A casi cuatro décadas de mis primeros pasos frente al micrófono, recorro un camino que empezó en el barrio Molino de Oro de La Falda y maduró en las tierras riojanas. Una profesión elegida con el corazón, sin títulos académicos, pero con las lecciones más valiosas de la universidad de la calle.

El almanaque marca otra vez el Día del Periodista, y la fecha se vuelve inevitablemente un espejo donde mirarse. No para buscar el bronce, sino para repasar las huellas. En mi caso, son casi 40 años caminando esta profesión. Casi cuatro décadas largas de una pasión que, si pongo todo en la balanza, me terminó regalando muchísimas más alegrías que sinsabores. Una cuenta que, en este oficio, ya es un montón.

Todo empezó a moldearse bien lejos de donde hoy escribo, allá en mi Córdoba natal, en el barrio Molino de Oro de La Falda. Las ganas de hablar, de contar lo que pasaba, de meterme en la vida de la gente a través del aire, nacieron ahí. Radio Punilla fue ese primer amor, el lugar donde aprendí a respetar un micrófono y a entender el peso de la palabra. Después, los rumbos de la vida me llevaron a Tucumán a principios de la década del 90, donde sumé kilómetros y oficio trabajando en las mañanas y las tardes de LV12 Radio Independencia.

«La vida me dio las lecciones que los libros no pudieron financiar».

Hay una realidad que nunca escondí y que hoy, con el diario del lunes, la llevo como una medalla de resiliencia: no tuve la oportunidad de estudiar periodismo por razones estrictamente económicas. En su momento dolió, claro. Pero la calle, el vecino, el dato riguroso, el acierto y también el error metiendo la pata al aire, se convirtieron en mis mejores profesores. La vida me dio las lecciones que los libros no pudieron financiar.

El desembarco en La Rioja y el compromiso de seguir

El gran quiebre llegó en 1997. Pisé el suelo de La Rioja con lo puesto y un bolso literalmente lleno de sueños. No conocía a casi nadie, pero traía el empuje de los veintitantos años y la convicción de que este era mi lugar en el mundo. Ese mismo año asumí una de las responsabilidades más grandes de mi carrera: convertirme en el corresponsal en La Rioja de Radio Cadena 3, un puente que tendimos entre la provincia y el país que todavía sigue firme.

Con el tiempo, esta bendita tierra riojana se me metió bajo la piel. Pasé por distintas redacciones, caminé los barrios y encontré mi hogar en el aire de Radio Fénix, donde cada día renovamos el contrato de confianza con los oyentes.

Hoy nos toca hacer periodismo en tiempos complicados. La crisis golpea, las redes confunden y el oficio se precariza. Pero, entre noscrónicos, ¿cuándo fue fácil hacer periodismo en la Argentina? Siempre fue complicado. Lo importante es que, a pesar del contexto y de los años que ya peino, me levanto todas las mañanas con las mismas ganas del primer día en Punilla.

Haber logrado vivir de mi pasión es el premio más grande. Gracias a los que escuchan, a los que leen y a los que todavía creen en el valor de una noticia bien contada. ¡Feliz día del periodista!

Por Eduardo Nelson German

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Periodismo + Opinión

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