La Rioja pierde autonomía fiscal y profundiza su dependencia nacional en diez años

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Los informes del IARAF muestran que entre 2016 y 2026 la provincia mantuvo una elevada dependencia de los recursos nacionales, perdió participación relativa en la distribución federal y quedó particularmente expuesta al recorte de transferencias iniciado en 2024. La mejora mensual de algunos envíos durante 2026 no alcanza todavía para revertir el deterioro acumulado.

Claves del informe

  • En 2016, los recursos de origen nacional representaban 80% de los ingresos riojanos.
  • Entre 2015 y 2024, La Rioja perdió 18% de participación relativa en la distribución secundaria de la coparticipación.
  • En 2023, las transferencias nacionales no automáticas equivalían al 17,5% del gasto primario provincial, la mayor incidencia del país.
  • Entre enero de 2024 y febrero de 2026, la provincia sufrió una pérdida acumulada de transferencias equivalente a $3.086.000 por habitante, a precios de febrero de 2026.

Una década atravesada por la misma restricción

La evolución fiscal de La Rioja durante la última década estuvo condicionada por una característica persistente: la provincia recauda una porción reducida de los recursos que necesita para financiar su estructura estatal y depende, en consecuencia, de la distribución de impuestos nacionales y de transferencias presupuestarias de la Casa Rosada.

Los trabajos del Instituto Argentino de Análisis Fiscal (IARAF) permiten seguir esa trayectoria desde el final del gobierno de Luis Beder Herrera, durante la administración de Sergio Casas y a lo largo de la gestión de Ricardo Quintela.

La serie no describe solamente un problema de cantidad de dinero. También muestra una cuestión institucional: La Rioja recibe coparticipación por el régimen general, pero históricamente reclama además compensaciones presupuestarias por el punto de coparticipación que dejó de percibir a fines de la década de 1980.

Esa combinación volvió a las cuentas provinciales especialmente sensibles a cada cambio de gobierno nacional, al nivel de actividad económica y a las decisiones discrecionales del Presupuesto.

2016: Nación explicaba ocho de cada diez pesos

En 2016, los ingresos de origen nacional representaban 80% de los recursos totales de La Rioja, según un relevamiento del IARAF citado al analizar la situación fiscal provincial. Sólo Santiago del Estero registraba una dependencia superior, con 83%.

La relación contrastaba con distritos de mayor capacidad tributaria o con regalías: los fondos nacionales representaban entonces 10% de los ingresos de la Ciudad de Buenos Aires, 25% de los de Neuquén, 29% de Buenos Aires y 32% de Chubut.

Desde el comienzo de la década, La Rioja se encontraba entre las provincias con menor autonomía para financiar su gasto con recaudación propia.

El contexto nacional parecía inicialmente favorable para las provincias. La eliminación gradual de la detracción del 15% de la masa coparticipable destinada a la ANSES y el Consenso Fiscal de 2017 elevaron la participación primaria del conjunto de provincias y CABA del 40,5% en 2015 al 48,6% en 2024.

Sin embargo, una mayor porción para el conjunto no implicó una mejora equivalente para cada jurisdicción. La distribución interna de esa masa —la denominada coparticipación secundaria— se modificó de manera desigual.

La Rioja fue la provincia que más participación relativa perdió

El IARAF calculó que, entre 2015 y 2024, Buenos Aires y CABA aumentaron su participación relativa dentro de la masa correspondiente a provincias en 73% y 15%, respectivamente.

Como la distribución secundaria funciona como un juego de suma cero, esa mejora tuvo como contrapartida la reducción de la participación del resto. La Rioja fue la jurisdicción con la mayor pérdida relativa: 18%.

El dato no significa que la provincia haya recibido menos pesos nominales durante todo el período. La inflación y el crecimiento de la recaudación nacional hicieron aumentar los montos corrientes. Lo que disminuyó fue su peso relativo dentro del reparto entre jurisdicciones.

Esta distinción es central: una provincia puede recibir más dinero nominal y, al mismo tiempo, perder capacidad real de compra o participación en la distribución federal.

2020: la asistencia extraordinaria sostuvo el resultado fiscal

La pandemia interrumpió la actividad económica y redujo la recaudación propia y nacional. Para evitar un deterioro mayor, el gobierno de Alberto Fernández aumentó las transferencias a las provincias y creó asistencias vinculadas con la emergencia sanitaria.

El IARAF estimó que los envíos extraordinarios por COVID a las jurisdicciones equivalieron a alrededor de 0,5% del PBI. Sin esos recursos, el consolidado provincial habría presentado un déficit primario equivalente al 0,3% del producto.

La Rioja quedó entre los distritos con mejor resultado primario en ese año. Cerró 2020 con un superávit equivalente al 6,7% de sus gastos totales, detrás de Santiago del Estero, con 23,8%, y Córdoba, con 8,7%.

Ese desempeño debe interpretarse dentro de su contexto. No reflejó necesariamente una expansión de la autonomía tributaria, sino el efecto combinado de transferencias extraordinarias y restricciones sobre distintas partidas de gasto durante la emergencia.

Durante el primer cuatrimestre de 2020, La Rioja también apareció entre las provincias más beneficiadas dentro de su grupo por el reparto de $100.000 millones en transferencias nacionales no automáticas.

2021-2022: normalización sin resolver la dependencia

La reapertura económica recuperó la recaudación vinculada con IVA, Ganancias e Ingresos Brutos. También se normalizaron gradualmente actividades, salarios y gasto público.

Sin embargo, la mejora cíclica no modificó la estructura fiscal riojana. La provincia continuó necesitando coparticipación, leyes especiales y partidas no automáticas para financiar salarios, servicios esenciales, obra pública e inversión.

La alta inflación, además, volvió insuficiente la lectura de montos nominales. Los recursos podían duplicarse en pesos y, aun así, perder poder adquisitivo. Por eso, el balance de la década exige comparar variaciones reales y recursos por habitante.

2023: las transferencias discrecionales financiaban 17,5% del gasto

En 2023, el IARAF midió la incidencia de las transferencias nacionales no automáticas —corrientes y de capital— sobre el gasto primario de cada jurisdicción.

La Rioja encabezó el ranking: esos envíos equivalían al 17,5% de su gasto primario. Jujuy aparecía segunda con 9,8% y Mendoza tercera con 8,5%. En Neuquén representaban apenas 2%.

La diferencia permite dimensionar el riesgo que enfrentaba la provincia ante un cambio de política nacional. Una eliminación completa de esos fondos obligaba a reemplazar casi uno de cada seis pesos del gasto primario con recaudación propia, deuda, reducción de erogaciones o asistencia financiera alternativa.

El indicador también ayuda a explicar por qué el ajuste aplicado desde diciembre de 2023 tuvo un efecto más intenso en La Rioja que en provincias con mayor autonomía tributaria o ingresos por regalías.

2024: el cambio de régimen expuso la vulnerabilidad acumulada

El gobierno de Javier Milei redujo drásticamente las transferencias no automáticas, paralizó gran parte de la obra pública nacional y aplicó un ajuste sobre el gasto federal. Simultáneamente, la recesión afectó los impuestos coparticipables.

De acuerdo con el IARAF, los ingresos reales por transferencias no automáticas por habitante del promedio provincial cayeron 70% entre 2023 y 2024. La Rioja, que partía de la mayor dependencia relativa, quedó particularmente afectada.

Al sumar recaudación propia, regalías y transferencias no automáticas, la capacidad real de gasto por habitante de La Rioja resultó en 2024 78,7% inferior a la de 2010. Fue la segunda mayor contracción del país, apenas por detrás de Formosa, con 80,6%.

La medición no incluye por sí sola toda la coparticipación automática y compara años seleccionados. No representa, por lo tanto, una caída de 78,7% del presupuesto completo. Describe el deterioro de los componentes sobre los cuales cada gobierno provincial dispone de mayor capacidad de decisión o negociación.

La pérdida acumulada entre 2024 y 2026 fue la mayor del país

Para evaluar el cambio ocurrido desde fines de 2023, el IARAF comparó el promedio mensual de transferencias de aquel año con los envíos recibidos entre enero de 2024 y febrero de 2026, expresados a precios de febrero de 2026.

La suma de transferencias automáticas y no automáticas cayó en las 23 provincias, mientras CABA registró un incremento. La Rioja sufrió la mayor pérdida por habitante: $3.086.000.

La siguieron Tierra del Fuego, con $1.980.000 por persona, y Formosa, con $1.776.000. Entre las menores pérdidas estuvieron Chubut, Mendoza y Córdoba, con valores de entre $463.000 y $533.000 por habitante.

El resultado combina dos fenómenos diferentes. Por un lado, la eliminación o reducción de partidas discrecionales. Por otro, la caída real de transferencias automáticas cuando disminuye la recaudación nacional de IVA, Ganancias y otros impuestos coparticipables.

2025-2026: la recaudación propia tampoco alcanza para compensar

La posibilidad de reemplazar recursos nacionales con impuestos provinciales es limitada. Un ejercicio teórico del IARAF analizó qué ocurriría si se dividiera el IVA y cada provincia debiera aplicar una alícuota propia para conservar los ingresos actuales.

En el caso de La Rioja, la alícuota conjunta necesaria sería de 52,9%, integrada por 10% nacional y 42,9% provincial. El propio instituto aclaró que se trata de un ejercicio teórico y que ese nivel sería imposible de implementar en la práctica.

El cálculo no constituye una propuesta tributaria. Expone la distancia entre la actividad gravada generada dentro de la provincia y los recursos que recibe mediante el sistema redistributivo federal.

Los últimos datos de recaudación propia refuerzan esa restricción. A mayo de 2026, los ingresos por Ingresos Brutos caían 12,6% real interanual en La Rioja, el segundo retroceso más elevado del país. La recaudación del impuesto de Sellos disminuía 14,7% real, también entre las mayores bajas provinciales.

En paralelo, las transferencias automáticas del consolidado provincial crecieron 7,5% real en julio de 2026, pero el acumulado enero-julio continuó 1,3% por debajo del mismo período de 2025. La mejora de un mes no alcanzó para revertir el balance anual.

Qué muestra la década

La década fiscal riojana puede dividirse en cuatro etapas. Entre 2016 y 2019 persistió una dependencia estructural, aun cuando aumentó la masa primaria destinada al conjunto de provincias.

En 2020, la asistencia extraordinaria de la Nación permitió sostener las cuentas durante la pandemia. Entre 2021 y 2023, la recuperación económica recompuso ingresos, pero mantuvo un peso elevado de las transferencias discrecionales.

Desde 2024, el retiro de esos fondos y la caída real de impuestos coparticipables trasladaron el ajuste al presupuesto provincial. La Rioja enfrentó ese cambio con una base tributaria reducida y escasas posibilidades de sustitución inmediata.

Conclusión: el problema trasciende una relación política coyuntural

Los informes del IARAF muestran que la fragilidad fiscal de La Rioja no comenzó con la actual disputa entre el gobernador Ricardo Quintela y el presidente Javier Milei. Ya en 2016, ocho de cada diez pesos de los ingresos provinciales dependían de recursos nacionales.

La confrontación política agravó y volvió visible una restricción anterior: la provincia necesita transferencias federales para sostener un nivel de gasto que su base económica y tributaria no puede financiar por sí sola.

La discusión de fondo incluye la coparticipación pendiente desde la reforma constitucional de 1994, el reclamo riojano por recursos compensatorios, la calidad del gasto provincial y la necesidad de ampliar la actividad privada formal.

Sin una reforma federal o un aumento sostenido de su base productiva, La Rioja continuará expuesta a cada recesión nacional y a cada modificación de las prioridades presupuestarias de la Casa Rosada.

Fuentes y metodología

Los porcentajes se presentan en términos reales cuando así lo informa el IARAF. Los montos corrientes no se comparan directamente entre años de elevada inflación. El período “última década” se utiliza para describir 2016-2026, aunque algunos estudios del instituto emplean 2015 o 2010 como base para mostrar cambios estructurales de largo plazo.

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