Un archivo audiovisual revela cómo vecinos y jóvenes increparon al actual funcionario fueguino en la sede de Fundalola por retener medicamentos vencidos, descartar comida y quemar donaciones para hacer asados, en el marco de denuncias por becas retenidas y precarización.
USHUAIA.- Con delantales de cocina, libros de cuentos infantiles y discursos centrados en los derechos de las infancias, la Municipalidad de Ushuaia difundió recientemente las actividades del programa “Hábito Lector: Cocineritos, Cuentos y Relatos”. Al frente del evento se ubicó con soltura el subsecretario de Promoción Educativa local, José Luis Paredes. Sin embargo, la estampa de mentor pedagógico que hoy proyecta el Ejecutivo municipal colisiona de lleno con los antecedentes que el funcionario dejó sepultados a miles de kilómetros: en la provincia de La Rioja, donde su nombre quedó marcado por el desvío de recursos sociales, denuncias gremiales y un violento repudio comunitario.

La noche en que se cayó el tinglado
Octubre de 2012 marcó el principio del fin para la Fundación Lola Mora (Fundalola), entidad presidida por Paredes. Un registro periodístico y vecinal transmitido en vivo documentó el momento exacto en que madres de familia y jóvenes beneficiarios acorralaron al entonces titular institucional frente a la sede de la organización.
La tensión escaló de inmediato con reproches directos de la comunidad:
- Medicamentos retenidos y vencidos: En el video, Paredes fue cuestionado por acopiar cajas de remedios y pañales en lugar de entregarlos. Frente a las acusaciones, el dirigente intentó defenderse argumentando que correspondían a un consultorio médico que había dejado de atender y que «estaban vencidos», provocando la indignación de los vecinos que reclamaban por qué no se devolvieron a tiempo a las autoridades sanitarias.
- Ropa donada para leña de asados: Uno de los puntos más graves denunciados por testigos en el lugar fue la incineración deliberada de prendas de vestir enviadas para asistencia comunitaria. Lejos de desmentir el fuego, Paredes admitió haber quemado ropa justificando que «estaba húmeda y fea», mientras los presentes señalaban que la habían utilizado como combustible para prender fuego.
- Panadería social paralizada y mercadería desperdiciada: Pese a contar con bolsas de harina y maquinarias para abastecer a comedores, el proyecto llevaba meses inactivo y se denunció el descarte sistemático de productos panificados vencidos que nunca llegaron a las familias vulnerables.
En medio de los reclamos, el dirigente anunció que se tomaba una licencia por «estar cansado» tras seis años de gestión y que dejaría la institución en manos de una nueva comisión, maniobra que los damnificados leyeron como un intento de escape administrativo frente al vendaval judicial.
Convenios VIP, becas cobradas y reclamo laboral
La caída en desgracia de Fundalola no fue un hecho aislado ni de escala barrial. Pocos meses antes del escándalo en la sede, Paredes se mostraba en fotos protocolares junto al gobernador riojano Luis Beder Herrera y figuras públicas nacionales como Gastón Pauls y Víctor Heredia, presentándose como el nexo para programas de contención social y desarrollo de medios.
Atrás del desfile mediático, estalló el frente gremial:
- Denuncias ante la Secretaría de Trabajo: Decenas de jóvenes que fueron contratados bajo la promesa de capacitación y empleo formal acudieron a las autoridades laborales para exigir sueldos impagos y denunciar condiciones leoninas.
- El cobro de becas: Los testimonios en la puerta de la fundación apuntaban directamente a que los fondos y subsidios estatales eran gestionados por la cúpula directiva mientras los capacitadores cobraban sumas ínfimas o directamente trabajaban gratis.
- El desmarque: Cuando el conflicto saltó a las tapas de los diarios locales bajo el título de «un ataque a la ilusión», los organizadores intentaron despegar públicamente a los artistas famosos, asumiendo la exclusiva administración técnica y económica que hoy vuelve a quedar expuesta.
Reinventarse en el fin del mundo
Catorce años después de haber abandonado La Rioja envuelto en causas laborales y protestas por la falta de transparencia con insumos básicos, José Luis Paredes reaparece en la Patagonia austral como responsable de programas infantiles y formativos de la Municipalidad de Ushuaia.
La contradicción ética y política resulta inevitable: el mismo dirigente que debía explicar frente a los micrófonos por qué se arruinaba la harina y se vencían los remedios de la comunidad es quien hoy conduce la agenda educativa y recreativa de los niños en la capital fueguina.
Fuente
LA MUNICIPALIDAD DE USHUAIA LLEVÓ ADELANTE LA PRESENTACIÓN DEL LIBRO “CUENTOS CON SABORES DEL FIN DEL MUNDO”
Archivo
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