El Diario de Eduardo German

La Rioja · Argentina

La Rioja: el silencio del justicialismo ante la campaña de Pedrali, una decisión personal de Quintela que moviliza a todo el Estado

El gobernador Ricardo Quintela impone la reelección de su esposa, Gabriela Pedrali, como candidata a diputada nacional. La decisión, que se toma en medio de un sugestivo silencio en el peronismo, obliga a toda la estructura de funcionarios a salir a la calle para buscar los votos que el oficialismo necesita en octubre. En el…

El gobernador Ricardo Quintela impone la reelección de su esposa, Gabriela Pedrali, como candidata a diputada nacional. La decisión, que se toma en medio de un sugestivo silencio en el peronismo, obliga a toda la estructura de funcionarios a salir a la calle para buscar los votos que el oficialismo necesita en octubre.

En el ajedrez político de La Rioja, el próximo movimiento ya está decidido, y vino directamente del tablero del gobernador Ricardo Quintela. La reelección de Gabriela Pedrali, la madre de sus hijos, como diputada nacional no será el resultado de un consenso partidario o de una interna, sino de una decisión personal y una orden directa que se ha impuesto sobre toda la estructura del justicialismo.

El «silencio» que se percibe en los pasillos del peronismo riojano es la señal más clara de la disconformidad que genera esta decisión. Mientras que en otras campañas la militancia y los dirigentes suelen mostrar entusiasmo, en esta ocasión, la falta de una adhesión visible es un termómetro del malestar interno.

Los funcionarios y líderes partidarios, aunque se mantengan en silencio públicamente, sospechan que la jugada del gobernador responde más a un interés personal que a una estrategia consensuada para el partido. Es un test de lealtad en el que todos están obligados a participar.

La muestra más evidente de esta imposición es el mandato que reciben todos los funcionarios: «tendrán que salir a la calle a buscar votos por Pedrali y además por Ricardo Herrera». Esta frase no es una sugerencia; es una directiva clara que moviliza a todo el aparato del Estado provincial al servicio de una campaña electoral.

El gobernador utiliza el poder de su cargo para convertir a la vasta burocracia, que es el principal sostén de la economía riojana, en una maquinaria de campaña.

Para Quintela, la reelección de su esposa es una apuesta de alto riesgo y de alto valor político. No se trata solo de asegurar una banca más en el Congreso Nacional, sino de un referéndum sobre su propio poder y su liderazgo. Una victoria para Pedrali sería un triunfo personal que reafirmaría su control sobre el justicialismo y su capacidad de imponer su voluntad.

Por el contrario, una derrota en las urnas se leería como un rechazo directo a su gestión y a su liderazgo, debilitando su posición de cara a los desafíos futuros.

La campaña de octubre en La Rioja, entonces, no será una simple elección legislativa. Será el escenario donde se pondrá a prueba la fuerza del gobernador Quintela, su capacidad para movilizar a su partido a pesar del «silencio» y la voluntad de los riojanos de revalidar con su voto una decisión que, en esencia, no fue suya.


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