Hay un lugar en los Llanos donde resulta posible caminar unos metros y cambiar de provincia. El Cadillo, en el extremo sur riojano, se encuentra en el punto donde confluyen La Rioja, Córdoba y San Luis, una particularidad geográfica que también determina la vida cotidiana de sus habitantes.
El paraje fue recorrido por el canal turístico Enamorate de la Ruta, que registró el ingreso desde la Ruta Nacional 79 y mostró el hito que simboliza la unión de las tres jurisdicciones.
Administrativamente, el asentamiento se reparte entre General San Martín, en La Rioja; Ayacucho, en San Luis; y San Alberto, en Córdoba. Pero la división política prácticamente desaparece en la dinámica diaria.
La particularidad se refleja en los servicios. La escuela pertenece a La Rioja, mientras el centro sanitario corresponde a San Luis. El recorrido también muestra instituciones y espacios comunitarios distribuidos entre las tres provincias.
El paraje reúne a unas pocas decenas de familias, considerando también la población rural de los alrededores. Una de sus referencias históricas es el hito tripartito que simboliza el límite interprovincial desde fines del siglo XIX.
Una identidad por encima de los límites
Una frase popular resume la singularidad del lugar: allí las gallinas pueden comer en La Rioja, dormir en Córdoba y poner los huevos en San Luis.
Más allá de la anécdota, El Cadillo muestra cómo funcionan las comunidades ubicadas sobre fronteras administrativas. Los vecinos comparten escuela, atención sanitaria, celebraciones religiosas, actividades gauchas y relaciones familiares independientemente de la provincia indicada en sus documentos.
Para La Rioja representa además uno de esos pequeños pueblos de los Llanos cuya historia permanece prácticamente desconocida fuera de la región: una comunidad repartida formalmente entre tres provincias, pero que se reconoce como un solo pueblo.



