El exgobernador y actual diputado nacional selló su acercamiento a Fernando Rejal, Ariel Puy Soria y Santiago Azulay tras distanciarse de la conducción de la Casa de las Tejas. Recuerda que le entregó la caja provincial al actual mandatario en desmedro del Grupo Talampaya y cuestiona el cerco familiar en el poder.
La interna del justicialismo riojano sumó un jugador de peso pesado que termina de desbalancear de manera irreversible la correlación de fuerzas dentro del oficialismo. El exgobernador y actual diputado nacional Sergio Casas selló su incorporación formal a la alianza que lidera el peronismo de Chilecito, distanciándose de la conducción política de Ricardo Quintela y acoplándose al bloque territorial que integran el senador Fernando Rejal, el ministro Ariel Puy Soria y el secretario de Ambiente Santiago Azulay.
En la intimidad de las tertulias políticas, el exmandatario oriundo de San Blas de los Sauces no oculta su profundo descontento con el rumbo que adoptó la administración provincial en los últimos meses. Asegura a sus interlocutores más cercanos que Quintela «no cumplió su palabra» y que traicionó los acuerdos institucionales y partidarios que posibilitaron su llegada al poder en 2019.
La memoria de 2019: la entrega de la caja y el freno a Florencia López
El reclamo de Casas tiene raíces históricas muy precisas que hoy se ventilan en los pasillos partidarios. En 2019, tras el bloqueo judicial a su intento de reelección, Sergio Casas y Ariel Puy Soria fueron los dos únicos dirigentes que tomaron la decisión de poner a disposición de Quintela la totalidad de los recursos económicos y la estructura del Estado provincial para ungirlo como el candidato oficial del peronismo.
Aquella jugada se ejecutó en desmedro del resto de la dirigencia justicialista, en particular de los intendentes del interior que integraban el recordado «Grupo Talampaya». Ese espacio, liderado por la entonces jefa comunal de Arauco, Florencia López, reclamaba una renovación generacional y amenazaba con disputar el poder provincial. Casas y Puy Soria clausuraron esa alternativa, alinearon los fondos públicos detrás del actual gobernador y le allanaron el camino hacia la Casa de las Tejas.
Siete años después de aquel acuerdo de hierro, Casas siente que el gobernador pagó con ingratitud el esfuerzo de quienes construyeron su desembarco en el Ejecutivo, dejando afuera a los artífices de su consagración para gobernar con una mesa chica cada vez más hermética.
El cerco familiar en la Casa de las Tejas y las promesas rotas
El malestar de Casas creció al compás de la concentración de decisiones en el entorno doméstico del gobernador. El exmandatario cuestiona que Quintela se haya recluido en un esquema de parientes directos que coparon ministerios y empresas estatales, desplazando a la dirigencia tradicional que sostuvo la gobernabilidad en los momentos más complejos.
Esa irritación terminó de estallar tras el intento del círculo íntimo de Quintela de forzar la renuncia de Ariel Puy Soria al Ministerio de Vivienda luego de las denuncias formuladas por su hijo Facundo. Para Casas, el intento de eyectar al funcionario representó una muestra flagrante de deslealtad hacia el hombre que, junto a él, sostuvo la candidatura de Quintela cuando gran parte del peronismo buscaba cerrarle el paso.
El sauceño no perdona el destrato a los acuerdos de palabra y considera que el oficialismo provincial perdió el rumbo doctrinario al descuidar la relación con los caudillos departamentales y las intendencias del interior.
El frente del interior acorrala a Quintela de cara a la sucesión
El desembarco de Casas junto al «Clan de Chilecito» consolida un polo de poder de enorme gravitación política e institucional. La sociedad aglutina ahora a un exmandatario con banca en el Congreso nacional, al senador Rejal —quien ya formalizó su precandidatura a gobernador reclamando que el oeste encabece la fórmula de 2027—, al ministro Puy Soria y a intendentes que vienen exigiendo el adelantamiento de las elecciones provinciales a mayo.
Este bloque mayoritario bloquea en los hechos el plan de Quintela de imponer a dedo una fórmula puramente capitalina integrada por Gabriela Pedrali y Teresita Madera. En el interior no están dispuestos a tolerar que la dirigencia centralista monopolice la boleta provincial y advierten que cuentan con el volumen territorial suficiente para hacer valer sus condiciones en la definición de las listas.
El aislamiento político de la Casa de las Tejas comienza a ser un hecho inocultable. Al perder la contención de Sergio Casas y enfrentar la ofensiva coordinada del oeste, Quintela queda condicionado por los mismos dirigentes que le dieron el poder, en momentos en que la asfixia financiera y el ascenso libertario dejan al oficialismo sin margen para un error de cálculo.




