La caída de Luxo y Vulcalar dejó a 120 familias en la calle, sumándose a una ola de despidos que ya supera los 400 casos en todo el país; la advertencia de la UIA sobre la «competencia desleal» y el costo argentino que asfixia a la producción
La promesa de una reconversión económica choca de frente con la realidad de los números en el interior del país. La Rioja, históricamente dependiente de los regímenes de promoción y la protección industrial, se ha convertido en uno de los epicentros de una nueva crisis fabril. En la segunda quincena de noviembre de 2025, la combinación letal de bajo consumo interno y apertura de importaciones derivó en el cierre de plantas y el despido de más de 400 empleados a nivel nacional, con un impacto crítico en el tejido productivo riojano.
El fenómeno no es aislado, pero en la provincia gobernada por Ricardo Quintela adquiere una dimensión social dramática. El sector textil y del calzado, pilares de la empleabilidad privada local, han sufrido el golpe de gracia con la caída de dos firmas emblemáticas: Luxo y Vulcalar.
El desguace en La Rioja: de la fábrica a la incertidumbre
La crisis se materializó con crudeza en el Parque Industrial de la capital y en el interior provincial. La firma Luxo bajó sus persianas definitivamente en noviembre, completando un proceso de desguace que se venía gestando desde septiembre. La caída de las ventas forzó la desvinculación progresiva de su plantilla, dejando a 40 trabajadores fuera del sistema.
Más compleja aún es la situación en Sanagasta, donde la empresa Vulcalar detuvo su línea de producción de calzado. Allí, 80 empleados quedaron en un limbo jurídico y financiero: sin trabajo y sin remuneración. La Secretaría de Trabajo de la provincia, encabezada por Miriam Espinoza, confirmó que el conflicto se encuentra en una fase tensa a la espera de resoluciones sobre las indemnizaciones, mientras la incertidumbre crece entre las familias afectadas.
Un síntoma nacional: el efecto dominó
Lo que ocurre en La Rioja es el espejo de un deterioro federal. La provincia comparte el podio de los distritos más castigados junto a Buenos Aires y San Luis.
- El fin del modelo industrial de Whirlpool: En Pilar, la multinacional de electrodomésticos despidió a 220 operarios. La empresa admitió que su modelo de negocio industrial no pudo sostenerse ante la «desaceleración del consumo y el aumento significativo de las importaciones», anunciando una transición hacia una operación netamente comercial.
- El ajuste en Essen: La icónica fábrica de ollas también recortó su plantilla en 34 puestos, atribuyendo la decisión exclusivamente a la baja demanda local.
- La retirada en San Luis: La autopartista estadounidense Dana cerró su planta en Naschel, despidiendo a 50 empleados y golpeando a otros 40 puestos indirectos, víctima del cambio de mercado hacia la reposición y la falta de competitividad.
La advertencia de la UIA: «Mochilas y distorsiones»
Frente a este escenario de «sangría laboral», la Unión Industrial Argentina (UIA) ha levantado la voz. Su titular, Martín Rappallini, advirtió que la industria nacional carga con «mochilas y distorsiones» que hacen imposible competir en un mundo comercialmente agresivo.
El dirigente empresarial puso el foco en la asimetría de costos: producir en Argentina es hoy entre un 25% y un 30% más caro que en Brasil debido a la carga impositiva, laboral y los déficits de infraestructura. A esto se suma lo que la UIA califica como «competencia desleal»: el ingreso masivo de productos terminados desde China y a través de plataformas como Temu y Shein, que entran sin los impuestos que tributa la producción local.
Para La Rioja, donde el margen de competitividad suele ser más estrecho por los costos logísticos, la falta de una «transición ordenada» que reclama la UIA amenaza con transformar al Parque Industrial en un cementerio de galpones vacíos.







