El periodista fustigó al gobernador riojano tras sus reiteradas declaraciones donde planteó la salida anticipada de Javier Milei del poder. Cuestionó la contradicción de invocar las instituciones democráticas mientras se emiten los Chachos y afirmó que el mandatario provincial carece de peso real en el peronismo nacional.
Las controvertidas declaraciones del gobernador Ricardo Quintela sobre el mandato de Javier Milei tuvieron una dura repercusión en los medios porteños. Durante la emisión de su programa matutino, el conductor y analista político Antonio Laje dedicó un encendido bloque editorial a desmenuzar las afirmaciones del mandatario riojano, calificándolo de antidemocrático por proponer un gobierno de transición que asuma antes de la finalización del período constitucional en diciembre de 2027.
«La verdad no sorprende viniendo del personaje en cuestión, pero cada vez más golpista está Ricardo Quintela. Dice ‘yo no soy golpista, pero quisiera que se vaya ya y que venga un gobierno de transición’. Más golpista no existe. Lo increíble es que él no se asume como tal y cree que es totalmente normal que una administración termine antes de los cuatro años», disparó Laje tras reproducir el intercambio televisivo que el gobernador mantuvo días atrás con Débora Plager.
De la legalidad democrática a la emisión de cuasimonedas
El periodista contrastó la insistencia de Quintela sobre el cumplimiento de las leyes con las medidas económicas excepcionales implementadas en territorio riojano. Laje remarcó la incoherencia de cuestionar la legitimidad del Ejecutivo nacional mientras en la provincia se recurre a la circulación forzosa de instrumentos no regulados para hacer frente a las obligaciones salariales de la administración pública.
«Quintela dice que este gobierno no es democrático porque no cumple con la ley de financiamiento universitario, pero hablame de incumplimiento institucional cuando emitís una moneda falsa y le pagás los sueldos a tu gente con una moneda trucha como los Chachos. ¿Qué querés más antidemocrático que pagar salarios con papeles provinciales?», fustigó el conductor, sumando el bono de cancelación de deuda al inventario de anomalías institucionales del oficialismo riojano.
Sin volumen nacional: «No mueve el amperímetro»
En el análisis político de la mesa, el comunicador desestimó que los discursos confrontativos de la Casa de las Tejas logren hacer mella en la estabilidad de la administración libertaria. Por el contrario, consideró que la retórica radicalizada del mandatario termina favoreciendo al relato oficialista de la Casa Rosada al exhibir una oposición sin apego al calendario democrático.
«Más allá de los disparates que dice, Quintela no te mueve el amperímetro. Es inexistente en la política a nivel nacional. En el propio peronismo lo quieren correr porque no corre en la discusión grande, por más que tenga la ambición de ser candidato a presidente», señalaron en el programa, marcando el aislamiento que el riojano experimenta frente a las principales terminales del justicialismo metropolitano.
El riesgo político y la mirada de los mercados
El debate mediático conectó además con el comportamiento de los activos financieros argentinos y la evolución del riesgo país en torno a los 650 puntos básicos. Los analistas del ciclo explicaron que la brecha de rendimiento entre los bonos que vencen antes de las elecciones presidenciales y los títulos con vencimiento en 2028 refleja el recelo de Wall Street ante la posibilidad de que sectores del peronismo retomen el poder y promuevan reestructuraciones de deuda o estatizaciones compulsivas, como las que pregona el propio Quintela.
La embestida televisiva contra la figura del mandatario riojano profundiza el cerco mediático que enfrenta la gobernación en la Capital Federal. Mientras Quintela intenta capitalizar su perfil de opositor intransigente para ganar espacio en la discusión partidaria, los principales formadores de opinión pública porteños encuadran sus pronunciamientos como un intento de desestabilización institucional, debilitando su proyección federal a medida que se acortan los tiempos hacia el recambio político.



