El precio del combustible aumentó un 21% en términos reales en marzo y volvió a niveles de 2021. En paralelo, los salarios pierden capacidad de compra: hoy se necesitan más ingresos para llenar el tanque en una provincia donde el transporte es clave.
El encarecimiento del combustible vuelve a golpear con fuerza en el interior del país y La Rioja aparece entre las provincias más expuestas. La combinación de suba internacional del petróleo, actualización de impuestos y estancamiento de ingresos está deteriorando rápidamente el poder adquisitivo, en un contexto donde el transporte depende casi exclusivamente de la nafta.
Según un informe reciente, el precio de la nafta súper registró en marzo un incremento del 21% en términos reales, lo que implica regresar a niveles similares a los de julio de 2021.
Un impacto directo en la economía riojana
En La Rioja, donde la movilidad cotidiana —tanto urbana como interdepartamental— depende fuertemente del vehículo particular, este aumento tiene un efecto inmediato sobre el costo de vida.
A diferencia de los grandes centros urbanos, donde existen alternativas como transporte masivo o redes ferroviarias, en la provincia el combustible es un insumo básico para trabajar, producir y trasladarse.
El dato más relevante no es solo el precio, sino su relación con los ingresos: el poder adquisitivo del salario medido en litros de nafta cayó un 17% en el último mes.
La presión de los impuestos
El informe también pone el foco en el componente impositivo. Actualmente, el tributo nacional a los combustibles se ubica en torno a los $367 por litro, todavía un 38% por debajo de su valor real de 2018, pero en recuperación tras años de atraso.
Este punto abre una discusión de fondo: si el Gobierno decidiera reducir significativamente el impuesto para abaratar el precio final —como sugieren algunos análisis— debería resignar recursos fiscales clave, tanto para la Nación como para las provincias.
De hecho, eliminar o reducir drásticamente este tributo implicaría un fuerte impacto en la coparticipación, en un momento donde distritos como La Rioja ya enfrentan restricciones financieras.
La paradoja del precio
El comportamiento del precio de la nafta en los últimos años refleja una dinámica compleja. Tras una fuerte caída en términos reales hasta 2023, el valor comenzó a recomponerse con la devaluación y luego con el impacto del contexto internacional.
Hoy, el litro de nafta ronda los $2.000 a valores constantes, prácticamente el mismo nivel real que hace casi cinco años.
Sin embargo, el problema no es solo el precio, sino el deterioro de los ingresos: con salarios que no acompañan la evolución del combustible, la carga sobre los hogares se incrementa.
El deterioro acumulado
La pérdida de poder adquisitivo no es reciente. Si se compara la capacidad actual de compra de nafta con la de noviembre de 2023, la caída es del 48%. Incluso frente a 2018, la baja es del 18%.
Este dato sintetiza el problema estructural: aunque los precios fluctúan, la tendencia de fondo es un deterioro sostenido del salario real.
Un problema estructural para el interior
En La Rioja, este fenómeno adquiere una dimensión mayor. El aumento del combustible no solo impacta en el consumo individual, sino también en la estructura de costos de toda la economía local: transporte de mercaderías, producción agrícola, servicios y logística.
Cada suba se traslada a precios, generando un efecto multiplicador que profundiza la inflación local y reduce aún más el poder de compra.
Entre la política fiscal y la realidad económica
El dilema es claro. Bajar impuestos podría aliviar el precio, pero afectaría los ingresos fiscales en un momento de ajuste. Mantenerlos, en cambio, sostiene la recaudación pero agrava el costo para los consumidores.
En ese equilibrio inestable, provincias como La Rioja quedan en una posición particularmente vulnerable.
La suba de la nafta no es solo un dato económico: es un indicador de cómo la macroeconomía impacta de forma directa y más intensa en el interior del país, donde cada litro cuenta.
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