El jefe de Gabinete perdió el manejo de la Secretaría General de la Gobernación, el Banco Rioja y la constelación de empresas estatales, quedando relegado en la toma de decisiones. El gobernador frenó su desembarco en el máximo tribunal de justicia en medio de recelos por su génesis en los «Beder Boys» y las sospechas de lealtad en el tramo final del mandato.
La reconfiguración del poder en la Casa de las Tejas se cobró a su víctima política de mayor envergadura. Quien durante años fuera considerado el indiscutido número dos del gobierno riojano, el jefe de Gabinete Juan Luna Corzo, atraviesa su hora más crítica dentro de la administración pública provincial. De acuerdo con fuentes inobjetables de la Gobernación, Ricardo Quintela resolvió frizar por tiempo indeterminado el envío de su pliego a la Cámara de Diputados para ocupar una de las dos vacantes disponibles en el Tribunal Superior de Justicia (TSJ), abortando lo que se perfilaba como su retiro dorado hacia la cúpula del Poder Judicial.
El freno a su designación en el máximo tribunal no es un hecho aislado, sino el corolario de un proceso metódico de desgaste institucional. En los pasillos del palacio gubernamental ya nadie disimula que el jefe de ministros quedó en «modo base»: despojado de la botonera administrativa, sin manejo de recursos discrecionales y apartado de las mesas donde se definen las políticas estratégicas de la provincia.
El desguace de un imperio administrativo
La caída en desgracia de Luna Corzo contrasta de manera elocuente con el poder omnímodo que concentró durante el primer mandato de Quintela. En aquel período, el jefe de Gabinete no solo articulaba el vínculo diario con los ministros, sino que ejercía de hecho la conducción de la Secretaría General de la Gobernación, administraba la caja política del Banco Rioja y fiscalizaba el funcionamiento del entramado de empresas públicas con participación estatal mayoritaria (SAPEM).
Ese esquema de concentración comenzó a resquebrajarse de manera irreversible con el desembarco del diputado nacional Ricardo Herrera en la Secretaría General de la Gobernación. La llegada de Herrera le arrebató el control de los expedientes sensibles y los resortes del despacho del gobernador, limitando a Luna Corzo a una figura estrictamente protocolar.
Posteriormente, la pérdida de influencia sobre las decisiones financieras del Banco Rioja y el traspaso del control operativo de las SAPEM terminaron de vaciarlo de poder real. «Quedó sin caja y sin estructura; hoy firma resoluciones de mero trámite pero no tiene injerencia en el destino de los fondos públicos ni en la estrategia electoral», graficó un legislador que frecuenta el despacho gubernamental.
La estirpe de los «Beder Boys» y las dudas en el círculo íntimo
El origen político de Juan Luna Corzo siempre despertó desconfianzas soterradas en el riñón del quintelismo puro. El actual jefe de ministros fue una de las creaciones más pulidas de Luis Beder Herrera durante su década de hegemonía provincial, integrando aquella recordada camada de jóvenes cuadros técnicos bautizada como los «Beder Boys», quienes ocuparon ministerios estratégicos —Luna Corzo fue ministro de Educación bajo ese esquema— para desplazar a la vieja guardia justicialista.
Aunque Quintela lo sumó a su proyecto en 2019 para dotar a su gestión de volumen técnico y ordenar el aparato administrativo, la convivencia siempre estuvo supeditada a un pacto de lealtad absoluta. En los últimos meses, con Beder Herrera reactivando su búnker en Finca La Seis, exhibiendo sondeos con 23 puntos de intención de voto y operando para vetar la postulación de Teresita Madera, en la Residencia Oficial comenzaron a mirar de reojo los movimientos del jefe de Gabinete.
«Algo se quebró en la relación personal entre Quintela y Juan Luna. El gobernador detectó que no había un alineamiento ciego en momentos donde se exige abroquelamiento total frente al embate de la Casa Rosada y la oposición libertaria», deslizan operadores del oficialismo.
El cerrojo en el TSJ y la incertidumbre del recambio
La postergación de su pliego judicial adquirió mayor resonancia tras las declaraciones de la vocal del TSJ y presidenta del Consejo de la Magistratura, Karina Becerra, quien había confirmado públicamente que la cobertura de las dos vacantes en el tribunal de siete miembros permanecía «latente» y a la espera de una definición inminente del Poder Ejecutivo.
Con el nombre de Luna Corzo descartado en los hechos por la lapicera del mandatario, se abre una incógnita sobre qué figuras propondrá Quintela para completar el máximo órgano judicial antes del cierre del período ordinario en la Legislatura. En tribunales descuentan que los casilleros serán reservados para perfiles de estricta lealtad política capaces de resistir las futuras auditorías penales que La Libertad Avanza ya promete impulsar sobre los manejos de la administración justicialista.
El eclipse político del jefe de Gabinete confirma el clima de purga silenciosa que atraviesa el oficialismo riojano en el tramo final del mandato de Quintela. En un gobierno acorralado por el desgaste de la gestión en la Capital y la falta de liquidez económica, los espacios de poder se estrechan a su mínima expresión, y aquellos dirigentes que no pertenecen a la guardia pretoriana del caudillo capitalino comienzan a pagar el costo del repliegue.




