En el oficialismo advierten que la capacidad de mando del gobernador se extingue sin un sucesor competitivo tras el fallido intento de instalar a Gabriela Pedrali y el desembarco con Armando Molina. Mientras el mandatario desconfía de Teresita Madera y azuza la pelea entre los caciques del interior, su plan nacional pierde tracción y asoma una banca en el Congreso como único refugio.
En las mesas más reservadas del Partido Justicialista riojano comenzó a circular un diagnóstico tan lapidario como pragmático: a la gestión de Ricardo Quintela le quedan apenas cinco meses de vida política real. Aunque su mandato constitucional expira formalmente el 10 de diciembre de 2027, la dirigencia peronista calcula que el inicio del próximo año parlamentario marcará la pérdida definitiva de la iniciativa estatal, abriendo un escenario de adelantamiento electoral inminente donde los intendentes y legisladores ya operan en modo de supervivencia individual.
Frente a la debilidad de las cuentas provinciales y el avance sostenido de La Libertad Avanza en todo el territorio, amplios sectores del PJ riojano reclaman adelantar las elecciones provinciales para mayo de 2027. La estrategia persigue un objetivo de máxima necesidad: desacoplar la contienda provincial de los comicios nacionales para evitar que el arrastre de Javier Milei arrase con las intendencias y las bancas legislativas, una jugada que anticipa el vaciamiento del poder en la Casa de las Tejas.
Sin delfín propio: del repliegue de Pedrali a la ficha de Armando Molina
El principal drama que atraviesa Quintela radica en la orfandad de una figura propia capaz de garantizar la continuidad de su modelo. Tras comprobar que la instalación de la diputada nacional Gabriela Pedrali no logró penetración electoral en el interior ni en los barrios populares de la Capital, el gobernador resolvió jugar la carta de Armando Molina, una decisión acelerada tras conocerse los datos de encuestas reservadas que señalan que el 70% del electorado riojano rechaza votar por una mujer para ocupar la gobernación.
Sin embargo, el mandatario observa con profunda desconfianza a su vicegobernadora, Teresita Madera, a quien se resiste a convalidar como su sucesora natural. Para esmerilar su armado con la CGT y ponerle límites a sus aspiraciones, el quintelismo comenzó a mimar políticamente a la senadora nacional Florencia López, alentando su postulación desde el departamento Arauco para dividir el voto femenino del oficialismo.
El juego de tronos en el interior: Del Moral a la cancha y fuego cruzado en Chilecito
En su intento por evitar que el PJ se ordene detrás de una candidatura que escape a su control, Quintela habilitó la dispersión en el interior profundo. Autorizó al ex ministro de Infraestructura, Marcelo Del Moral, a salir a caminar la provincia para medir sus posibilidades desde el departamento Castro Barros, sumando un nuevo contendiente a la pulseada por el Ejecutivo.
En simultáneo, el gobernador azuza el enfrentamiento en Chilecito, el segundo distrito electoral de la provincia. La Casa de las Tejas alimenta el choque directo entre el intendente Rodrigo Brizuela y Doria y el senador nacional Fernando Rejal, una maniobra destinada a fragmentar el poder del oeste riojano e impedir que emerja un liderazgo unificado que dispute la lapicera provincial. El vacío del acto de la Lealtad en suelo chileciteño fue la confirmación explícita de una fractura que el propio oficialismo provincial promueve para no perder el arbitraje final.
Menem al frente de los sondeos y el refugio en una banca nacional
Mientras el peronismo se desangra en disputas de palacio, el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Martín Menem, consolida su liderazgo en todos los sondeos de opinión pública, tanto en las planillas libertarias como en las que maneja el gobierno provincial. La polarización ideológica y el desgaste de la administración riojana colocan al dirigente de La Libertad Avanza como el rival a vencer en el cuarto oscuro, capitalizando el rechazo ciudadano a la emisión de cuasimonedas y los recargos impositivos extraordinarios.
Ante este panorama adverso, el proyecto presidencial de Quintela comienza a desvanecerse sin retorno. Relegado del radar de las principales terminales del justicialismo en Buenos Aires —donde la interna se dirime entre el encierro de Cristina Kirchner y las dudas de Axel Kicillof—, el mandatario riojano asume que su construcción nacional carece de densidad federal. En su entorno más íntimo ya admiten que la única salida política viable para resguardar su futuro y garantizarse inmunidad será encabezar la lista a diputado nacional en 2027, cerrando un ciclo de poder que transita sus meses más difíciles.



