Conocido por su alta tasa de albinismo, Aicuña, en La Rioja, es un lugar donde la genética se cruza con la historia colonial, el aislamiento geográfico y una cultura que lucha por ser valorada más allá de los estigmas. Enclavado en las montañas riojanas, Aicuña es un pequeño pueblo cuya singularidad ha capturado la atención nacional e internacional. Con apenas 220 habitantes, su alta tasa de población albina –uno de cada 90 nacimientos frente a uno cada 17.000 a nivel mundial– lo ha convertido en un punto de interés para científicos, curiosos y turistas. Sin embargo, para sus pobladores, Aicuña es mucho más que su genética: es un lugar cargado de historia, resistencia y belleza natural. Una genética marcada por el aislamiento El albinismo en Aicuña tiene raíces profundas en su historia colonial. En el siglo XVII, el español Pedro Nicolás de Brizuela, propietario de la estancia que dio origen al pueblo, transmitió el gen del albinismo a través de su linaje. Este rasgo genético se mantuvo y amplificó debido al aislamiento geográfico del lugar y la práctica de formar familias dentro de la misma comunidad para preservar el territorio, una necesidad impuesta por siglos de disputas heredadas. Esta combinación de factores llevó a Aicuña a registrar una proporción de albinismo mucho mayor que la media mundial. A lo largo del siglo XX, este fenómeno atrajo tanto a investigadores como a medios sensacionalistas que redujeron al pueblo a su «rareza». En 1971, la revista Siete Días lo calificó como «el pueblo de los albinos», presentándolo de manera simplista e insensible, lo que provocó una invasión de curiosos que incomodó profundamente a sus habitantes. Resignificando la identidad del pueblo Con el tiempo, Aicuña ha trabajado para redefinir su identidad, buscando ser reconocido por su riqueza cultural y natural más allá de su singularidad genética. «Todavía llegan personas buscando ‘el pueblo de los albinos’, pero se sorprenden al descubrir un lugar de belleza única, gente cálida y tradiciones profundamente arraigadas», señala Nélida Oliva, una pobladora que lidera la venta de productos locales como alfajores y garrapiñadas de nuez. Además, iniciativas como Albi La Rioja, liderada por Delia Oliva y su hijo Agustín, buscan concienciar sobre el albinismo y mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen. Entre sus objetivos está lograr que los fotoprotectores solares sean considerados un tratamiento médico cubierto por el sistema de salud, dado que las personas albinas necesitan protección constante contra los efectos del sol. Un pueblo con historia y cultura únicas Aicuña es más que su genética; es un lugar donde la historia colonial y las disputas por la tierra moldearon una comunidad resiliente. Su aislamiento geográfico, acentuado hasta hace pocos años por la falta de caminos asfaltados, ayudó a preservar tradiciones como el cultivo de nueces y membrillos, la construcción de hornos de barro y un estilo de vida pausado que dialoga con la aridez y el verdor de las montañas circundantes. El pueblo, ubicado a pocos kilómetros de la icónica Cuesta de Miranda, también se destaca por su cercanía al Parque Nacional Talampaya, su microclima y su riqueza cultural. Estas características han convertido a Aicuña en un destino atractivo para quienes buscan experiencias auténticas y paisajes únicos. Más que un fenómeno genético Aicuña es un testimonio vivo de cómo la genética, la geografía y la historia pueden entrelazarse para formar una identidad única. Sin embargo, su verdadera riqueza radica en la capacidad de su gente para resignificar su lugar en el mundo, defendiendo su dignidad y sus tradiciones frente a los estigmas del pasado. Este pequeño rincón de La Rioja nos recuerda que detrás de cada singularidad hay historias profundas que merecen ser contadas y valoradas en toda su complejidad. Compartir Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir Relacionado Navegación de entradas Joaquín V. González: el «arquitecto» olvidado de la Argentina moderna Trágico accidente en La Rioja: fallece un niño de 11 años de Neuquén tras un vuelco