Economía

La Rioja cae 7,9% en supermercados: el derrumbe del consumo en la provincia refleja la crisis fiscal y la brecha distributiva

Por Eduardo Nelson German · 24 de abril de 2026 · 13:34

Mientras Buenos Aires mantiene estabilidad relativa, el interior enfrenta una caída severa en retail. La provincia riojana lidera las peores caídas provinciales en febrero, profundizando la dependencia de transferencias federales en un contexto de ajuste mieleísta.

La provincia de La Rioja registró una caída de 7,9% en ventas de supermercados en febrero de 2026 respecto al mismo mes del año anterior, según los datos más recientes de la Encuesta de Supermercados del INDEC. Se trata de la segunda peor caída provincial del mes, solo superada por Tucumán (−13,2%), ubicando a La Rioja entre las jurisdicciones con más severa contracción de consumo en el país. En el acumulado del primer bimestre, la provincia profundiza su debilidad con un retroceso de 6,5%, situándose en el rango de mayor deterioro del retail interior nacional.

La caída riojana es sintomática de un fenómeno nacional más amplio: mientras la economía nacional contrajo 3,1% en febrero y 2,1% en el bimestre, la geografía del consumo en Argentina revela una fractura profunda entre el eje Buenos Aires y el interior provincial. La Ciudad Autónoma y el conurbano se mantienen con variaciones moderadas (−0,1% y −6,2% respectivamente en febrero), en tanto que provincias del interior norte y noreste exhiben derrumbes que duplican y triplican la cifra nacional. Neuquén, con expansión de 2,0%, es la excepción que confirma la regla: una provincia con ingresos relativos más altos y menor dependencia de coparticipación federal.

La magnitud de la contracción riojana debe interpretarse en el contexto del modelo fiscal provincial. La Rioja depende estructuralmente de transferencias federales para financiar su gasto público corriente y su estructura administrativa. El ajuste fiscal implementado por la administración Milei, que ha condicionado la asistencia financiera federal a requerimientos de equilibrio presupuestario, impacta desproporcionadamente en provincias cuya base económica local es estrecha y cuyo dinamismo tributario es limitado. Cuando los ingresos por coparticipación y fondos de la Tesorería nacional se contraen o se subordinan a metas fiscales federales, el consumo provincial —que depende de la estabilidad del empleo público— sufre compresiones abruptas.

A nivel de rubros, la contracción nacional revela también patrones de consumo defensivo: mientras carnes (15,3%), verduras (7,5%) e indumentaria (1,3%) registran alzas, los rubros de mayor volumen exhiben caídas. Electrónicos (−27,1%), bebidas (−11,1%) y lácteos (−6,3%) acumulan las peores performances. Este perfil sugiere que los hogares, especialmente en el interior, están restringiendo gastos discrecionales y priorizando alimentos básicos. Para una provincia como La Rioja, donde el desempleo estructural y la dependencia de políticas de empleo público son significativos, esta contracción se traduce en presión directa sobre la capacidad adquisitiva de amplios segmentos de la población.

La evolución bimestral del consumo en La Rioja es aún más inquietante: mientras solo siete provincias cierran el bimestre con alzas (Neuquén, La Pampa, San Luis, Río Negro, Santa Fe, Córdoba y CABA), La Rioja se ubica en el tercio inferior, rodeada por otros espacios de vulnerabilidad fiscal como Corrientes (−7,5%), Jujuy (−9,6%), Misiones (−10,7%) y Tucumán (−10,9%). Estas provincias comparten rasgos comunes: débil capacidad tributaria, alta dependencia de transferencias federales, y presencia significativa de empleo público como ancla de la demanda.

Desde la perspectiva institucional, esta caída anticipa presiones crecientes sobre las finanzas provinciales. Si el consumo retail cae, los ingresos provinciales por impuestos sobre la actividad económica local (como ingresos brutos) también se erosionan. La brecha fiscal se amplía precisamente cuando la Provincia enfrenta pagos de bonos internacionales en default y debe negociar con acreedores externos. La ausencia de dinamismo en el consumo también impacta en la disponibilidad de recursos para los gobiernos locales (municipios riojanos), profundizando el ciclo recesivo en el territorio.

Las perspectivas para los próximos meses dependerán de variables macro tanto nacionales como provinciales: la trayectoria de la inflación, la disponibilidad de dólares, la política salarial federal (y su efecto sobre el gasto en provincias dependientes del sector público), y las negociaciones de la Provincia con sus acreedores internacionales. Por ahora, los datos de supermercados de febrero envían una señal inequívoca: la estructura fiscal y tributaria del país está generando una geografía de la pobreza donde el interior, sin diversificación productiva ni capacidad de generación de ingresos tributarios propios, se convierte en rehén de las políticas macroeconómicas federales. La Rioja, en ese mapa, aparece entre las víctimas más vulnerables.