Banco Rioja, 21° entre 21: el nuevo informe sectorial de Moody’s lo deja solo en el último escalón mientras la mora del sistema crece
El reporte «La calidad de los activos se consolida como el principal desafío para los bancos», publicado por Moody’s Local Argentina el 17 de marzo, ratificó a Banco Rioja S.A.U. en BBB-.ar con perspectiva estable, la calificación más baja del listado y la única en ese escalón. El documento llega en un contexto de morosidad creciente del sistema financiero argentino —5,5 % al cierre de 2025, el nivel más alto desde julio de 2021— y expone la distancia entre el banco provincial riojano y el resto del panel: los cinco primeros (Galicia, Macro, Santander, BNP Paribas e ICBC) ostentan AAA.ar; Ciudad, Patagonia y Supervielle alcanzan AA+.ar; incluso Banco de la Provincia de Córdoba, un par institucional del Rioja, se ubica en AA-.ar. Entre esa grilla y Banco Rioja median siete peldaños.
Un diagnóstico sectorial que enmarca el caso
El informe de Moody’s Local Argentina traza un panorama del sistema financiero argentino en 2026 que no es especialmente sereno. La morosidad total del sector privado alcanzó el 5,5 % en diciembre de 2025, un máximo de casi cuatro años y medio, impulsada sobre todo por el segmento de familias, cuya mora ascendió al 9,3 %. Las empresas mostraron un comportamiento comparativamente más estable, con incumplimientos del 2,5 %. Los cargos por incobrabilidad —el dinero que los bancos reconocen como pérdida por créditos que no podrán cobrar— subieron al 3,4 % del activo neto, presionando la rentabilidad del conjunto.
La calificadora atribuye el deterioro a tres factores combinados: tasas de interés elevadas en términos reales, salarios reales deteriorados que empujaron al alza la relación deuda-ingresos de los hogares, y una recuperación económica heterogénea, con industria, comercio y construcción rezagados frente a los sectores primarios. A eso se suma un efecto de composición: el crecimiento reciente del crédito al sector privado incorporó a la base de deudores a segmentos de menor calidad crediticia, que son los primeros en caer en mora cuando el entorno se endurece.
En ese cuadro sistémico, los reguladores nacionales disponen todavía de márgenes significativos —las previsiones cubren el 93,7 % de la cartera en situación irregular, los indicadores de capital siguen por encima de las exigencias locales e internacionales, y la liquidez se mantiene holgada— pero la dirección del viento apunta a una normalización de esos colchones desde los niveles históricamente altos con los que el sistema había transitado los años de baja intermediación financiera.
Qué significa BBB-.ar
En la escala nacional de Moody’s para Argentina, BBB-.ar es el peldaño más bajo dentro de lo que internacionalmente se considera «grado de inversión». El siguiente escalón hacia abajo, BB+.ar, ya pertenece al territorio especulativo. La calificación, por lo tanto, no describe a una entidad en riesgo inmediato de default, pero sí establece que cualquier deterioro adicional dejaría al banco fuera del segmento de «calidad crediticia adecuada» según los estándares de la agencia.
Importa además que Banco Rioja no comparte ese escalón con ningún otro banco del panel. Banco Julio S.A. y Banco Voii S.A. están inmediatamente por encima, con BBB.ar. Todo el resto —18 entidades— se ubica en grados más altos, incluyendo los cinco AAA.ar (la máxima calificación en la escala local) que concentran a los bancos líderes privados argentinos y extranjeros.
Lo que Moody’s ya había advertido específicamente sobre Banco Rioja
La calificación BBB-.ar no nació en este informe. La calificadora ya había afirmado esa nota en su reporte específico del 28 de noviembre de 2025, con un fundamento que merece recuperarse porque explica la distancia frente al resto del panel.
Ese documento individual señaló, en primer lugar, rentabilidad negativa estructural. El retorno sobre el capital (ROE) de Banco Rioja fue de -3,7 % al cierre de 2024 y promedió -3,3 % en el trienio 2021-2023. Para los doce meses a marzo de 2025, el indicador se había profundizado a -11,1 %. En términos simples: el banco pierde capital.
En segundo lugar, morosidad superior al promedio del sistema. La mora ascendía al 6,4 % en marzo de 2025, cuando el conjunto del sistema mostraba valores bastante menores. Los principales deudores del banco son, según la propia calificadora, empleados públicos y proveedores del Estado riojano, una composición que vincula directamente la salud crediticia del banco a la salud fiscal de la provincia.
En tercer lugar, un dato que concentra casi toda la atención técnica del informe: la exposición de $13.500 millones a Generación Mediterránea S.A., la generadora eléctrica del Grupo Albanesi que atraviesa un proceso de reestructuración de su deuda. Esa tenencia se desglosa en $10.000 millones en cheques de pago diferido y $3.500 millones en obligaciones negociables. Moody’s advirtió que la reestructuración de la contraparte podría derivar en incumplimientos, con impacto directo sobre la calidad de activos del banco.
La provincia como telón de fondo
La calificación individual se lee mejor con el telón provincial detrás. Banco Rioja opera como agente financiero de la provincia de La Rioja: administra cuentas oficiales, paga salarios al sector público, financia a proveedores del Estado y mantiene una cartera cuyo riesgo está fuertemente correlacionado con el fisco provincial. Cuando las arcas riojanas se tensionan —y lo hacen sistemáticamente, en un distrito donde los recursos de origen nacional representan más del 85 % de los ingresos—, el banco se tensiona con ellas.
A eso se suma el contexto más amplio que Eduardo German viene documentando en este blog: el default del bono verde de 2017 emitido por la provincia para financiar la ampliación del Parque Eólico Arauco, las demandas judiciales de acreedores internacionales en cortes de Massachusetts y del Distrito Sur de Nueva York, la persistencia de mecanismos de «reach and apply» que intentan alcanzar activos provinciales vinculados al Banco Rioja como agente financiero, y la morosidad histórica del principal empleador del distrito, que es el propio Estado.
Mientras tanto, el banco mantiene su propia controversia doméstica: la vicepresidencia está ocupada por Marcelo Armando Becerra, sobrino político del gobernador Ricardo Quintela, dentro de una estructura de nombramientos que no ha escapado a los cuestionamientos por nepotismo.
Lo que el ranking dice sin decir
Las calificaciones de Moody’s son estrictamente crediticias: miden la probabilidad de que la entidad repague depósitos. No emiten juicio sobre gobernanza, eficiencia administrativa ni calidad institucional. Sin embargo, lo que una serie de calificaciones indica agregadamente, cuando ubica solo a una entidad en el último escalón, es que esa entidad combina, en la lectura del analista, varios de los factores que hacen que el riesgo crediticio sea mayor al de sus pares: débil base de rentabilidad, elevada concentración de riesgo, mora por encima del promedio y exposición estructural a un sponsor —el Estado provincial— con historial de estrés fiscal.
Que el sistema financiero argentino en su conjunto esté atravesando un ciclo de mora creciente agrega una segunda lectura incómoda. Si el promedio del sistema empeora, y Banco Rioja ya partía desde un nivel peor que el promedio, el resultado esperable es una presión adicional sobre la cartera, sobre la rentabilidad y sobre los márgenes de maniobra del banco para absorber nuevos deterioros.
El informe sectorial de marzo de 2026 no agrega, por sí solo, ninguna noticia nueva sobre Banco Rioja que no estuviera ya en el reporte individual de noviembre. Lo que hace es colocarlo sobre un mapa. Y, sobre ese mapa, el banco provincial riojano aparece en un lugar que vale la pena nombrar con precisión: solo, en el último escalón, mientras el piso se mueve debajo de todo el sistema.
El informe