El jefe comunal riojano reconoció con bombos y platillos a los equipos de recolección de residuos, pero su verdadera impronta parece pasar por un particular acto cívico que busca convertir en marca registrada.
El intendente capitalino, Armando Molina, se volcó a las redes sociales para destacar una de las tareas más esenciales y muchas veces invisibilizadas de la gestión municipal: la recolección de residuos. En un mensaje emotivo, Molina expresó su «HONOR» por la presencia del equipo de «Gestión Integral de RESIDUOS, ECO RECOLECCIÓN», a quienes les «RECONOCE su COMPROMISO diario con las y los VECINOS».
El jefe comunal riojano no escatimó en elogios para los corredores, choferes y supervisores, celebrando este como un «ACTO PODEROSO» y asegurando que sus «LABORES inspira y FORTALECE a toda la COMUNIDAD». La movida, publicada en sus redes, busca visibilizar y agradecer el esfuerzo de quienes mantienen limpia la ciudad.
Sin embargo, detrás de este valioso reconocimiento a los trabajadores de servicios esenciales, se vislumbra una estrategia de gestión que el propio Molina busca que se convierta en su distintivo. Mientras su función primordial es brindar los mejores servicios públicos a los habitantes de la Capital, el intendente parece empeñado en que un acto con un fuerte componente simbólico, el izamiento de la bandera, se transforme en la verdadera impronta de su gestión.
Fuentes cercanas al municipio sugieren que Molina quiere que este particular evento cívico sea un sello indeleble de su paso por la intendencia. De esta manera, su administración navega entre la necesidad ineludible de garantizar servicios básicos de calidad y el deseo de dejar una huella ligada a los valores patrióticos y el ceremonial, buscando un equilibrio —o quizás un desvío— entre la gestión pragmática y el simbolismo político.




