El Diario de Eduardo German

La Rioja · Argentina

La Rioja: Ricardo Herrera, el candidato de la «decisión personal» de Quintela, que el justicialismo tendrá que «cargar» en las elecciones

A pesar de las bajas chances de reelección del actual diputado nacional, el gobernador insiste en que compita de nuevo. El justicialismo asegura que repetirá la estrategia de movilización para que Herrera continúe, en una campaña que se percibe como una apuesta arriesgada del oficialismo. En el ajedrez político de La Rioja, el gobernador Ricardo…

A pesar de las bajas chances de reelección del actual diputado nacional, el gobernador insiste en que compita de nuevo. El justicialismo asegura que repetirá la estrategia de movilización para que Herrera continúe, en una campaña que se percibe como una apuesta arriesgada del oficialismo.

En el ajedrez político de La Rioja, el gobernador Ricardo Quintela ha movido sus fichas con una decisión que, aunque busca la continuidad, genera tensiones y dudas dentro del propio justicialismo. Ricardo Herrera, actual diputado nacional, irá a la reelección, no por un clamor popular o por un consenso partidario, sino por una «decisión personal» del mandatario provincial.

Esta movida, que coloca a Herrera en la misma boleta junto a la esposa del gobernador, Gabriela Pedrali, expone una profunda contradicción en el oficialismo. Mientras el peronismo asegura que repetirá la estrategia electoral para que Herrera continúe, en los pasillos de la política riojana se comenta que el diputado tiene «bajas chances de seguir». Esta disparidad entre el discurso oficial y la realidad percibida revela un problema de fondo: la candidatura de Herrera no se sustenta en su propio capital político, sino en la voluntad de Quintela y en la fuerza de la maquinaria partidaria.

El justicialismo, en su intento por retener la banca, se verá obligado a «cargar» la campaña de Herrera. Esto significa que la reelección no será el resultado de una adhesión espontánea de los votantes, sino de una masiva movilización de recursos estatales y de la militancia. La campaña será un esfuerzo titánico para llevar a la victoria a un candidato que, sin el respaldo del aparato, se percibe como débil.

Esta apuesta de Quintela es de alto riesgo. Si Herrera pierde, será interpretado como una derrota personal del gobernador, una prueba de que su voluntad política y el poder de la estructura no son invencibles. La derrota de un candidato que el propio Quintela impuso sería un golpe a su prestigio y a su autoridad dentro del justicialismo, justo en un momento donde la crisis económica y las disputas internas exigen un liderazgo fuerte y unificado.

Así, la campaña de Ricardo Herrera no solo medirá el caudal de votos del justicialismo en octubre, sino que también será un referéndum sobre la capacidad de Ricardo Quintela de imponer sus decisiones por encima de la realidad electoral y de las aspiraciones del partido. La victoria sería un triunfo del aparato. La derrota, en cambio, sería un claro mensaje sobre los límites del poder personal en la política riojana.


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