En la Casa de las Tejas y en la sede partidaria del PJ dan por saldada la deuda histórica con el actual senador nacional tras haberlo acompañado en dos elecciones ejecutivas. Con el intendente Rodrigo Brizuela y Doria distanciado de la estructura departamental y el ministro Ernesto Pérez marcando la cancha, el gobernador profundiza el recorte de poder sobre los caciques tradicionales del interior.
La purga política que Ricardo Quintela viene ejecutando sobre los principales centros de poder del justicialismo riojano sumó un nuevo y determinante objetivo territorial. Tanto en los pasillos de la Casa de Gobierno como en las mesas de café de la conducción del Partido Justicialista existe una coincidencia unánime: el gobernador está decidido a cortarle las alas de manera definitiva al histórico «clan de Chilecito», la corporación política que durante las últimas dos décadas hegemonizó las candidaturas, los ministerios y las bancas nacionales en representación del segundo distrito electoral de la provincia.
La mira del mandatario está puesta directamente sobre la figura del senador nacional Fernando Rejal. En el círculo íntimo de la Gobernación sostienen que las facturas del pasado quedaron absolutamente canceladas. Quintela considera que la lealtad que el dirigente chileciteño demostró al secundarlo como candidato a vicegobernador en las frustradas intentonas electorales de 1999 y 2007 ya fue debidamente recompensada con creces a lo largo de los últimos años, coronándolo en 2023 con una banca en la Cámara Alta de la Nación.
La cuenta saldada y el freno a las ambiciones sucesorias
«Fernando ya cobró todo lo que tenía que cobrar por aquellas dos campañas. Llegó al Senado de la Nación y ocupó lugares estratégicos en el gabinete y en la Legislatura. No hay ninguna deuda pendiente que justifique que ahora pretenda condicionar la fórmula gubernamental de 2027», sintetizan operadores de trato diario con el despacho del gobernador.
Esa postura de cerrojo fue exteriorizada sin rodeos por una de las espadas más leales del quintelismo puro, el ministro de Producción y Desarrollo Económico, Ernesto «Harry» Pérez. En declaraciones que retumbaron en la dirigencia del oeste, Pérez fue categórico al delimitar el terreno de Rejal, advirtiendo que las aspiraciones personales no pueden imponerse por encima del proyecto provincial ni arrogarse una representación que el territorio ya no convalida de manera automática.
En la Casa de las Tejas interpretan que Rejal intenta hacer valer una antigüedad que hoy choca con el desgaste del oficialismo en las encuestas, donde el avance libertario de Martín Menem amenaza con romper la hegemonía justicialista en los principales centros urbanos del interior.
La fractura con Brizuela y Doria y el aislamiento de la vieja guardia
El operativo de pinzas contra el clan chileciteño se vio facilitado por la propia fractura interna del peronismo perla. El actual intendente de Chilecito, Rodrigo Brizuela y Doria, consumó un distanciamiento irreversible respecto a la estructura tradicional que durante años comandaron Rejal y el exintendente Lázaro Fonzalida.
El quiebre quedó a la vista de toda la provincia durante el último 17 de octubre, cuando Brizuela y Doria vació el acto departamental del PJ dejando solos a Rejal y Fonzalida en la sede local. El mandatario comunal decidió armar su propio juego: proclamó públicamente que «es el momento de los intendentes» para suceder a Quintela, no descartó incorporar a su hermana Inés a un futuro gabinete y se desmarcó de la conducción histórica del departamento.
En paralelo, el oficialismo provincial comenzó a tejer alianzas directas para horadar el suelo del clan en Chilecito. La vicegobernadora Teresita Madera selló un acuerdo con el diputado provincial Raúl Cabral para lanzarlo como precandidato a intendente de la Perla del Oeste, mientras que el Frente Renovador de Sergio Massa e Ismael Bordagaray impulsa al rector de la Universidad Nacional de Chilecito (UNDEC), César Salcedo, como una carta académica de renovación para la Cámara de Diputados de la Nación.
La ofensiva generalizada contra los barones del PJ
El avance sobre el enclave chileciteño se inscribe en un plan sistemático de Quintela para despejar el tablero sucesorio de tutelas y condicionamientos antes de fin de año. La poda sobre el poder de Rejal replica el mismo patrón que dejó al jefe de Gabinete, Juan Luna Corzo, en «modo base» y con su pliego judicial para el TSJ frizado, y que derivó en la decisión de degradar el Ministerio de Vivienda a secretaría para recortarle presupuesto y autonomía a Ariel Puy Soria.
El gobernador busca llegar a 2027 sin patrones departamentales que le disputen la lapicera. Consciente de que los números de la Capital le son adversos y de que su objetivo de máxima es encabezar la nómina de diputados nacionales para asegurarse fueros parlamentarios, Quintela acelera el desguace de las viejas corporaciones del PJ riojano, decidido a imponer una conducción vertical que responda sin fisuras a su propio diseño de supervivencia política.




