A dos años y medio de su llegada a la Casa Rosada, el mandatario más viajero de la historia argentina no visitó el distrito que gobierna Ricardo Quintela. La ausencia, lejos de ser un dato menor de agenda, se inscribe en la tensión política y fiscal que enfrenta a la Nación con una provincia ya señalada como territorio en disputa de cara a 2027. Cuando Javier Milei asumió en diciembre de 2023, una de las marcas de su construcción política era la conexión con «la gente de a pie», ese electorado cansado de la dirigencia tradicional que lo llevó al poder. Dos años y medio después, el balance de su agenda territorial cuenta una historia distinta: el Presidente que hizo del «no hay plata» un principio de gobierno pasó más tiempo en el exterior que en buena parte del país que conduce, y La Rioja figura entre los nueve distritos que aún no conoció como jefe de Estado. El dato surge del relevamiento de los desplazamientos presidenciales desde el 10 de diciembre de 2023. En ese período, Milei realizó cerca de cuarenta viajes de cabotaje, en su mayoría motivados por emergencias climáticas, actos patrios, foros empresariales privados o, sobre todo, por el calendario electoral. De las 23 provincias —excluida la Ciudad de Buenos Aires, sede habitual del Gobierno—, nueve no recibieron al Presidente: Catamarca, Chubut, Formosa, Jujuy, La Pampa, La Rioja, Misiones, San Luis y Salta. El patrón no distingue por color político: figuran allí distritos peronistas, radicales y aliados del propio oficialismo. Una ausencia con lectura política En el caso riojano, la ausencia adquiere un peso que excede lo protocolar. La provincia es gobernada por Ricardo Quintela, una de las figuras del peronismo que más nítidamente se posicionó como contrapeso del proyecto libertario, y aparece explícitamente señalada en el tablero como territorio «en la mira» para los comicios de 2027. La distancia física del Presidente respecto del distrito convive, así, con una distancia política que se expresa en otros planos: el de las transferencias federales, el de la disputa por los recursos y el de la pulseada por la representación del interior. El contraste se vuelve más elocuente al observar la lógica de los viajes que Milei sí realizó. La mayor concentración de desplazamientos internos de su gestión se produjo en octubre de 2025, en la antesala de las elecciones legislativas. Provincias que habían esperado desde diciembre de 2023 recibieron la visita presidencial recién cuando los votos lo demandaron. Las giras respondieron menos a la administración cotidiana del Estado que a la agenda ideológica y a la necesidad electoral. Washington antes que el interior El otro extremo del mapa es el internacional. Milei visitó quince países y, según datos oficiales presentados ante el Congreso, el Estado argentino destinó más de 5.700 millones de pesos a vuelos al exterior desde enero de 2024 —cifra que no incluye las últimas giras—. Estados Unidos concentró diecisiete visitas, algunas de peso institucional real, como los discursos ante la Asamblea General de la ONU o el Foro de Davos, y otras de carácter partidario o personal, como foros ideológicos, presentaciones de libros y recepción de premios. Mientras tanto, la vicepresidenta Victoria Villarruel construyó una agenda territorial inversa: recorrió distritos que el Presidente ignora y se mostró con gobernadores peronistas a los que Milei no recibe, generando una presencia en el interior que el Ejecutivo no sostuvo. Desde la Casa Rosada se justifica el perfil internacional como inversión en imagen país y apertura de mercados. La pregunta que el oficialismo no responde es más simple, y para los riojanos resulta directa: ¿cuándo llega el Presidente a una provincia que, salvo en períodos de campaña, parece quedar fuera del itinerario nacional? La no visita de Milei a La Rioja no debería leerse de manera aislada. Es la cara visible de un vínculo que se dirime en lo material mucho más que en lo simbólico: la provincia atraviesa un escenario de fuerte dependencia de la coparticipación y de las transferencias nacionales en un contexto de retracción en términos reales, y su gobernador encabeza, desde la oposición, una construcción que disputa al mileísmo la representación del federalismo. En ese marco, la ausencia física del Presidente funciona como un indicador político: confirma que La Rioja no es, para la Casa Rosada, un interlocutor a cultivar, sino un adversario a contener. De cara a 2027, el dato adquiere un valor adicional, porque señala dónde se concentrará la tensión entre el proyecto nacional y los liderazgos provinciales que aspiran a discutirle el poder. Compartir Compartir en WhatsApp (Se abre en una ventana nueva) WhatsApp Comparte en Facebook (Se abre en una ventana nueva) Facebook Compartir en X (Se abre en una ventana nueva) X Imprimir (Se abre en una ventana nueva) Imprimir Relacionado Navegación de entradas La reforma electoral como arma: cómo el Gobierno negocia con gobernadores mientras aísla a Quintela