La Rioja se posiciona como «capital económica accesible» en el primer Índice de Ciudades Argentinas
La provincia destaca por combinar oferta urbana con costos de vida razonables, aunque queda fuera del top 10 nacional que concentra al corredor central productivo
La Rioja se ubica entre las siete ciudades del país que el primer Índice de Ciudades Argentinas clasificó como «capitales económicas accesibles», una categoría que reconoce a urbes que logran combinar oferta urbana con costos de vida razonables. El ranking, realizado por la consultora Enclave, evaluó 43 ciudades argentinas a través de 17 indicadores organizados en tres dimensiones: desempeño económico, cohesión social y calidad del hábitat urbano.
Chilecito, la capital provincial, aparece así en un grupo selecto que incluye además a Catamarca, Salta, Santiago del Estero, Córdoba y Rosario. Esta clasificación contrasta con la concentración de ciudades mejor posicionadas en el ranking general, donde las diez primeras posiciones están copadas enteramente por urbes del corredor central del país que abarca la zona productiva agropecuaria núcleo y las provincias de San Luis y Mendoza.
Bahía Blanca encabezó el ranking nacional con 68 puntos sobre 100, seguida por Córdoba (66), Mendoza (65), Río Cuarto (64,5), CABA (63), Santa Rosa (62), Rosario (61), Rafaela (59,5), Santa Fe (59) y Godoy Cruz (59). Sin embargo, el dato más revelador del informe es que ninguna ciudad argentina superó ese umbral de 68 puntos, lo que indica déficits generalizados en infraestructura y servicios urbanos.
Para La Rioja, la clasificación como «capital económica accesible» representa un reconocimiento de equilibrio relativo en su estructura urbana. Mientras que ciudades como Neuquén lideran en dinamismo económico pero enfrentan problemas de bienestar social, o CABA domina en conectividad física pero a costa de costos de vida prohibitivos, La Rioja logra mantener una oferta urbana competitiva sin desplazar a su población a través de precios de vivienda inflacionados.
El informe señala explícitamente que esa diferencia en costos de vida no es accidental ni inevitable, sino resultado de decisiones de gestión territorial. En el indicador de informalidad urbana —porcentaje de población en barrios populares—, solo tres ciudades del país consiguieron mantener porcentajes menores al 1%: San Juan (0,20%), Godoy Cruz (0,50%) y Rafaela (0,95%). La Rioja, aunque no aparece en ese podio de excelencia, se posiciona en una zona intermedia que sugiere control relativo de ese fenómeno.
Fabio Quetglas, ex diputado nacional y socio fundador de Enclave, advirtió que la concentración de los peores resultados en el Norte Grande «no se trata de una casualidad ni de una fatalidad geográfica. Es el resultado acumulado de décadas de asimetrías en la inversión pública, la infraestructura y las oportunidades económicas». Para La Rioja, esto implica que su posicionamiento como capital económica accesible no es un estado permanente, sino una posición vulnerable a cambios en la inversión y las políticas de desarrollo urbano.
La metodología del índice utilizó 170 fuentes y 26 ítems de medición, con énfasis especial en empresarialidad (15% del peso total), conectividad física (12%) y seguridad (8%). En seguridad ciudadana, solo cuatro ciudades alcanzaron el puntaje máximo: Santa Rosa, Ushuaia, Bahía Blanca y Goya. Todas ellas comparten un rango poblacional de entre 100.000 y 250.000 habitantes, un dato que el informe sugiere como factor favorable para la gestión de ese indicador.
La Rioja mantiene una población que se ubica dentro de ese rango óptimo, lo que podría explicar parte de su desempeño relativo en indicadores de seguridad y cohesión social. Sin embargo, la provincia enfrenta desafíos estructurales en conectividad física: CABA fue la única ciudad que alcanzó el puntaje máximo de 12 puntos en ese indicador, reflejando insuficiencia infraestructural de largo plazo en el resto del país, incluyendo La Rioja.
Quetglas subrayó que la vocación del instrumento es «que funcione como una brújula para que los gobiernos locales puedan identificar con claridad cuáles son sus déficits y cómo abordarlos». Para La Rioja, esa brújula señala tanto fortalezas —accesibilidad relativa, cohesión urbana moderada— como debilidades críticas: conectividad física limitada y un desempeño económico que, aunque estable, no alcanza los dinamismos de ciudades como Neuquén o Rosario.
La posición de La Rioja como capital económica accesible refleja un equilibrio precario. La provincia ofrece condiciones urbanas razonables y costos de vida contenidos, lo que podría representar una ventaja competitiva en un contexto de restricción económica nacional. Pero esa posición también subraya la necesidad de inversión sostenida en infraestructura física, conectividad digital y oportunidades económicas para que La Rioja no derive hacia el grupo de ciudades con peor desempeño, donde figuran la mayoría de las urbes del Norte Grande.