Mientras Dass cierra sus plantas en Argentina para invertir US$ 40 millones en Paraguay, reaparece el fantasma de 2017: el colapso de la industria del calzado que dejó sin trabajo a cientos de familias en el Norte Grande. La apertura indiscriminada de importaciones y las ventajas fiscales en el exterior aceleran la desindustrialización provincial.
La fabricante brasileña Dass, con presencia de casi dos décadas en Argentina, anunció el cierre de su planta en Eldorado, Misiones, y confirmó una inversión de US$ 40 millones en Mariano Roque Alonso, a las afueras de Asunción. La empresa comenzará a trasladar maquinarias en los próximos 60 días y ha ofrecido retiros voluntarios para bajar su plantilla de 200 trabajadores a la mitad.
El argumento es económico: en Paraguay operan menores costos de producción, un régimen de maquila con ventajas impositivas, y un tipo de cambio más accesible para acceder a dólares. Desde la planta misionera confirmaron que no hay pedidos de marcas como Adidas, Nike, Fila, Asics y Umbro para el segundo semestre. La producción cayó 80%, según reportaron operarios.
La cicatriz de 2017: la industria del calzado en La Rioja
La historia no es nueva para La Rioja. En marzo de 2017, la empresa Unisol —hermana de Dass, productora de calzado e indumentaria deportiva para Puma— cerró simultáneamente sus plantas en Sanagasta y Chilecito. El impacto fue brutal: dejó sin empleo a 40 familias en cada ciudad, totalizando 80 trabajadores en el colapso.
Aquella crisis fue el espejo del que ocurre hoy. Los empresarios brasileños y alemanes argumentaban lo mismo entonces: imposibilidad de competir con importaciones, tipos de cambio adversos, contracción de demanda.
Hace nueve años, ese cierre representó un golpe demoledor para la economía provincial. La provincia no logró recomponerse. La capacidad instalada en manufactura de bienes de consumo nunca se recuperó, ni en Chilecito ni en Sanagasta. Los galpones fabriles quedaron vacíos o fueron reconvertidos a usos residenciales o comerciales menores.

Apertura comercial sin protección: el contexto que facilita el éxodo
La salida de Dass refleja una paradoja que golpea especialmente al Norte Grande. Mientras que las empresas trasladan producción a Paraguay para aprovechar ventajas impositivas y regímenes de maquila, Argentina mantiene una apertura de importaciones que funciona como un mazazo para la manufactura local.
La empresa reportó una caída de producción del 80%. No se trata solo de decisiones corporativas: es el efecto combinado de una política comercial que facilita el ingreso de productos importados, un atraso cambiario que encarece los insumos y hace menos competitivo el costo laboral local en dólares, y un régimen fiscal nacional que —a diferencia de Paraguay— no ofrece incentivos suficientes para retener inversión manufacturera.
El cierre de Coronel Suárez: otra planta que se fue
Dass también cerró en enero de 2025 su planta «hermana» en Coronel Suárez, provincia de Buenos Aires, que alguna vez contó con 160.000 metros cuadrados y 8.200 empleados en los años noventa. El despido fue de 360 trabajadores. Aquella fue una de las mayores fábricas de calzado del continente; hoy, otra cicatriz de desindustrialización.
Las maquinarias de ambas plantas —tanto de la planta cerrada en Buenos Aires como de la invertida en 2021 en Misiones— ahora van en contenedores a Paraguay. Es la lógica de la relocalización corporativa en economías abiertas sin piso de protección sectorial.
Para la provincia, la reapertura de la crisis del calzado no es un evento aislado. Es parte de un patrón de desmontaje industrial que atraviesa la última década: desde los cierres del textil (2013-2016), el calzado (2017), la minería de pequeña escala, y más recientemente, el colapso de empleos en servicios públicos por recortes de coparticipación federal.
La Rioja pierde, año a año, capacidad de producción. Y cada cierre se suma sin que la provincia logre generar alternativas de inversión que compensen los empleos perdidos. La reducción de fondos federales que enfrenta la provincia por decisiones de política macroeconómica nacional —retención de coparticipación, cortes en salud y educación— deja aún más limitada la capacidad estatal para retener o atraer manufactureros.
Dass en Sanagasta y Chilecito fueron un símbolo de que la industrialización estaba llegando al interior. Su cierre en 2017 fue el primer aviso. Hoy, su retirada del país confirma una realidad que La Rioja no puede eludir: sin protección comercial, sin estabilidad fiscal y sin acceso competitivo al dólar, las decisiones se toman en Asunción, no en Chilecito.







