados públicos y los beneficiarios de programas sociales.

La estructura de la coparticipación federal de impuestos requiere también una precisión técnica. El régimen vigente —establecido por la Ley 23.548 de 1988— distribuye automáticamente entre la Nación y las provincias una porción de los principales tributos nacionales (IVA, Ganancias, Bienes Personales y otros impuestos coparticipables) según coeficientes fijados por ley. La Rioja recibe históricamente un coeficiente que la ubica entre las jurisdicciones beneficiadas por los criterios redistributivos del régimen original, en función de su población, su nivel de desarrollo relativo y otros factores compensatorios incorporados a la fórmula.

La aritmética del crecimiento debe leerse, sin embargo, en el cuadro fiscal completo de la provincia. La Rioja figura entre las jurisdicciones argentinas con mayor dependencia estructural de la coparticipación federal: una proporción significativa del gasto provincial se financia con esos giros automáticos, mientras la recaudación tributaria propia opera con techos relativamente bajos. Cada punto que la coparticipación pierde en términos reales tiene impacto inmediato sobre la capacidad operativa del Estado provincial, sin amortiguadores compensatorios significativos.

El cuadro general de la disputa entre la administración Quintela y la Casa Rosada agrega capas de complejidad. La provincia mantiene un litigio activo en la Corte Suprema de Justicia de la Nación por las transferencias coparticipables que considera retenidas indebidamente, particularmente vinculadas a fondos que el gobierno de Javier Milei habría reasignado o discontinuado en perjuicio de las provincias. Las transferencias automáticas que ingresan formalmente —los 102.638 millones que llevan acumulados hasta el 28 de abril— constituyen el flujo regular del régimen, pero conviven con el reclamo provincial por fondos extraordinarios y discrecionales que la administración nacional habría suspendido.

A esa pulseada se sumó recientemente la negociación frustrada por un adelanto coparticipable de 85 mil millones de pesos que el gobierno provincial había solicitado a la Casa Rosada. La operación, articulada en su tramo final por Martín Menem y Ricardo Herrera, encalló cuando el Ejecutivo nacional condicionó la asistencia extraordinaria a cuatro exigencias políticas: adhesión al RIGI, sanción de la Boleta Única, incorporación de representantes de La Libertad Avanza al Tribunal de Cuentas y nombramientos en la Justicia provincial. Quintela rechazó el paquete y la asistencia financiera quedó congelada.

El crecimiento nominal del 23,9% en la coparticipación que se conoce ahora opera en ese contexto político. La Casa Rosada no puede retener arbitrariamente las transferencias automáticas —están protegidas por la propia arquitectura del régimen coparticipable y por la Constitución Nacional—, pero sí dispone de margen sobre los giros discrecionales, el adelantamiento de partidas, la ejecución de obra pública nacional sobre territorio provincial y otros mecanismos que en conjunto inciden sobre la masa real de recursos que llega al Tesoro provincial.

Para el gobierno provincial, la lectura del dato exige equilibrios comunicacionales precisos. Por un lado, no resulta operativo presentar un crecimiento del 23,9% como un retroceso, porque el lector promedio asocia «crecimiento» con mejora; cualquier explicación técnica sobre inflación se diluye frente a la primera lectura nominal. Por el otro, normalizar la lectura nominal sin ajuste por precios implica aceptar implícitamente que la situación fiscal mejora, cuando el cuadro real es exactamente el contrario y el quintelismo viene denunciando ahogamiento financiero como argumento de pulseada con la Nación.

La precisión técnica que recupera la dimensión real del fenómeno requiere indicadores adicionales. La masa salarial estatal provincial, la cobertura de medicamentos para pacientes con cobertura pública exclusiva, la asistencia alimentaria, los programas de niñez articulados con UNICEF, las obras provinciales en ejecución y los compromisos con municipios componen el universo de gasto que esos 102.638 millones deben sostener. Cuando los precios de los insumos de cada uno de esos rubros crecen más rápido que el ingreso, el resultado operativo es cobertura más estrecha, demoras en pagos a proveedores y, eventualmente, conflictividad sectorial.

La pregunta que queda planteada es cómo evolucionará el ratio entre coparticipación nominal e inflación durante el resto del ejercicio fiscal 2026. Si la trayectoria mensual continúa cerrando con una expansión nominal del orden del 24% y la inflación interanual permanece instalada en niveles superiores al 30%, la pérdida real acumulada al cierre del año podría alcanzar magnitudes significativas que comprometan estructuralmente la capacidad operativa del Estado provincial. La Rioja —y particularmente la administración Quintela, embarcada en la apuesta presidencial de 2027— deberá administrar ese deterioro real mientras sostiene políticamente el discurso confrontativo con la Casa Rosada y, simultáneamente, intenta blindar las prestaciones esenciales del sistema público provincial.