De acuerdo con datos de la consultora LCG, el financiamiento a través de tarjetas y préstamos personales sufrió una contracción del 1,2% mensual real. Nadie quiere el pago mínimo por la mora creciente y los límites bajos. Las operaciones en dólares también se hundieron.

El financiamiento destinado al consumo de las familias argentinas sigue sin encontrar un piso, reflejando de manera directa las dificultades para lograr una reactivación genuina de la economía de calle. Según un informe de la consultora LCG, elaborado sobre la base de estadísticas del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el crédito en pesos al consumo volvió a contraerse un 1,2% mensual real durante mayo.

La medición —que contempla la suma de los préstamos personales y el stock operado mediante tarjetas de crédito, ajustado por una proyección de inflación del 2,2% para el período— encendió las luces de alarma en el sector comercial al consolidar una racha marcadamente negativa: el financiamiento al consumo ya arrastra siete meses consecutivos de caída en términos reales.

El retroceso no es un fenómeno aislado de la coyuntura mensual. Al evaluar el comportamiento del mercado de crédito a mediano plazo, el reporte arroja que la financiación al consumo registró una caída del 1,1% real interanual en comparación con el mismo mes del año pasado. Los analistas de LCG advierten que se trata de un hito contractivo de relevancia, dado que el indicador no mostraba un signo negativo en la comparación interanual desde agosto de 2024.

Nadie quiere el pago mínimo: la tarjeta en el freezer

Dentro del abanico de opciones de financiamiento, el comportamiento con los plásticos refleja el cambio cultural y la cautela de los usuarios en el escenario actual. El financiamiento con tarjetas de crédito cayó un 1,7% real en mayo, encadenando su quinto mes consecutivo de baja real.

Frente a este panorama, se consolida una tendencia clara: los argentinos prefieren pagar el total del resumen y evitar a toda costa el «tarjeteo» o el financiamiento en cuotas con interés. Esta conducta responde a un combo de tres factores que congeló las decisiones de los consumidores:

  • Mora creciente: El temor a quedar atrapado en una bola de nieve indomable hace que las familias prefieran liquidar la deuda total antes que afrontar los altísimos costos financieros del pago mínimo.
  • Límites excesivamente bajos: Los techos de compra otorgados por las entidades bancarias quedaron sumamente desactualizados frente a la inflación acumulada, lo que provoca que los plásticos se «saturen» rápidamente con las compras de primera necesidad.
  • Menos incentivos para endeudarse: La escasez de promociones agresivas y la falta de cuotas sin interés licuaron el atractivo de los planes tradicionales de financiamiento.

«En mayo, el crédito en pesos al consumo volvió a contraerse y lleva 7 meses consecutivos de baja. En términos interanuales, cayó 1,1% real, algo que no ocurría desde agosto de 2024», detalla el balance de situación de la consultora LCG.

Tampoco rinden las cuentas en moneda extranjera

La desatención del crédito no fue exclusiva de las operaciones en moneda nacional. El informe de LCG detectó que el desarme de posiciones y la cautela también se trasladaron a las tarjetas bimonetarias. Durante mayo, las financiaciones vinculadas a consumos en dólares anotaron un marcado retroceso del 5,6%.

Esta caída en el segmento dolarizado se explica, en parte, por una menor cantidad de viajes al exterior y un estricto control de los gastos en plataformas de streaming o servicios del exterior, cuyos resúmenes golpean con fuerza los presupuestos familiares cuando se transforman a la cotización oficial más los recargos impositivos.

Para los comercios y las pequeñas y medianas empresas, la parálisis generalizada del financiamiento se traduce de forma inmediata en mostradores vacíos. Sin el auxilio del crédito tradicional y con un consumidor que prefiere priorizar el desendeudamiento antes que la compra en cuotas, el consumo masivo pierde su principal motor, postergando las expectativas de un rebote económico de cara al segundo semestre del año.

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Por Eduardo Nelson German

Periodismo + Opinión

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