Con un modelo replicado de experiencias europeas, la provincia convierte el mostrador farmacéutico en un sensor territorial de alerta temprana. La iniciativa articula a colegios profesionales y la obra social estatal ante la crisis de contención social.
El envejecimiento poblacional y las crecientes barreras de acceso a la salud abrieron un debate urgente en la agenda social argentina: cómo detectar el aislamiento y la vulnerabilidad en la tercera edad antes de que deriven en emergencias clínicas o situaciones de abandono. Frente a este desafío, La Rioja puso en marcha el programa “Farmacias Amigas de Personas Mayores”, una política pública pionera en el país y en Sudamérica que redefine el rol asistencial del sector farmacéutico.
La iniciativa, impulsada por el Ministerio de Desarrollo, Igualdad e Integración Social a través del Consejo para el Adulto Mayor, busca aprovechar la capilaridad territorial de los locales farmacéuticos. Al ser los adultos mayores el grupo etario con mayor frecuencia de tránsito para el retiro de tratamientos crónicos, el programa capacitará al personal de despacho para identificar signos de soledad involuntaria, deterioro cognitivo o falta de redes de contención familiar.
Abordaje profesional y articulación institucional
El ministro Alfredo Menem precisó los alcances del dispositivo: «Las personas mayores son quienes más transitan por las farmacias. El objetivo es que ese contacto cotidiano adquiera una nueva dimensión sociosanitaria. Vamos a capacitar a quienes están detrás del mostrador junto a gerontólogos y trabajadores sociales para actuar con empatía y activar canales de derivación rápida».
El esquema integra a la obra social provincial APOS —a través de su red Farma APOS—, la Cámara de Farmacias y los colegios profesionales de la provincia. Cuando los dependientes detecten señales de desamparo, se generarán alertas automáticas hacia equipos interdisciplinarios del Estado para evaluar visitas domiciliarias y asistencia social directa.
Precedente internacional con proyección federal
El modelo toma como referencia los protocolos comunitarios implementados con éxito en España, particularmente en la comunidad de La Rioja española y la región de Logroño. La adaptación riojana busca sentar un precedente para otras jurisdicciones del país que enfrentan el desgranamiento de los lazos familiares por la crisis económica y el encarecimiento de los cuidados informales.
En un contexto nacional donde el repliegue de programas federales traslada mayores responsabilidades asistenciales a los distritos, la provincia apuesta a la articulación público-privada para sostener el tejido social desde la cercanía comunitaria.
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