El régimen de Zonas Frías, que recorta el beneficio en la tarifa del gas para más de cien ciudades, llega al Senado con el oficialismo a un paso de convertirlo en ley. El gobernador riojano fue el único en alzar la voz contra la lógica de negociación que arrastra a sus pares: «Apoyan a su propio verdugo», lanzó, en una frase que condensa su lectura del federalismo en tiempos de Milei.

El Gobierno nacional se encamina a transformar en ley los cambios al régimen de Zonas Frías que recortan los subsidios a la tarifa del gas, y el método para lograrlo vuelve a ser el mismo que viene aceitando en los últimos meses: la negociación uno a uno con los gobernadores a cambio de su voto en el Congreso. En medio de ese esquema, una sola voz del peronismo provincial se levantó esta semana para denunciar la dinámica. La del riojano Ricardo Quintela, que sintetizó su crítica en una sentencia tan breve como filosa: sus colegas, dijo, «apoyan a su propio verdugo».

Los números de una aprobación cantada

La iniciativa ya cuenta con media sanción de Diputados, obtenida con 132 votos a favor, 105 en contra y cuatro abstenciones. El proyecto deja sin efecto la ampliación del sistema que había impulsado Máximo Kirchner y que el Congreso había sancionado por amplia mayoría en 2021. Con la marcha atrás, el beneficio automático del 50% vuelve a aplicarse únicamente en las zonas originales —la Patagonia, la Puna y la localidad mendocina de Malargüe—, mientras que en las regiones incorporadas hace cuatro años el subsidio automático se elimina y solo accederán a un descuento del 30% quienes acrediten vulnerabilidad económica.

La cuenta en el Senado es ajustada pero favorable al oficialismo. El bloque de La Libertad Avanza tiene 21 miembros y necesita 37 voluntades para garantizar la aprobación; los 25 del interbloque de Unión por la Patria irán por la negativa. La llave, una vez más, la tienen los bloques provinciales y una Unión Cívica Radical dividida que probablemente libere a sus diez senadores a votar según su criterio. El resto es un mosaico de bancadas pequeñas que el Gobierno trabaja distrito por distrito, con la fórmula ya conocida: beneficios y obras a cambio de respaldo legislativo.

El método y la denuncia

El procedimiento es transparente en su lógica. A los gobernadores de provincias frías se les pide acompañar; a los de provincias cálidas se les promete ampliar beneficios en el consumo eléctrico para el verano. Es la misma mecánica de intercambio que permitió al oficialismo construir mayorías en votaciones anteriores, sin contar con bloque propio suficiente. Mandatarios radicales como Alfredo Cornejo —que como diputado había votado a favor de la ampliación de 2021 y ahora ordenó a sus senadores aprobar su eliminación— ilustran hasta qué punto la posición de cada provincia se redefine según la relación con la Casa Rosada del momento.

Sobre ese telón de fondo se entiende el dardo de Quintela. La frase «apoyan a su propio verdugo» no apunta tanto al contenido técnico del proyecto como al patrón político que describe: gobernadores que ceden recursos y subsidios de sus propias poblaciones a cambio de un alivio coyuntural, fortaleciendo así al mismo esquema nacional que, según la lectura del riojano, ajusta sistemáticamente sobre las provincias. La crítica es coherente con la posición que Quintela viene sosteniendo como uno de los referentes del peronismo que se planta frente al modelo libertario, y que reclama una respuesta colectiva del interior antes que negociaciones individuales.

Una pelea que excede a La Rioja

La Rioja no integra el núcleo de las zonas frías, de modo que el impacto directo del recorte sobre las tarifas riojanas es acotado. Pero el episodio interpela a la provincia en un plano más profundo: el del modo en que se dirime el poder entre la Nación y los distritos. Cada vez que el oficialismo logra fragmentar al arco de gobernadores y negociar voluntades por separado, consolida una asimetría que las provincias más dependientes de los recursos federales —La Rioja entre ellas— pagan en el mediano plazo. La advertencia de Quintela, en ese sentido, funciona menos como defensa de un beneficio puntual que como diagnóstico de una correlación de fuerzas.


El cruce por Zonas Frías deja a la vista la soledad relativa de Quintela en su estrategia de confrontación. Mientras el gobernador riojano denuncia que sus pares «apoyan a su propio verdugo», la mayoría del arco provincial —incluidos varios mandatarios peronistas y aliados circunstanciales— opta por la negociación pragmática con la Casa Rosada. Para La Rioja, que sostiene una posición de enfrentamiento abierto con el Gobierno nacional en el plano fiscal, judicial y político, el dato es revelador: la apuesta de Quintela a una resistencia coordinada del interior choca contra una realidad en la que cada provincia calcula su conveniencia inmediata. El oficialismo lo sabe y lo explota; su capacidad de convertir proyectos en ley sin bloque propio se apoya, precisamente, en esa fragmentación. La pregunta de fondo que la frase del gobernador deja flotando es si existe todavía margen para una acción común de las provincias, o si el federalismo argentino se ha reducido a una sucesión de negociaciones bilaterales en las que siempre gana el que reparte. Para una provincia estructuralmente dependiente de las transferencias nacionales, la respuesta no es un asunto teórico: define su capacidad de supervivencia.


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Por Eduardo Nelson German

Periodismo + Opinión

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