Política

Quintela alienta una sucesión multitudinaria para diluir todo poder alternativo: el peronismo riojano se atomiza mientras el gobernador apuesta su capital a la candidatura presidencial

Por Eduardo Nelson German · 28 de abril de 2026 · 11:57

La estrategia consiste en empujar a todos los aspirantes a la pista para que ninguno se consolide como heredero. Madera, Florencia López, Pedrali, Rejal, Brizuela y Doria, Salomón, Del Moral, Sbiroli y hasta Molina circulan como precandidatos a gobernador. Beder Herrera apuesta por Bosetti. Pérez sugirió Ley de Lemas y Rejal y Casas la rechazaron. Mientras tanto, el quintelismo concentra los recursos en la carrera presidencial en sociedad con Victoria Tolosa Paz y deja a la provincia sin caja efectiva.

El gobernador Ricardo Quintela despliega en La Rioja una estrategia de sucesión que combina dos movimientos aparentemente contradictorios pero coherentes en el cálculo político: alienta simultáneamente a múltiples aspirantes a gobernador para que la sucesión se atomice y, al mismo tiempo, concentra el conjunto de los recursos provinciales en su propia candidatura presidencial. El resultado es un peronismo riojano que se desguaza internamente mientras Quintela apuesta su capital político integral a la disputa nacional, en sociedad con la diputada nacional Victoria Tolosa Paz como eventual compañera de fórmula.

La lectura del dispositivo es geométrica antes que ideológica. Cuando un dirigente concentra el horizonte sucesorio en un único nombre, ese nombre se transforma rápidamente en un poder paralelo que puede disputarle el control político antes de que se concrete el traspaso del 10 de diciembre de 2027. Cuando, en cambio, el dirigente alienta a una pluralidad de aspirantes, cada uno se neutraliza con los demás, ninguno acumula el peso suficiente para condicionar las decisiones del oficialismo y el conductor mantiene la capacidad de arbitraje hasta el último momento. Quintela aplica la segunda lógica con consistencia.

La vicegobernadora Teresita Madera era, hasta hace pocas semanas, la número puesta del esquema sucesorio. Su condición de fórmula electa, el manejo cotidiano del Ejecutivo durante las ausencias del gobernador y la articulación con la Legislatura provincial la posicionaban como heredera natural. Sin embargo, en las últimas semanas comenzó a circular el nombre de la senadora nacional Florencia López como segunda alternativa, y el propio quintelismo potenció a la diputada nacional Gabriela Pedrali como tercera opción dentro del mismo espacio. La atomización del riñón institucional desactiva cualquier consolidación temprana.

El senador nacional Fernando Rejal observa el escenario con la incomodidad de quien acumula múltiples ventanas perdidas. Su nombre venía circulando con fuerza desde hace tiempo y su perfil legislativo nacional le aportaba volumen propio, pero la dispersión interna del oficialismo lo coloca en una posición secundaria. Frente a esa dinámica, irrumpió en la pista el intendente de Chilecito, Rodrigo Brizuela y Doria, quien suma la legitimidad de gestionar el segundo distrito provincial y construyó capital político local con autonomía respecto del armado capitalino.

La nómina de aspirantes que el propio quintelismo alienta o tolera no se agota en los nombres consolidados. El intendente Jorge Salomón, los diputados Marcelo Del Moral, Federico Sbiroli y hasta el intendente de la Capital, Armando Molina, aparecen en distintos momentos como precandidatos. La proliferación de nombres exhibe que ya nadie se siente excluido del juego sucesorio, y simultáneamente, ninguno puede reclamar la representación exclusiva del oficialismo. El efecto político buscado es claro: si todos pueden ser, ninguno es indispensable.

El exgobernador Luis Beder Herrera, sin embargo, decidió no participar en la rifa. Su apuesta personal se concentra en Néstor Bosetti, una figura que opera con anclaje propio en el aparato peronista riojano y con relativa autonomía respecto de la estrategia central del gobernador. La definición de Beder Herrera —que mantiene capacidad de movilización política propia en sectores del oficialismo— introduce una variable adicional al tablero sucesorio que el quintelismo no controla completamente.

La discusión sobre el mecanismo electoral agregó otra capa de complejidad. El ministro Ernesto Pérez deslizó la posibilidad de aplicar la Ley de Lemas en La Rioja como instrumento para resolver la pluralidad de aspirantes sin desangrar al oficialismo. La herramienta —que permite que múltiples sublemas compitan bajo un lema común y que el más votado se consagre con la suma total de votos del partido— habilitaría a todos los aspirantes a competir simultáneamente. La propuesta fue cruzada inmediatamente por el propio Rejal y por el exgobernador y diputado nacional Sergio Casas, ambos rechazando la herramienta por entender que opera como dispositivo de carnicería interna que beneficia a la oposición.

Mientras la pelea sucesoria se atomiza, el gobernador concentra los recursos provinciales en la operación presidencial. La gira federal que ya lo llevó a Ushuaia, La Quiaca y con intendentes de Santa Fe, las reuniones con intendentes y referentes peronistas del interior, la coordinación operativa a cargo de Fabián de la Fuente y la articulación con Tolosa Paz como eventual compañera de fórmula configuran un dispositivo que demanda volúmenes significativos de recursos políticos y económicos. La provincia, mientras tanto, atraviesa estrechez fiscal severa y enfrenta retracciones en consumo, empleo formal y actividad empresarial sin políticas compensatorias de magnitud.

La memoria histórica riojana ofrece un antecedente que el propio quintelismo invoca pero invierte. El argumento que circula en los pasillos del peronismo provincial sostiene que Carlos Menem «fundió» La Rioja para construir su candidatura presidencial en los años ochenta, y que Quintela podría estar repitiendo el mismo movimiento. La diferencia, según el espacio quintelista, es que se trata de otros tiempos: los recursos disponibles son menores, la economía nacional opera bajo restricciones distintas, y el modelo político-mediático construye liderazgos con lógicas diferentes. La analogía, sin embargo, persiste como advertencia silenciosa.

El dispositivo se completa con la decisión estratégica sobre la Vicegobernación. El gobernador trabaja activamente para evitar que Madera arme estructura legislativa propia, alimentando a la propia Cámara de Diputados provincial con dinámicas paralelas que limitan la capacidad operativa de la titular de la Legislatura. Simultáneamente, dentro del propio quintelismo se sostiene que la fórmula final mantendrá un perfil «quintelista» tanto en gobernador como en vicegobernador o vicegobernadora. La definición opera como anuncio implícito: no habrá repartos de cargos con dirigentes de otras vertientes del peronismo provincial, lo que neutraliza eventuales construcciones autónomas.

La pregunta de fondo que sobrevuela el escenario es si la estrategia de atomización sucesoria resistirá el desgaste del tiempo. Una interna abierta con cinco, seis, ocho aspirantes puede sostenerse durante meses como mecanismo de neutralización, pero en algún momento la fecha electoral —todavía no definida— obligará a definir candidaturas y reglas. Si Quintela logra arribar a esa instancia con su candidatura presidencial consolidada, dispondrá del capital político suficiente para imponer la fórmula que decida. Si, en cambio, la apuesta nacional no prospera y debe regresar a la conducción provincial, el peronismo riojano que llegue a esa instancia estará desangrado por la disputa interna. La operación, en cualquier escenario, deja a La Rioja como variable de ajuste de un cálculo presidencial que todavía no tiene desenlace asegurado.