La provincia registra un 23,1% de irregularidad en el crédito familiar, el porcentaje más alto de Argentina. El economista y docente José Nicolás Casas cruzó ese indicador con datos de BYMA sobre participación en inversiones y planteó un interrogante: “La Rioja, ¿la peor en educación financiera?”. Los números muestran una situación crítica, aunque no permiten establecer por sí solos una relación causal.
La combinación de dos estadísticas nacionales puso a La Rioja en el centro de un debate sobre endeudamiento, ahorro, inversión y educación financiera.
El economista y docente José Nicolás Casas difundió en X una comparación entre el último mapa de morosidad elaborado por CEPA sobre datos de CENDEU y las estadísticas de BYMA sobre participación de la población económicamente activa en el mercado de capitales.
“La Rioja, ¿la peor en educación financiera?”
Su argumento parte de dos variables: la provincia presenta la mayor irregularidad crediticia del país y, simultáneamente, una participación relativamente baja de su población económicamente activa en inversiones.
La Rioja encabeza la mora
El dato más contundente corresponde a junio de 2026. El relevamiento de CEPA ubica a La Rioja primera entre las 24 jurisdicciones, con un ratio de irregularidad del crédito familiar del 23,1%.
Detrás aparecen Catamarca y Santa Cruz, con 20,6%; San Luis, con 20,5%; y San Juan, con 20%. En La Rioja, además, el relevamiento contabiliza 70.141 deudores morosos.
La magnitud permite dimensionar el deterioro: prácticamente uno de cada cuatro pesos correspondientes al crédito considerado por el indicador provincial se encuentra en situación irregular.
El contraste con las inversiones
Casas contrapuso esa situación con otro mapa, elaborado a partir de información de BYMA y Caja de Valores, que mide qué porcentaje de la población económicamente activa participa efectivamente del mercado de capitales.
A nivel nacional, el crecimiento de las cuentas de inversión fue extraordinario: más de 12,3 millones de personas poseen al menos una cuenta comitente, aunque la cantidad de usuarios que efectivamente operan cada mes es sustancialmente menor.
La Rioja aparece lejos de las jurisdicciones con mayor penetración de inversiones. De allí surge el interrogante formulado por Casas: ¿una provincia con semejante nivel de morosidad y baja participación en inversiones enfrenta también un problema de educación financiera?
Una relación que no puede darse por probada
El planteo abre una discusión válida, aunque estadísticamente no puede afirmarse que una variable sea consecuencia directa de la otra.
Una elevada mora puede estar relacionada con educación financiera, pero también con caída del poder adquisitivo, salarios, informalidad laboral, costo del financiamiento, tasas de interés, sobreendeudamiento y necesidad de recurrir al crédito para afrontar gastos corrientes.
Del mismo modo, una baja participación en inversiones no necesariamente significa desconocimiento financiero. Para invertir primero debe existir capacidad de ahorro.
Ese punto resulta particularmente relevante para interpretar la situación riojana: una familia que destina prácticamente todos sus ingresos a alimentos, vivienda, servicios y cancelación de deudas dispone de mucho menos margen para constituir ahorro e ingresar al mercado de capitales.
Una señal de alarma para La Rioja
Más allá de la discusión sobre las causas, el indicador objetivo resulta difícil de relativizar: La Rioja posee el mayor ratio de irregularidad crediticia familiar del país.
El cruce realizado por José Nicolás Casas incorpora una segunda dimensión y abre una discusión que excede la mora: cuánto conocen los riojanos sobre crédito, tasas, endeudamiento, ahorro e inversión y, fundamentalmente, cuánto margen económico tienen realmente para elegir entre endeudarse, ahorrar o invertir.
La pregunta sobre educación financiera queda abierta. Los datos, en cambio, dejan una certeza mucho más inmediata: La Rioja está en el extremo más crítico del mapa argentino de morosidad familiar.






