El gobernador riojano descarta cualquier vínculo político con el Ejecutivo nacional y cuestiona duramente las conductas del presidente. Reconoce haber dialogado solo con Guillermo Francos, quien ya no ocupa cargo alguno.
En un testimonio contundente que expone la fractura política entre La Rioja y el Gobierno nacional, el gobernador Ricardo Quintela cerró definitivamente la puerta a cualquier tipo de negociación o acuerdo con la administración Milei. Según sus declaraciones, Quintela enfatizó que no existe diálogo alguno con los funcionarios de la Casa Rosada y que su única interlocución fue con Guillermo Francos, un vínculo que quedó trunco tras la salida del exministro de Seguridad.
«No tenemos relación con ningún funcionario de la Casa Rosada. Absolutamente nadie», afirmó Quintela, marcando una línea divisoria clara en el mapa político nacional. El mandatario provincial puntualizó que Francos fue el único con quien mantuvieron «algún tipo de diálogo», pero aclaró que esa comunicación nunca estuvo destinada a «solucionar un problema de la provincia».
El rechazo categórico a la «prostitución política»
Quintela rechazó cualquier acusación de que La Rioja haya modificado su posición legislativa a cambio de beneficios o favores. «Esto no pertenece a un sistema de prostitución de la política», sentenció el gobernador, quien delineó un código de conducta basado en la franqueza y la transparencia. Según su relato, el criterio riojano es claro: si el Gobierno requiere apoyo legislativo, debe presentar argumentos convincentes. Si no puede hacerlo, debe ser directo en su demanda política, sin pretender oscurecer la negociación.
«Si querés que acompañemos una ley, convenceme. Y si no me podés convencer, sé franco, decime: ‘Necesito una mano’», explicó Quintela, trazando una distinción entre la negociación política legítima y lo que él considera transacciones espurias. «Yo me sentiría un prostituto en la política» si actuara de otra manera, enfatizó.
Crítica frontal al estilo presidencial
Pero el reproche de Quintela va más allá de la ausencia de diálogo: apunta directamente al estilo y las conductas del presidente. El gobernador riojano caracterizó como «impropias de un presidente» tanto el vocabulario que Milei utiliza en sus comunicaciones públicas como su manera de dirigirse a la sociedad.
«Veíamos que era una cuestión impropia de un presidente y que tenía conductas impropias de un presidente», manifestó Quintela, quien agregó que junto a otros seis gobernadores —en referencia al bloque de mandatarios provinciales que conforman su núcleo político— «planteamos claramente nuestra visión sobre este gobierno».
El cuestionamiento al programa de fondo
Más allá de los modales presidenciales, Quintela cuestionó el contenido sustantivo del programa de gobierno. «El contenido de su programa de gobierno lo visualizábamos como difícil de entender, por lo menos para la mayoría del pueblo argentino», señaló el riojano, sugiriendo que existe una desconexión entre los objetivos del Ejecutivo y las realidades provinciales.
En sus palabras finales, Quintela esbozó un diagnóstico que la mayoría de las provincias no alineadas con el Gobierno podrían suscribir: que Milei «vino a gobernar para tener una política» de transferencia de responsabilidades hacia los territorios, eludiendo la autocrítica mediante lenguaje que, según el gobernador, suena «muy de izquierda» cuando se la denomina directamente como «entrega».
El testimonio de Quintela marca un punto de no retorno en la relación entre La Rioja y la Casa Rosada. Mientras la provincia enfrenta crisis fiscal aguda derivada de recortes en transferencias federales y la retención de fondos nacionales, el gobernador establece públicamente que su gobierno no negocia su posición legislativa a cambio de migajas presupuestarias. Es una postura de confrontación clara, que consolida a La Rioja dentro de una coalición provincial opositora que, aunque fragmentada en otros aspectos, comparte el rechazo a las políticas de austeridad y al estilo comunicacional del Ejecutivo nacional.



