Eduardo Menem: «El kirchnerismo ha colonizado al peronismo»

Fue senador durante 22 años y presidió Argentina -como tercera autoridad del Estado- por 280 días; tomó juramento a Carlos Menem, su hermano, cuando este asumió el cargo como mandatario en 1989, y lideró la Convención para la reforma de la Constitución en 1994.

Eduardo Menem (La Rioja, Argentina, 1938) pertenece al Partido Justicialista (PJ, peronista), uno de los dos tradicionales de la política argentina -junto con la Unión Cívica Radical (UCR)-, el mismo con el que el propio Juan Domingo Perón, su hermano o el actual mandatario, Alberto Fernández, llegaron a la Casa Rosada.

«No he cambiado mi afiliación. (Pero) Hoy no me siento representado por las autoridades que se hicieron cargo del partido, porque son kirchneristas», expresa el abogado, que concede una entrevista a EFE en Buenos Aires.

Muy crítico con la «confrontación permanente» que, considera, se ha instalado en la política argentina «desde 2003», con los mandatos de los también peronistas Néstor Kirchner (2003-2007), Cristina Fernández (2007-2015) y Alberto Fernández (2019-actualidad), siente que «el kirchnerismo ha colonizado al peronismo».

«Hablan del peronismo cuando necesitan usar el sello, pero, si no, hablan de Frente de Todos, antes Frente para la Victoria, hablaban de Unidad Ciudadana… Pero no nombraban al peronismo. Cuando lo necesitan, sí. Creo que han desvirtuado los principios fundamentales del peronismo», afirma.

Frente a lo que él llama «la política como conflicto» y califica de «clima de odio», defiende los dos Gobiernos de Carlos Menem (1989-1999) señalando que «se vivía un clima de democracia y no había enfrentamiento como hay ahora, donde se habla de la brecha».

«Si hay algo de lo mucho que se puede rescatar del presidente Menem es que estableció en el país un clima de no confrontación, un clima de concordancia, un clima de buenas relaciones, un clima sin persecuciones, no se persiguió a nadie, no había listas negras en los medios», explica el exsenador.

Menem resalta la política económica, que incluyó la convertibilidad peso-dólar en un contexto de hiperinflación y la privatización de empresas estatales, y la exterior -con la inclusión de Argentina en la creación del Mercado Común del Sur (Mercosur) en 1991-, como aspectos relevantes de la gestión de su hermano.

«Esto no gustó a los de izquierda, otros vieron con envidia que Menem hizo cosas que ellos no pudieron hacer y empezó una campaña de demonización» de su figura, «que llegó a límites ridículos», denuncia Eduardo Menem, 8 años menor que el expresidente, quien murió en 2021.

En su opinión, «la gente pudo planificar un futuro», mientras que en la actualidad «cambian las reglas del juego todos los días», lo que «no es saludable para traer inversiones» a Argentina.

«El problema de nuestro país es que el Estado no genera confianza, el Gobierno no genera confianza, no hay seguridad jurídica», expresa.

En ese contexto, agravado por la «situación de desconfianza» de la ciudadanía sobre los políticos, nace un fenómeno como el del populista Javier Milei, de quien duda pueda «tener estructura para armar una candidatura presidencial» para 2023 y con quien no comparte «algunas expresiones que tiene, un poco agresivas».

«Creo que hay que bajar el lenguaje agresivo», desea, al tiempo que expresa su temor de que las próximas elecciones sean «una ruleta rusa» si oficialismo y oposición mantienen sus disputas internas.

A sus 84 años, y tras dejar el Senado en 2005, mantiene una vida activa, que incluye gimnasia doméstica y el ejercicio intelectual que siempre cultivó, como el que le llevó a presentar su tesis doctoral en 2011, 48 años después de finalizar la carrera de abogado, y publicar libros como «Derecho procesal parlamentario» o «Los derechos de la mujer».

Este miércoles presentó en Buenos Aires su última obra, «Crónicas de la Convención Constituyente de 1994» (Ciudad Argentina, 2022), un escrito de 720 páginas sobre lo que califica como el «desafío más grande» de su vida.

«Estuve al frente del Senado 10 años, estuve a cargo del Poder Ejecutivo 284 días, pero el desafío más grande fue presidir la Convención Constituyente que reformaba la ley fundamental de nuestro país. Presidir eso para mí fue una gran responsabilidad, pero también un gran honor», explica.

La reducción del mandato presidencial de 6 a 4 años, la iniciativa legislativa popular, el secreto profesional o la creación del defensor del pueblo fueron incorporaciones en aquella reforma que, según Menem, fue la «más legítima y democrática de toda la historia argentina» y que pudo llevarse a cabo por el «clima de mayor tolerancia» presente en el país tras el fin de la última dictadura militar (1976-1983).

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