Según la última encuesta de CB Consultora, tanto el gobernador Ricardo Quintela como el intendente Armando Molina se encuentran entre los mandatarios con la peor imagen del país en agosto de 2025. Este desgaste político se da en un contexto de fuerte confrontación con el gobierno nacional, lo que genera interrogantes sobre la efectividad de su estrategia.
El panorama político riojano se presenta particularmente complejo para el oficialismo, con sus dos principales figuras de gobierno, el gobernador Ricardo Quintela y el intendente Armando Molina, ubicándose en los últimos puestos de los rankings de imagen a nivel nacional.
De acuerdo con el informe de CB Consultora Op. Pública de agosto de 2025, Ricardo Quintela es el gobernador con la peor imagen positiva del país, con solo un 44,5% de aprobación. Esta cifra lo posiciona en el último lugar, por debajo de sus pares con baja calificación, como Gustavo Sáenz (Salta) y Alberto Weretilneck (Río Negro).

La situación para el oficialismo se agrava en el ámbito municipal, donde el intendente de la capital, Armando Molina, también enfrenta un fuerte descontento. En el ranking federal de intendentes, Molina se ubica en el puesto 23, con una imagen positiva del 37,1%. Esto lo coloca como el segundo peor calificado a nivel nacional, solo superado por Walter Cortés de Bariloche. Su imagen negativa, con un 58,7%, es una de las más altas del país.
Este doble frente de baja popularidad se da en un momento en que el gobernador Quintela ha optado por una estrategia de confrontación directa con el presidente Javier Milei. El mandatario riojano ha sido particularmente duro en sus declaraciones, calificando los vetos presidenciales como «afrentas directas» y acusando al gobierno nacional de actuar con «desprecio» e «inhumanidad». Quintela ha intentado enmarcar el debate en términos de valores, oponiendo su visión de «justicia social» a lo que él denomina un gobierno «tiránico».

Sin embargo, los datos de la encuesta sugieren una posible desconexión entre el discurso del gobernador y la percepción de los ciudadanos riojanos. Mientras Quintela busca posicionarse como un defensor de la dignidad y los derechos frente a la «crueldad» del gobierno central, la desaprobación a su propia gestión en la provincia es la más alta del país. Lo mismo ocurre con el intendente Molina, cuya baja popularidad podría interpretarse como un reflejo del malestar local. En este escenario, la confrontación con la Casa Rosada no parece ser suficiente para blindar a los mandatarios riojanos del desgaste político que se evidencia en las encuestas, planteando un desafío significativo para su futuro político.







