Mientras el gobernador apuesta su futuro a la presidencia, el PJ local se fragmenta en un triángulo de candidaturas anónimas. Milei cierra las puertas de la coparticipación mientras La Libertad Avanza posiciona a Gino Visconti como alternativa.
A medida que se acerca 2027, La Rioja vive un experimento político singular: un gobernador que ya no puede reelegirse y ha abandonado la provincia para construir su propio futuro nacional, un partido Justicialista que pretende mantener un edificio sin pilares, y una oposición que ensaya con precisión la estrategia más eficaz para fragmentar el voto peronista. El drama no es que el peronismo tenga varios candidatos a gobernador. Es que técnicamente no tiene ninguno.
Ricardo Quintela apostó su juego al presidencialismo. «Federales Somos Todos», el movimiento que construyó a lo largo de los últimos meses, lo catapultó desde la gobernación de una provincia empobrecida hacia una franja de negociación en el tablero nacional. Con Kicillof en Buenos Aires, buscando consolidar su propio espacio, Quintela halló una alianza que le permite jugar de igual a igual en las estructuras peronistas. Fue una decisión racional: la provincia ya estaba perdida. Mejor perder la provincia ganando una plataforma presidencial.
El problema es que esa decisión deja a La Rioja en manos de lo que podría llamarse, sin ironía, una aristocracia política de mujeres que no pueden concordar ni en los términos de la competencia. Florencia López, senadora nacional, tiene la estructura territorial que varias campañas provinciales construyeron en los últimos ciclos electorales. Teresita Madera, la vicegobernadora, posee lo más valioso en política argentina: la cercanía a Quintela y, por lo tanto, un acceso directo a los recursos fiscales que restan en la provincia. Gabriela Pedrali, la diputada nacional cuya biografía biológica —ser madre de los hijos de Quintela— la posiciona como una rival interna incómoda para Madera, intenta construir una candidatura desde afuera, sin la comodidad de los aparatos, pero con la ventaja de ser vista como «outsider» en el incesante juego de los Quintela.
Ninguna de las tres ha confirmado su candidatura. El peronismo riojano juega a las escondidas con las escondidas.
Entretanto, en la Cámara de Diputados, Martín Menem no ha estado ocioso. El presidente de la Cámara ha reconvertido su capital político nacional en un movimiento provincial que tiene nombre y candidato: Gino Visconti, diputado nacional, como abanderado de La Libertad Avanza. Visconti es el reclutamiento que esperaba La Rioja después de años de debilidad institucional de la oposición antiperonista. No es carismático, pero posee lo que el oficialismo busca con ansiedad: funcionalidad burocrática y alineamiento sin fisuras con las prioridades de Milei.
Esas prioridades, justamente, son el punto de quiebre entre Quintela y el gobierno nacional. Milei exige boleta única de papel. Quintela pidió un adelanto de coparticipación federal. El gobierno respondió a la exigencia fiscal de La Rioja con el silencio presupuestario: sin boleta única, sin coparticipación. Es el lenguaje de la política argentina contemporánea: la negociación ocurre en la retención de recursos.
El peronismo local, en su impotencia, resolvió jugar una última carta: la rehabilitación de la ley de lemas y el adelanto de elecciones provinciales. Si logra ambas cosas, podría ejecutar lo que la política argentina perfeccionó hace años: permitir que múltiples candidatos peronistas compitan, acumular votos bajo la fórmula Peronismo, y ganar una elección que de otro modo parecería perdida. Es la última maniobra de una estructura que sabe que está en retirada.
Visconti y Menem están a la espera. Saben que el peronismo riojano se debate entre el presidencialismo de Quintela, la territorialidad de López, el poder institucional de Madera y la insurgencia de Pedrali. Cuatro centros de poder sin coordinación es, en el lenguaje de la política provincial, sinónimo de derrota.
La provincia que votó a Quintela hace apenas cuatro años observa ahora cómo su gobernador construye un legado nacional mientras su partido se desmorona en las cumbres locales.
La arquitectura política de Quintela fue audaz mientras estuvo en el poder. Ahora que ese poder se desmorona por los términos constitucionales, la estructura que sostiene al peronismo riojano resulta indistinguible del vacío. Tres mujeres, ningún acuerdo, y Milei tocando la puerta del gobierno provincial con Visconti bajo el brazo.