La alfabetización no necesita otra guerra de consignas: necesita resultados públicos, comprensibles y comparables. La Rioja ya fijó metas concretas para 2026. El paso institucional pendiente es convertir esas metas en una obligación periódica de rendición de cuentas.
Esta columna parte de información oficial y propone una regla sencilla: cada objetivo debe publicarse junto con su línea de base, denominador, avance, método de medición y explicación de los desvíos. Medir no resuelve por sí solo los problemas educativos, pero sin medición pública resulta imposible distinguir una mejora sostenida de una buena campaña de comunicación.
Claves de la columna
- El plan riojano prevé dos trayectos formativos con alcance planificado de 2.000 docentes cada uno, aunque los participantes pueden superponerse y no corresponde sumarlos como 4.000 personas distintas.
- La meta provincial es evaluar al 95% de los alumnos de 1.º y 3.º grado y mejorar 10% respecto de la línea de base la proporción ubicada en niveles satisfactorio y avanzado.
- El monitoreo 2025 registró avances, pero también demoras, definiciones normativas en desarrollo y resultados todavía bajo análisis al cierre del documento.
- Las evaluaciones deben orientar apoyos y recursos, no convertirse en un mecanismo de castigo ni reemplazar el juicio pedagógico.
Un plan que por fin admite ser medido
El Plan Operativo de Alfabetización 2026 de La Rioja, generado el 16 de diciembre de 2025 en el marco de la Resolución 509/25 del Consejo Federal de Educación, contiene metas verificables. Eso es una fortaleza y también un compromiso público.
El documento proyecta que el 85% de los docentes destinatarios participe de al menos una formación, que el 70% complete los trayectos y que el 50% mejore sus prácticas de enseñanza. Incluye 102 escuelas Alfa con tabletas y seguimiento mediante plataforma, acompañamiento situado para 200 escuelas y 18 acuerdos de cooperación con municipios.
También prevé evaluaciones provinciales en 1.º y 3.º grado, la aplicación de ERCE Escuelas en 3.º y la prueba nacional Aprender 2026. La cobertura buscada es del 95% de los estudiantes de esos grados. Para quienes presenten desempeños más bajos, el plan aspira a alcanzar al 60% con apoyos de tiempo adicional y a que la mitad mejore su desempeño.
La meta de aprendizaje está expresada como una mejora del 10% respecto de la línea de base en la proporción de alumnos con resultados satisfactorios o avanzados. No equivale necesariamente a diez puntos porcentuales: el valor final dependerá de la base utilizada y de la fórmula que la jurisdicción publique.
La deuda no está en la promesa, sino en la publicación
El monitoreo oficial de 2025 ofrece una fotografía útil, aunque no definitiva. Informó 1.420 docentes en formación y señaló que, al momento de la observación, se habían realizado dos encuentros presenciales y dos virtuales de los cuatro previstos en cada modalidad. El propio informe describió la implementación como demorada.
Ese documento también registró 28 proyectos de acompañamiento escolar mediante 14 institutos estatales de formación docente, 69 formadores y 187 docentes de escuelas asociadas. Confirmó, además, que 140 escuelas ofrecieron cinco horas semanales adicionales durante 2025.
Las dificultades declaradas no son menores: problemas de transporte en zonas rurales, superposición de horarios y un tope provincial de 20 horas por cargo. A la vez, varias definiciones —entre ellas lineamientos curriculares, reglas para la hora de lectura y responsabilidades de directores y supervisores— figuraban todavía en desarrollo, mientras los datos de las evaluaciones provinciales estaban en proceso de análisis.
Es importante no tergiversar ese registro. Los casilleros con 0% en la columna de “realizado 2025” no prueban por sí solos que no haya existido actividad: en varios casos indican que el dato no estaba medido o cargado al corte. Tampoco el informe permite afirmar cuál es el grado de ejecución actual en agosto de 2026. Precisamente por eso hace falta una actualización pública.
El contraargumento: la educación no cabe en una prueba
Hay una objeción atendible: reducir la alfabetización a un puntaje puede invisibilizar la asistencia, la inclusión, el contexto familiar, la ruralidad, el clima escolar y el trabajo cotidiano de los docentes. Además, una comparación mal diseñada puede premiar a quien recibe una población con mayores ventajas y castigar a quien enfrenta las mayores dificultades.
Ese argumento no justifica la opacidad. Obliga a medir mejor. Los resultados deben desagregarse por región, ámbito rural o urbano, sector de gestión y condiciones socioeducativas, siempre sin identificar a estudiantes. También deben acompañarse con indicadores de asistencia, permanencia, participación docente y disponibilidad efectiva de materiales.
La prueba ERCE Escuelas, según la metodología oficial, funciona como diagnóstico interno al comienzo y al final de 3.º grado para orientar decisiones pedagógicas. Ese uso formativo es compatible con una rendición de cuentas agregada: la escuela necesita información para enseñar y la sociedad necesita información para saber si la política funciona.
La salida institucional
La Rioja debería publicar un tablero trimestral del plan. No una lista de anuncios, sino una matriz estable con cinco datos para cada meta: línea de base, población objetivo, avance acumulado, método y fecha de actualización. Cuando una meta no se alcance, la explicación debe ser tan visible como el porcentaje.
Ese esquema permitiría dirigir mejor las horas adicionales, la formación docente, los materiales y el acompañamiento situado. También ayudaría a distinguir problemas presupuestarios de fallas de diseño o ejecución, y daría continuidad a la política más allá de los cambios de autoridades.
El antecedente nacional confirma la urgencia. Aprender 2024, una muestra de 91.042 estudiantes de 3.º grado en 4.178 escuelas, encontró que solo el 45% alcanzaba los niveles de lectura esperados. En escuelas estatales la proporción fue del 40%, frente al 62% en las privadas. Es una medición nacional muestral, no un resultado automático atribuible a La Rioja, pero marca la escala del desafío.
La vara correcta
El éxito no se contará por la cantidad de reuniones, tabletas entregadas o convenios firmados. Se contará por más chicos que comprendan lo que leen y por menos desigualdad entre escuelas y territorios.
La transparencia no debilita una política educativa: la protege. Permite sostener lo que funciona, corregir lo que falla y pedir recursos con evidencia. La Rioja ya escribió sus metas; ahora debe publicar el camino y los resultados.
Fuentes directas
- Consejo Federal de Educación, Plan Operativo de Alfabetización 2026 de La Rioja, documento generado el 16 de diciembre de 2025.
- Consejo Federal de Educación, Monitoreo 2025 del Plan de Alfabetización de La Rioja, informe de cierre elaborado en el marco de la Resolución CFE 509/25.
- Secretaría de Educación de la Nación, resultados de Aprender Alfabetización 2024, 6 de mayo de 2025.
- Secretaría de Educación de la Nación, ficha metodológica de Aprender Primaria 2024, consulta del 5 de agosto de 2026.
- Secretaría de Educación de la Nación, metodología de ERCE Escuelas, consulta del 5 de agosto de 2026.
