Martín Menem acelera hacia la gobernación con un plan de 100 días y el PJ teme perder el invicto histórico de 1983

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El presidente de la Cámara baja consolida sus equipos técnicos bajo la premisa de heredar «tierra arrasada» en la administración provincial. Mientras los intendentes y aliados presionan para desdoblar las elecciones en mayo y esquivar la ola nacional, Ricardo Quintela prefiere unificar en octubre para encabezar la lista a diputado nacional y digitar al postulante del peronismo.

El tablero político riojano ingresó en una fase de definiciones estratégicas. Con sondeos que lo ubican al frente de las preferencias electorales con entre 30 y 35 puntos de intención de voto, el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación, Martín Menem, avanza a paso firme hacia la formalización de su candidatura a gobernador por La Libertad Avanza para 2027. La oposición no peronista aguarda con expectativa la convocatoria formal a las urnas, convencida de que el ciclo de poder justicialista exhibe signos de agotamiento terminal.

En el seno del peronismo provincial el clima es de máxima preocupación. Por primera vez desde la recuperación democrática en 1983 —tras más de cuatro décadas de hegemonía ininterrumpida que abarcaron las gestiones de Carlos Menem, Bernabé Arnaudo, Ángel Maza, Luis Beder Herrera, Sergio Casas y el propio Ricardo Quintela—, el Partido Justicialista percibe una amenaza real y concreta de ser desalojado de la Casa de las Tejas.

El plan de emergencia y el diagnóstico de «tierra arrasada»

Puertas adentro de La Libertad Avanza, Menem ya encomendó a sus mesas técnicas el diseño de un «Plan de Emergencia de 100 días» para aplicar desde el minuto cero en caso de consagrarse en las urnas. Los equipos libertarios trabajan bajo una premisa categórica: el próximo gobierno recibirá una provincia en situación de «tierra arrasada».

El diagnóstico opositor enumera pasivos financieros complejos: el default y los litigios del Parque Eólico Arauco, el déficit estructural del entramado de empresas estatales (SAPEM), la masa de cuasimonedas Chachos aún en circulación y un esquema salarial público distorsionado donde el 40% de los ingresos se abona en conceptos no remunerativos mediante «la quincenita».

A ello se añade la contracción del sector privado, con La Rioja liderando las estadísticas nacionales de cierre de empresas —más de 500 firmas extinguidas en los últimos años— y las alertas productivas encendidas tanto en el cordón olivícola de Arauco como en la vitivinicultura de Chilecito. El programa meniemista prevé una auditoría general de gastos, la revisión de los regímenes contractuales y una profunda desregulación impositiva.

La pulseada del calendario: desdoblar en mayo o esperar a octubre

La definición del cronograma electoral abrió una fisura táctica entre el gobernador y su propia tropa territorial. Los intendentes del interior y los legisladores que responden a aspirantes como la vicegobernadora Teresita Madera reclaman con urgencia desdoblar los comicios provinciales para mayo de 2027.

La estrategia de los jefes comunales apunta a municipalizar la contienda, blindarse del arrastre de la boleta nacional de Javier Milei y apelar a la Cláusula Transitoria Octava de la flamante Constitución para multiplicar listas de convencionales municipales y colectoras, asegurando la supervivencia del aparato territorial.

Sin embargo, en la intimidad de la Residencia Oficial, Quintela analiza una jugada personal diferente: inclinar la balanza hacia la unificación en octubre. El mandatario sabe que su única salida institucional tras culminar su mandato constitucional es asegurarse una banca en el Congreso de la Nación como diputado nacional. Ir a comicios conjuntos le permitiría encabezar la boleta sábana, retener la lapicera en exclusividad para elegir con el dedo a su sucesor y obligar a todo el peronismo a militar su propia candidatura para garantizarle fueros y proyección política federal.

El desgaste del oficialismo y la dispersión sucesoria

La posibilidad de unificar en octubre desata pánico en las bases partidarias. El último informe de CB Consultora confirmó que Quintela cayó al último puesto del ranking nacional de gobernadores con un 54,1% de imagen negativa, mientras que el intendente capitalino Armando Molina se hundió al penúltimo lugar del país con un demoledor 66,3% de desaprobación.

En ese marco de vulnerabilidad en la Capital —distrito que concentra más del 50% de los electores—, atar la suerte provincial al plano nacional aparece como una invitación al suicidio político para los caciques departamentales. A esa debilidad cuantitativa se suma la proliferación desordenada de aspirantes en el peronismo: Madera sostenida por el sindicalismo y Teresita Luna; Gabriela Pedrali y Florencia López en competencia activa; el exgobernador Beder Herrera midiendo 23 puntos desde Finca La Seis; y los intendentes del interior, con Rodrigo Brizuela y Doria a la cabeza, advirtiendo que no aceptarán imposiciones desde la Capital.

Mientras el oficialismo debate cómo evitar una derrota histórica, Martín Menem aprovecha el desgaste del gobierno provincial. Con el respaldo irrestricto de Balcarce 50 y la marca libertaria consolidada, la oposición cuenta los días para el llamado a elecciones, sabiendo que el peronismo riojano libra una batalla desesperada por salvar cuatro décadas de hegemonía ininterrumpida.

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